En el universo de la comunicación humana, el lenguaje no solo transmite ideas, sino también matices, emociones e interpretaciones culturales. Sin embargo, para muchas personas sordas el lenguaje puede experimentarse de maneras distintas más literal, más concreto más “en blanco y negro”.
Hoy dedicaré esta columna al aspecto literal que representan las palabras para las personas sordas, cómo puede influir negativamente en la comprensión; llevando a la confusión el uso de frases con doble sentido en las conversaciones, la afectación emocional que experimentan al quedar fuera de las bromas, etc.
El artículo que nos ocupa se refiere específicamente a las personas con hipoacusia, que hablan con su propia voz. No porque no sea una situación que no vivan las personas que hablan con sus manos, con método signado, sino porque desconozco el lenguaje signado y no puedo aseverar cómo es la traducción de modismos, sarcasmos, bromas, etc.
Es importante comprender que el lenguaje inicia su desarrollo desde el vientre materno y se completa aproximadamente a los cinco años de edad; por tal motivo los niños con sordera deben comenzar su rehabilitación lo antes posible, como siempre he comentado, se inicia con la adaptación del adecuado auxiliar auditivo (curvetas, audífonos) o en la mejor de las oportunidades ser usuario de un implante coclear (dispositivo que requiere ser insertado a través de una cirugía en la cabeza) para una pérdida profunda.
Es fundamental entender que el acompañamiento de la familia y la constancia en la terapia darán sus frutos. Con el tiempo y el esfuerzo conjunto de un equipo multidisciplinario, sumado a la actitud del niño, es muy probable que este logre desarrollar el lenguaje y comunicación como cualquier otra persona.
Sin embargo, esto no significa que el proceso esté libre de desafíos. La adquisición del vocabulario, la comprensión y el uso adecuado de cada palabra pueden presentar dificultades. Especialmente cuando las palabras se combinan con tonos particulares, gestos, señas o juegos de palabras su interpretación se vuelve más compleja. Es precisamente allí donde comienza el intrincado, pero enriquecedor camino del desarrollo del lenguaje.
Estas barreras lingüísticas son más evidentes cuando los niños comienzan la pubertad y en las escuelas se da el uso frecuente de modismos, apodos de acuerdo a los contextos que rigen las tendencias y medios digitales en los cuales la velocidad de evolución de las palabras es muy rápida.
Por ejemplo “eres un crack” lo cual se refiere a la droga (piedra de cocaína) o bien al sobrenombre que se le puede dar a alguien que destaca en su carrera; también existe el uso indiscriminado de palabras que las últimas generaciones imponen para marcar tendencia, llevando a conectar de una manera particular que deja fuera de la conversación a quien no las comprende y así aparecen palabras como “Bromance” (afecto fuerte entre amigos) “cancelar” (pérdida de influencia cómo consecuencia de comportamiento controvertido), “challenge” (reto o desafío viral) y muchísimas más.
Esta barrera del lenguaje es posible vencerla a través de trabajo durante la terapia, para aplicar las palabras en los momentos adecuados.
Como padres debemos unir esfuerzos en familia, dándoles el cobijo que necesitan ya que se darán muchas situaciones donde los niños que entran a la pubertad con problemas de audición se sentirán mucho más desplazados que los jóvenes normoyentes. Transitar de la infancia a la adolescencia es un camino que conlleva matices de frustración, rebeldía y autoafirmación que muchas veces no se hacen tan visibles en los niños sordos pues su que hacer está enfocado en establecer su lenguaje y comprender su contexto por lo que son pequeños más disciplinados, respetuosos e introvertidos que buscan completar tareas, asistir a las terapias, encajar en clases extraescolares.
Debemos enfatizar que lo anterior suele darse, siempre y cuando hayan asistido a terapia, tengan el acompañamiento cercano de especialistas y la familia esté plenamente involucrada. Por otro lado, a los jóvenes les toca vivir el doble sentido en las conversaciones cotidianas, las bromas, los juegos de palabras y el sarcasmo; por lo tanto es indispensable que nosotros los padres nos ocupemos de ese lenguaje paralelo. Además, es importante estar al pendiente de los chicos en los temas que la escuela trata superficialmente y dejan entre líneas mensajes que para los chicos sordos no son evidentes.
Es así para el tema de los cuidados al inicio de la vida sexualmente activa, donde una frase expresada por un maestro cómo “Se debe tener una persona de confianza para iniciar una vida sexualmente activa” se traduce en “Es prioritario hallar a esa persona ya…”, además sí los servicios de salud pública acercan preservativos a jóvenes con sordera… es imperativo un trabajo minucioso de reflexión sobre esto.
Otro aspecto que analizar podría ser que los chicos son vulnerados al escuchar sarcasmos y confundirse cuando escuchan frases afirmativas que en realidad significan lo contrario cómo (al preparar una masa) “Claro, lo arruinaste, sigue agregando agua” y ahí dudan -”lo eché a perder y ¿debo continuar agregando agua?” Sus dudas los llevan a sentirse inseguros sobre todo si hay varios chicos y se ríen de la situación, vulnera su autoestima y le afecta al punto de limitarse a no participar, ser simples observadores y no buscar respuestas a sus dudas.
La adolescencia es complicada por el cambio hormonal y los cambios de escuela, por sí fuera poco, también debemos propiciar la independencia para que solos puedan ir resolviendo sus actividades; pero ¿Qué podemos hacer como padres ante esta situación? La respuesta es fomentar un ambiente de confianza que les diga a los chicos “pregunta, no temas preguntar, busca varias opiniones y recuerda que la palabra por sí sola puede estar lejos del verdadero significado”
Hay que hacer acopio de paciencia, tolerancia y escuchar; decirle a nuestro joven, ¿Dónde lo escuchaste? ¿Cuál es la frase completa? ¿Quién lo dijo? ¿Cómo te lo dijo? satisfacer todas las dudas que nos lleven a descubrir el contexto donde se creó ese mensaje.
Para cerrar debemos reconocer que las dudas se clavan como agujas en el corazón si cada vez que preguntan respondemos con hastío y de mal modo, haciendo sentir a nuestro joven tonto y llevándolo a retraerse.
La buena noticia es que los chicos una vez que descubren que el lenguaje no es literal, que encuentran pistas que los llevan a cuestionar el lenguaje ya no hay que seccionar las frases para explicarles, ellos se vuelven rápidos para inferir que se quiere comunicar y habrá la confianza de preguntar abiertamente cuál es el mensaje. Muchas veces les llevará a reírse de sí mismos y devolverán la broma cuando la situación lo amerite.
Entonces una mamá que escucha a su joven hijo sordo hacer bromas, utilizar sarcasmo y dudar de si alguna frase guarda doble sentido… se siente feliz de ver que el lenguaje se transforma y crea puentes de comunicación eficiente. En la mente de las madres aparece con letras mayúsculas la palabra “PODRA”.
ROCÍO ALONSO MÉNDEZ / Reflexionando sobre discapacidad auditiva / Mérida Yucatán / 22 de Julio 2025.

