Amelia le creyó todo. A los 17 se tiene enmarañada la cabeza, y más si se acompaña de unos ojos de río profundo.
Salvador Montero era un sujeto que había bailado a diestra y siniestra con las muchachas del pueblo. Una a una, de entre las bellas, habían sido seducidas con palabras de melocotón y fragancia a hierba dulce.
Con la experiencia de sus cuarenta, llevaba ya varios corazones desmoronados en adeudo. Sin embargo, él tenía como principio gozar y disfrutar a lo grande su paso por la vida. Por eso, aquella noche que cruzó mirada con Amelia, pensó que entraría en la lista de sus conquistas.
La visitó cada tarde, llenándola de tulipanes y cartas. Sigiloso, se paseaba por la calle hasta observar cómo discretamente se abría la ventana protegida por barrotes negros, dejando sus obsequios y una mirada de promesa.
Ella fue sucumbiendo a los detalles y, durante el día, su mente fantaseaba con el amor.
Pueblo chico, infierno grande, así que la noticia no tardó en llegar: la próxima boda de Salvador Montero.
Le lloró treinta días y treinta noches y, al primer día del siguiente mes de agosto, le esperó paciente por el camino grande. Un golpe en la sien y luego oscuridad. Lo subió al caballo con gran dificultad y después enfiló rumbo a la ex hacienda. Las ruinas eran la guarida perfecta.
Fueron cinco. Cinco mujeres a las que Salvador Montero les había aniquilado el corazón. Cinco largos meses de cautiverio y soledad absoluta. Cinco meses sin ver la luz del sol. Cinco meses de hambre, de frío y de calor extremo. Cinco las aliadas para turnarse y hacer llegar la raquítica comida.
En el pueblo lo buscaron en cada casa y cada camino. Interrogaron a cuanta mujer ocupó un espacio en la vida de Salvador, pero ninguna jamás reveló nada. Era como esos secretos que vuelan en el aire sin saber cómo salen y adónde van a parar.
Cinco meses después apareció la figura, casi piel y hueso, rapada y maloliente, a las puertas de la iglesia, en una madrugada de calor asfixiante y en donde nadie ventiló palabra alguna.
Así fue como el lugar recibió el nombre de “La venganza”, para aquellos visitantes que observaban intrigados el letrero de bienvenida en la carretera.
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MAYRA EVANGELINA DÍAZ LARA / Cuéntame un Cuento Mayra / San Luis Potosí, S.L.P. / Mayo 17 de 2026.

