La educación inclusiva es un derecho fundamental que abre puertas al conocimiento y al desarrollo personal. Sin embargo, los niños sordos aún enfrentan múltiples desafíos en el ámbito escolar, especialmente al realizar sus tareas. La falta de materiales accesibles, la comunicación limitada y la falta de compromiso de algunos docentes puede dificultar el aprendizaje. En esta columna, exploraremos estrategias que permiten derribar estas barreras, asegurando que todos los niños, sin importar su capacidad auditiva, tengan igualdad de oportunidades para aprender y crecer académicamente.
En otras ocasiones he escrito acerca de la importancia de mantener un contacto cercano con las escuelas de nuestros hijos, este contacto debería ser alimentado en cualquier momento pero primordialmente al inicio del curso escolar para acordar cuáles serán los criterios que regirán el contacto; es decir se llamará cada semana a la maestra o se irá a verla, se establecerá horario y el contenido de lo que se requiere actualizar, conocer o reacordar, etc.
Es fundamental como madre ser sensible, prudente y solicitar la participación de las autoridades y diversos maestros involucrados de manera educada, sin presiones que produzcan tensión en la vida cotidiana; la justificación de lo solicitado, respaldada por la terapeuta o los médicos especialistas, debe acompañar cada requerimiento. De este modo, se invita a los maestros a participar con mayor compromiso y entusiasmo, ya que al saber que sus acciones están siendo respaldadas y seguidas por profesionales externos, estarán más motivados a prestar atención y colaborar activamente.
La comunicación puede ser directamente entre terapeuta y maestros. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones la madre es el puente que cierra esa comunicación oportuna y eficaz.
Entremos en materia. Las tareas escolares en muchas ocasiones son extensas y repetitivas. Los padres nos podemos frustrar y perder el objetivo claro que se persigue con su realización. Me permito hacer mis propias observaciones basadas en mi experiencia como madre de un joven sordo y puericultista (maestra de primera infancia).
Lo fundamental de las tareas escolares debería ser reforzar lo aprendido, investigar, corroborar o descartar hipótesis, aplicar los conocimientos adquiridos y practicar habilidades. Además, no deben dejarse de lado valores como la responsabilidad, el trabajo en equipo y muchos otros aspectos importantes para la formación integral del estudiante. La verdad es que las tareas quedan muy lejos de todo esto y terminan siendo un objetivo a terminar sin reflexionar en su construcción. Es fundamental que como madre de un niño sordo tomemos estas tareas como herramienta para trabajar contenidos precisos de la terapia (pronunciación, reconocimiento de una consonante específica, palabras nuevas, campo semántico relacionado con el tema que está aprendiendo, etc)
¿Cómo identificar a qué tarea dedicarle mayor tiempo o atención? Las indicaciones de nuestra terapeuta pueden irnos dando “luz” para localizar lo importante del trabajo en casa.
En caso de encontrar la constante tarea de planas o copias interminables de lecciones o historia, no pierdan el tiempo. Las copias son tareas extenuantes, no llevan a una reflexión por lo cual en mi caso. Le expliqué a mi hijo que siempre debía cumplir, pero trabajaba con él en la pronunciación, asimilando palabras nuevas, reformulando oraciones con las palabras que mostraba la plana etc.
Finalmente yo le ayudaba a hacer las planas. Siempre recalqué la importancia del respeto, no desvaloricé al maestro haciendo comentarios desfavorables de él frente a mi hijo, tampoco puse en tela de juicio su autoridad.
Por otro lado, cuando eran demasiadas operaciones matemáticas, trabajaba a profundidad con la comprensión de las operaciones para entender el proceso de manera tangible y cumplir con la tarea completa que le habían solicitado.
Recordemos que los procesos no se interiorizan de inmediato; requieren práctica constante; incorporarlos en la vida cotidiana facilita su comprensión, convirtiéndolos en parte del día a día, actividades como dividir 10 manzanas entre 8 niños, comprar en la tienda y calcular el cambio o utilizar los números en diversas situaciones, permiten aplicar lo aprendido de manera práctica y significativa, dando sentido a su uso.
En cuanto a temas como canciones, cuentos o historia en grados más avanzados se pueden resaltar las ideas principales, también hacer una línea del tiempo que organice la secuencia de lo acontecido. Muy importante será organizar las fechas y los hechos en los casos referentes a la historia. Sin embargo, será imperativo cuidar la lectura por placer de la evaluación a través de preguntas constantes y cuestionamientos sobre qué enseña cada lectura, se debe respetar la propia interpretación aunque no sea la misma que la nuestra.
Las madres de niños con discapacidad nos sentimos agobiadas por la condición de nuestro hijo, eso nos mueve a querer resolver las cosas, hacerlas más fáciles y evitarles la vida complicada. Este tema es incómodo y puede resonar un tanto cruel; sólo pensemos ¿Qué hará cuando no estemos o cuando vaya creciendo? ¿Les acompañaremos en los trabajos de equipo? Pensemos que el esfuerzo y cumplir con todas las tareas les abrirá la posibilidad de encajar en la vida sin nosotras. Es mucho más provechoso que se ocupe en tareas escolares que en juegos en diferentes plataformas, vidas imaginarias en juegos virtuales o viendo redes y series con temas absurdos que destruyen la infancia y familia.
Cierro con una anécdota. Una madre decide llevar a su hijo a clases de karate. El primer día observa a dos pequeños en un combate, pero con un golpe uno le rompe el labio al otro niño. Es evidente que el pequeño hijo de la madre en cuestión se atemoriza y la abraza, ella reacciona. Les pido que piensen ¿Qué harían? antes de continuar leyendo.
Creo que habrán pensado: “me retiro y lo inscribo en otro deporte” o “acudo al maestro y le pregunto ¿cómo y cuándo comienzan los combates?” o bien”le digo a mi hijo no te preocupes, seguro tú serás más listo para evadir el golpe”. Habrá muchas respuestas. Sin embargo, dudo que se atrevan a pedir lo que ella solicitó
Su solicitud fue:”Maestro en los combates por favor póngale un niño más pequeño a mi hijo”. Puede hacerte sonreír siempre y cuando no sea tu hijo, el que evidentemente está en desventaja.
Seamos congruentes motivemos a nuestro hijo con discapacidad auditiva a cumplir con las tareas, tomar riesgos, insistir en lograr metas, a decir “¿Cómo lo hago? “Muéstrame” “¡Vamos! sí se puede” y que cumpla con todas las tareas. Nuestra actitud le dará impulso o le hará rendirse antes de empezar.
ROCÍO ALONSO MÉNDEZ / Reflexionando sobre discapacidad auditiva / Mérida Yucatán / 7 de Abril de 2024

