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Un silencio que transforma

No estamos preparados para el silencio que cae sobre una casa cuando llega un hijo que vivirá con la condición de hipoacusia o sordera. No es el silencio físico, sino ese otro, el de las palabras no dichas, las preguntas sin respuestas, el miedo que se instala sin pedir permiso. La armonía familiar antes cotidiana, comienza a resquebrajarse con la angustia de no saber cómo actuar, de no entender, de sentirse impotente. Pero en medio de ese dolor, nace también la posibilidad de transformación profunda. Una nueva manera de comunicarse, de amarse y de reconstruirse como familia comienza a gestarse desde ese instante en que el diagnóstico irrumpe la calma.

Esta columna nace para contar ese viaje del desconcierto al entendimiento, del temor al vínculo, del silencio a la conexión.

Hay familias que planean todo para traer un hijo al mundo y hay otras que les sorprende la llegada del nuevo integrante. Sin embargo, en ambos casos cuando llega con sordera la actitud y la emoción puede ser la misma; desconcierto, angustia, temor… nadie sabe qué hacer y sí ambos padres están, ambos dudan en tomar alguna decisión, si en la familia no hay antecedentes de sordera la vida se complica aún más, no hay opciones cercanas que nos de visión para enfrentar el reto. Bueno todo esto es bien sabido.

Hoy quiero exponer todo lo positivo que nos trae la sordera sin darnos cuenta. Pero primero hagamos un recuento de los daños; te preparas con esmero para recibir a tu hijo. El diagnóstico te derrumba, las expectativas como padres ruedan por los suelos. La ilusión por tocar violín o piano se acaba al instante, te preocupas pensando erróneamente como la mayoría de las personas que sordo es sinónimo de sordo-mudo, la salud mental se tambalea y por lo tanto el entorno lo reciente. La relación de pareja pasa por la prueba más dura y queda pendiendo de un hilo que finalmente se rompe. Y ¿entonces  qué? sólo quedan pedazos de la vida planeada que no dejan ver un camino claro ni esperanzador.

Lo que pasa es que la falta de creatividad en nuestras vidas nos impide ver que la forma de enfrentar un obstáculo; no problema, puede ser de muchas formas. Nuestra mente se paraliza, se vuelve reactiva y sólo vemos el peor de los panoramas. Pero el camino comienza, averiguando, preguntando, buscando una, dos  y hasta tres opiniones profesionales, vas tejiendo redes de apoyo y comienzas a descubrir que venciste el primer obstáculo, obtienes el diagnóstico, continuas y brincas el segundo; le adaptas el primer auxiliar, la vida te empuja y tomas la más relevante decisión: eliges el método de rehabilitación y descubres que sordo no es sinónimo de sordo – mudo. Podrá hablar con su propia voz y sí, no será fácil. Ya vas caminando y haciendo malabares con la vida descubres que eres más fuerte de lo esperado, que te unes cuando lo amerita las circunstancias y entre padres las cosas funcionan a pesar de la separación. Entiendes que la resiliencia es parte del día a día, es decir vives enfrentando lo que se presente, un día a la vez, pero con la disciplina de no detenerte a pensar si, hoy no quieres hacer terapia con tu hijo.

Pasan los años, ya no piensas en seguir construyendo la vida de tu hijo, le cedes las decisiones y regresas a los miedos pensando ¿Podrá? ¿Será capaz? ¿Y sí se cae? miedos que son difíciles de callar y se vuelven un peligro que atenta contra la seguridad que tanto esfuerzo y perseverancia ha costado a nuestro hijo integrar a su vida.

Te detienes, te esfuerzas para callar porque las decisiones ya son suyas; y descubres que el amor es el mayor regalo que los padres pueden dar a sus hijos, no como una coraza que los protege de cada caída, sino como una brújula  interna que los guía cuando tropiezan, es esa fuerza invisible que les permite enfrentar los desafíos de la vida sin temor al fracaso, sabiendo que su valor no se mide por sus logros sino por la certeza de que pase lo que pase, siempre serán profundamente amados y estaremos para ayudarles a levantarse. Siempre y cuando estén dispuestos a buscar nuevas formas para solucionar el obstáculo uniendo apoyos. Creo que la reflexión final es: La sordera es una condición que trajo transformación a nuestras vidas, porque desde el padre, madre, hermanos, abuelos y demás personas cercanas tendrán su propia transformación a partir de nuestro maestro sordo que nos viene a mostrar que todo lo que nos impide avanzar es un pretexto. La vida nos podrá el escenario, cada quien decide si representará un drama, una tragicomedia o una novela de varios capítulos que se escribe con emoción, entusiasmo, disciplina y amor. Al final quiero cerrar diciendo que lo más relevante es creer que el poder superior nos acompaña. “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?”

 

ROCÍO ALONSO MÉNDEZ / Reflexionando sobre discapacidad auditiva / Mérida Yucatán / 7 de Julio de 2025

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