Un cuento para el domingo
Ana Sofi nació entre pañales de seda y vestidos de bordado español, una cuna de sábanas de suaves y un cuarto diseñado estratégicamente con luces tenues y figuras de animales realizado por una pintora renombrada.
Cuando la niña lloraba inmediatamente Maria corría al cuarto para atender inmediatamente el llanto del bebé. Cámaras en el cuarto para monitorear el buen trato de la servidumbre.
En otro hogar Juanita López había nacido entre comadronas y una gran caja de cartón que su madre esmeradamente había rellenado con cobijas viejas pero bien lavadas y forrada con un mantel.
Se levantaba al alba, llenaba los biberones con un saca leche, le cantaba una breve canción y la acostaba junto a su abuela para salir quince para las cinco y caminar seis cuadras antes de que pasará el primer camión que la llevaría a la parada de la combi; de ahí si era afortunada conseguía un lugar y podía darse el lujo de dormitar una hora más para llegar a la gran casa.
Siete en punto y a ponerse el uniforme porque a la señora le gustaba ver a sus trabajadores perfectamente limpios y uniformados. Preparar la papilla, cambiar a la niña de pañal y sentarla en su periquera para darle su primer bocado.
La señora de la casa bajaba entonces por su café y su fruta picada, cargaba a su pequeña y diez minutos después la dejaba en manos de Juanita para ponerse su outfit del Gym y salir a sus ejercicios matutinos.
Juanita hacia los propios pero con otro tipo de aparatos, una escoba y un trapeador, corría para lavar cochera, patios y traer el aparato de monitoreo mientras la bebé dormía. Posteriormente le quitaba la tierra al carro del señor y después nuevamente a ingresar a la casa. Una llamada a su madre: mamá ¿cómo está la niña? La abuela le daba el reporte de media mañana y se quedaba más tranquila.

Luego sonaba el aparato y corría al cuarto para atender a la niña.
La tomaba en brazos y le cantaba las mismas canciones que a su hija. Luego iban al salón de juegos, un lugar lleno de pelotitas y muñecos colgando del techo. Una música relajante especial para bebes.
Ahí se entretenía y mientras, Lupita corría para hacer la comida, camarones y una crema de langostinos. Llegaba la hora de comer y atendía a los patrones, lavaba los platos, una media docena de camisas de planchar, otro tanto que lavar y de regreso a su hogar.
Por el camino pasar a comprar una orden de frijoles, medio kilo de tortillas para dos días y unos cuantos jitomates para hacer una salsa. Nuevamente esperar el camión , agarrar bien la bolsa pues en una de esas dormidas ya le habían robado su monedero.
Ponía su alarma calculando el tiempo para la bajada, luego abordar su segundo transporte y otra siestecita para recobrar pila y llegar a la segunda faena del día, abría la puerta y esa sonrisa de su niña le quitaba todo el cansancio de una larga jornada.
Dos mundos paralelos .
MAYRA EVANGELINA DÍAZ LARA / Cuéntame un Cuento, Mayra / San Luis Potosí, S.L.P. / Marzo 8 de 2026.

