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El ausente

Olía a campo, a estiércol y a tierra mojada; la humedad penetraba. Llovía un poco y los olores dulzones provenían de los naranjales o quizá de los mangos que acababan de cortar y yacían amontonados a la entrada del rancho. A lo lejos se escuchaba el sonido de las ranas, como un coro adormecedor en un mediodía somnoliento.

Los árboles se mecían acompasados y Josefa se arrullaba en su hamaca con un suave vaivén. Lo vio acercarse y supo que estaba muerto.

Breves palabras para una despedida:

—Josefa, ya es tiempo.

Y lo observó desvanecerse tal como llegó.

Quizá fue la impresión o quizá el letargo que produce el calor, y sucumbió al sueño por un par de horas.

Unas gotas fuertes y tupidas la despertaron abruptamente y bajó de la hamaca.

—Preparen todo, pongan hartas ollas de café con piloncillo —ordenó a las hijas.

A los hijos, las instrucciones fueron precisas:

—Pongan la mesa grande y el mantel largo; saquen las sillas, que la noche será larga.

Nadie entendía nada, pero todos obedecían, porque cuando Josefa daba una orden, ni el mismísimo cura se atrevía a contradecirla.

Cuando Román, el hijo mayor, llegó, enseguida lo regresó al pueblo:

—Ve por el cura, dile que hoy a las once lo quiero aquí.

Se metió a su cuarto, descolgó su único vestido negro y su rebozo; se cambió con calma y enseguida fue a la vitrina. Sacó las doce veladoras y las acomodó en la mesa.

Luego caminó al establo y le pidió a los hermanos Jacinto que sacaran el ataúd que su marido había construido. Se miraban incrédulos, pero obedecieron inmediatamente.

Sonó la campana y todos acudieron al comedor.

—Ramiro está muerto, no tardarán en venir a avisar —dijo.

Se sentaron alrededor de la mesa y, poco a poco, la gente del rancho fue llegando. Era un sepelio singular, pues estaban todos ya, menos el difunto.

En punto de las once de la noche entró el señor cura y, detrás de él, una camioneta del lechero del pueblo, quien bajó cargando el cadáver.

—Lo encontré tirado a la orilla del río; creo que lo mordió una víbora.

Así fue como dio inicio el solemne ritual de velación de Ramiro Hernández…

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D.R.

MAYRA EVANGELINA DÍAZ LARA / Cuéntame un Cuento Mayra / San Luis Potosí, S.L.P. / Marzo 29 de 2026.

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