RELACIONADOS

Superando desafíos en la discapacidad auditiva

«Avanzando con equilibrio: Superando desafíos en la discapacidad auditiva»

Como padres, queremos ver a nuestros hijos crecer y superar desafíos, encontrar el equilibrio entre impulsarlos hacia nuevas metas y respetar su ritmo personal puede ser complicado. Alentar a nuestros hijos a tomar nuevos retos de manera cuidadosa no solo fortalece su confianza, sino que también les enseña a enfrentar la vida con resiliencia y seguridad en sí mismos. ¿Cómo podemos guiarlos en este camino sin caer en la presión excesiva o por el contrario, ser sobreprotectores?

Cuando decidí ser madre, mi instinto me llevó a cuidar cada detalle; estaba profundamente comprometida con mi nuevo rol. Mi esposo y yo esperábamos con inmensa emoción y alegría la llegada de nuestro primer hijo. Nos preocupamos por todo lo “relevante»: su habitación, la música que le pondríamos, su ropa entre otras cosas; sin embargo, cuando diagnosticaron a nuestro hijo con hipoacusia profunda bilateral (sordera profunda) esas prioridades pasaron a un segundo plano.

La terapia era prioritaria y habíamos decidido rehabilitar a nuestro hijo iniciando a los 10 meses de edad con el método audioverbal (se centra en la educación de los niños con pérdida auditiva, poniendo especial énfasis en desarrollar sus habilidades auditivas para que adquieran el lenguaje a través de la escucha con el apoyo de auxiliares auditivos).

Así fueron avanzando los meses y años; la terapia se realizaba diariamente, era cansado, estresante y con frecuencia difícil. La familia y amigos con el afán de apoyar se acercaban a decirme “déjalo por hoy” “que lo haga mañana” “está de vacaciones” “se ve cansado, déjalo descansar” “es fin de semana” muchos comentarios adversos; a pesar de todo no nos detuvimos, continuamos diariamente con la terapia.

No obstante, en esos momentos me sentía insegura, dudaba si era demasiada presión para mi hijo. Gracias al apoyo de la terapeuta podía ver con claridad que durante la rutina de baño, vestido y comida se podía trabajar algunas actividades de la terapia, también aprendí que antes de iniciar la sesión debían estar satisfechas sus necesidades básicas como haber dormido una siesta y no tener hambre, además de eliminar distractores del entorno donde se llevaría a cabo.

Por otro lado, la terapeuta me llevó a tomar conciencia de la importancia que tiene la terapia durante los primeros 5 años de vida, así es más fácil disciplinarse y abocarse al hecho de participar todos los días en una terapia que no siempre será cómoda ni para el tutor ni para el pequeño.

La terapia le brindó la seguridad a mi hijo para tomar retos en la escuela como  bailar, participar en obras de teatro y cantar. Siempre lo animé a integrarse,  él se incorporó con entusiasmo disfrutando de los eventos escolares.

Durante el nivel inicial (de 12 meses de edad a 3 años) y el nivel preescolar  los retos fueron relativamente fáciles, estaban centrados en el uso de los auxiliares auditivos que a menudo se  quitaba o apagaba cuando aprendió cómo hacerlo.

La socialización se propiciaba, jugaba con sus compañeros y cuando surgían conflictos se podían resolver a pesar de que mi hijo empezó a hablar hasta los 5 años de edad más o menos. Los retos a los que lo empujaba radicaban en el desarrollo de habilidades sociales, en ese tiempo las actividades artísticas como bailar y cantar en grupo eran fundamentales, sabía que podía desarrollarlas y disfrutarlas.

Sin embargo fue muy diferente cuando ingresó a la preparatoria; recuerdo que había un concurso en el que participarían los  jóvenes, cada quien con una actividad diferente como baile, canto,  poesía,  etc. Cuando mi hijo  me dijo que iba a participar cantando solo realmente me preocupé, los participantes iban a subir un video a la red estaría disponible para que cualquier persona lo viera, fue cuando pensé que  podría ser un riesgo, la falta de sensibilidad podría herir y lastimar su autoestima.

Me pregunté sí podría ser objeto de burlas, de insensibilidades, memes o comentarios que le dejaran una amarga experiencia. En ese momento me detuve a pensar sí era necesario, ¿dejaría algo positivo, a dónde lo llevaría, qué aprendería de eso? o muy probablemente podría marcarlo por mucho tiempo y lejos de apoyarlo alejarlo de intentar algunas cosas.

Por lo tanto creí conveniente conversar con los maestros y preguntarles “¿creen que realmente todos tengan la sensibilidad para escuchar cantar a Alberto?”. La directora me comentó que lo platicarían entre el tutor del grupo y la psicóloga; finalmente lo invitaron a participar bailando con otros compañeros disfrutando y experimentando la camaradería propia de esa edad.

Cuidar la exposición de un menor de edad es fundamental, eso no significa que renuncie a desarrollar cierta actividad; simplemente es propiciar un ambiente de respeto que brinde la seguridad para apreciar, experimentar y crear gusto por nuevas actividades. Así es como en las fiestas entre amigos y familia  encuentra un espacio seguro y placentero para cantar.

En conclusión es claro que la terapia debe hacerse diariamente. Avanzar con equilibrio frente a los desafíos que presenta la discapacidad auditiva no es un camino lineal, pero sí uno lleno de aprendizajes.

Al brindarles a nuestros hijos el apoyo adecuado, el respeto por su propio ritmo y las herramientas necesarias para crecer les damos la oportunidad de enfrentar la vida con confianza y autonomía.

El desafío no es sólo de ellos, también es nuestro como padres, para acompañarlos en cada paso, impulsándolos a superar límites sin perder de vista su bienestar emocional, porque al final el verdadero avance se encuentra en ese delicado balance entre el esfuerzo y el amor incondicional.

ROCÍO ALONSO MÉNDEZ / Reflexionando sobre discapacidad auditiva / Mérida Yucatán / Noviembre 18 de 2024.

LA BRECHA
LA BRECHA - Información Puntual

POPULARES

article .entry-content p, article .entry-content ul li { text-align: justify; }

Descubre más desde LA BRECHA

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo