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Equilibrio entre sobreproteger y empoderar a un hijo sordo

La línea entre sobreproteger y empoderar a un hijo sordo es sumamente delgada. Hoy exploraremos dos extremos que, a menudo, se entrelazan de tal manera que resulta difícil separarlos.

En un mundo ideal, se espera que todas las madres tengamos la capacidad de resolver cualquier situación que enfrenten nuestros pequeños recién nacidos, guiadas por ese instinto materno que muchos consideran infalible.

Y si no fuera suficiente, siempre existe la opción de consultar a un pediatra o recibir orientación de otras mujeres en la familia. Los cuidados durante los primeros días de vida son fundamentales para construir la seguridad emocional de un niño. Sin embargo, frecuentemente escuchamos frases como: “déjalo llorar para que fortalezca sus pulmones”, “no lo cargues tanto, se va a acostumbrar a los brazos”, o “no le hagas caso, ya se le pasará”.

Estas ideas, aunque comunes, están profundamente equivocadas. Seguir este tipo de consejos puede generar niños inseguros y temerosos, especialmente cuando se trata de un niño con sordera profunda bilateral, que solo es capaz de percibir sonidos muy intensos como el de un avión o una motocicleta, pero no el lenguaje. En estos casos, la contención, el afecto y la presencia consciente se vuelven aún más vitales; la voz de la madre es lo único reconocible para el pequeño cuando nace, es la forma en la que se siente acompañado cuando su madre se aleja, la voz le puede tranquilizar, pero ¿qué sucede con el pequeño siendo sordo?

Durante los primeros seis meses de vida, es fundamental atender a los pequeños con rapidez y constancia tan pronto demuestra incomodidad. Esta atención temprana les permite interiorizar la certeza de que nunca estarán solos y de que su madre siempre acudirá cuando la necesiten. Con el tiempo, esta seguridad se convierte en la base para un desarrollo emocional sano.

Aunque describir este proceso en pocas líneas no es sencillo, pensemos en un caso ideal; gracias al tamiz auditivo neonatal, detectamos a tiempo una condición de hipoacusia en nuestro bebé, esto nos permitió actuar rápidamente y colocarle los auxiliares auditivos desde muy temprana edad. Además, logramos encontrar a un terapeuta adecuado que nos acompaña desde el inicio. Así, se va construyendo un camino esperanzador lleno de avances, aunque también de retos que, con amor y dedicación, podemos superar. Las mamás nos volcamos en el cuidado de nuestro hijo y rápido pasan los años, la constancia en la terapia dará frutos y el largo proceso se extiende a todas las áreas de la vida.

De pronto un día nos damos cuenta que ya está en la primaria y continuamos cuidándolo extremadamente. Es importante detenernos reflexionar sobre qué responsabilidades puede cubrir a esa edad y reconocer que la condición que experimenta no es impedimento para ser parte del apoyo en el hogar o que algunos compañeros de la escuela le resuelvan constantemente situaciones como copiarle la tarea, prestarle sus libretas para terminar tareas que debieron terminarse en el aula.

¿Qué propicia que nuestro hijo no cumpla con las responsabilidades propias de su edad? La respuesta es que nosotras mismas no le creemos capaz de cumplir con todas esas tareas. Nosotras como madres somos responsables de la percepción que nuestros hijos se forman de sí mismos, ya que si constantemente les resolvemos los pequeños problemas y acompañamos nuestras acciones con comentarios como “pobrecito”, “es muy difícil para ti”, “no vas a poder” o “déjalo yo lo hago”, etc. van creciendo sin sentirse independientes, sin reconocer que los pequeños obstáculos son simples retos que traen aprendizajes y experiencias para aventurarse a nuevos caminos donde hallarán la emoción y el disfrute por haberse impulsado a pensar y crear diversas opciones de solución a un problema. ¡Qué complicado! al principio nos aconsejan soltarle cuando es bebé y cuando ha crecido algunas de nosotras, madres de jóvenes con hipoacusia nos resistimos a dejarles vivir por sí mismos, vemos los errores como algo sumamente aterrador y limitante, cuando son lecciones perfectas, oportunidades de crecimiento que proporcionan el transitar por varias emociones y ese aprendizaje emocional les llevará a una mejor socialización.

No hay manual para educar hijos con hipoacusia o sin ella; la vida siempre será una sorpresa para cada individuo. Pero es claro que la sobreprotección es una especie de maltrato ya que le limita y condiciona a ser dependiente de alguien siempre; la discapacidad será creada y no resultado de su condición de sordera.

Una forma de hallar el punto medio para apoyar o soltar sería enfocarse en contestar algunas preguntas cómo: ¿esta tarea la realizan otros pequeños de la misma edad que mi hijo? ejemplo: usar el transporte público, lavar su ropa, atender el aseo y alimentación de su mascota, etc.  otra pregunta que nos apoye en la reflexión sería ¿qué le impide realizar dicha tarea?

Poco a poco iremos haciendo costumbre que nuevos retos se sumen a su lista de metas conquistadas, creando una sensación de satisfacción, orgullo y autosuficiencia que no se logrará sin caer o equivocarse varias veces.  Es claro que la seguridad se teje entre padres e hijos, nos retroalimentamos de ver que ellos logran sus objetivos, crecen en autonomía e independencia y ellos de vernos a nosotras mamás confiar en que podrán. Con el tiempo habrá situaciones más complicadas que enfrentar como adultos jóvenes; es importante acompañar en las primeras ocasiones a enfrentar retos como acudir a pagar servicios, hacer trámites bancarios, conseguir documentos oficiales indispensables y otras cosas que llegan con la madurez. Sin embargo, acompañarlos si lo solicitan e intervenir en caso de complicarse la comunicación será vital para fortalecerlos, la ayuda se debe brindar solo si la solicitan.

En definitiva, la clave no está en proteger en exceso ni en soltar sin rumbo, sino en empoderar con conciencia. Educar a un hijo sordo desde el amor, pero también desde la confianza en su capacidad para superar retos, es el verdadero acto de coraje. Empoderar significa brindar herramientas, acompañar sin invadir y creer firmemente en su potencial para permitirle ser protagonista de su propia vida. Porque al final, no se trata solo de escuchar con los oídos, sino de ser escuchados desde el respeto y la igualdad.

ROCÍO ALONSO MÉNDEZ / Reflexionando sobre discapacidad auditiva / Mérida Yucatán / 21 de abril de 2025.

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