RELACIONADOS

El Pepo

El Pepo, desde que éramos niños, formaba parte de la colonia. Por las mañanas lo veíamos llegar con su ropa roída por el paso del tiempo.

Sucio desde la punta del pie que se asomaba en un par de chanclas descosidas que hacían juego con todo su atuendo. El cabello en rastas y, cuando se reía, mostraba la ausencia de tres dientes.

El Pepo no hacía daño a nadie; al fin y al cabo, chiquillos, le gritábamos: “¡Ese, mi Pepo!”, y él, de manera solemne, alzaba su mano y nos dirigía una sonrisa; después seguía su camino arrastrando un bote de basura en cuyo interior guardaba dos valiosos tesoros: una vieja guitarra y su fiel Chiflifli, un diminuto chihuahua de humor de los mil demonios, pero leal acompañante de las incansables caminatas de su dueño.

El Pepo era conocido por varias cosas: una, por su olor peculiar a basura; y la otra, porque Dios no le otorgó la cordura, pero en cambio le regaló una impresionante voz.

Pepo buscaba los lugares concurridos y cualquier pequeño espacio era adecuado para acomodar su bote, sacar a su fiel amigo y cantar lo que su ronco pecho trajera como inspiración.

A veces entonaba las de José Alfredo Jiménez; otras más, se echaba las de Juan Gabriel, Vicente Fernández o alguna petición del público conocedor. Llegamos a escucharlo incluso entonando algunas de Andrea Bocelli, y la gente se detenía a deleitarse con esa magistral voz de tenor.

La tapa del bote de basura era el centro de acopio de monedas y billetes, y ¡ay de quien se atreviera a pasarse de listo y robarle algo de lo regalado!, porque Chiflifli se convertía en un monstruo feroz, dando alguna mordida al atrevido.

Ya para eso de las ocho de la noche, y ya convertidos en adolescentes, lo mirábamos perderse camino de regreso a quién sabe dónde. “Adiós, Pepo, cántanos algo”, y él solo volvía a levantar la mano y a mostrarnos su sonrisa peculiar.

Los años fueron pasando. Pepo se fue haciendo viejo y Chiflifli ya ladraba en tono bajo.

Llegó un crudo invierno y lo veíamos caminar con un sarape y sus calcetas con “aire acondicionado” por los hoyos en los dedos. Su andar era más lento, su sonrisa ya mostraba solamente dos dientes y su saludo ya no era tan alto.

Nos dimos cuenta de que Chiflifli estaba ausente; no lo acompañaba más.

Todo en la vida va mermando y pasando factura, pero su voz seguía siendo imponente.

Llegó el otoño y Pepo se fue junto con las hojas caídas.

Cuentan las malas lenguas que por las noches El Pepo se resguardaba en una casa abandonada cercana a un cerro y que, en cierta ocasión, un grupo de chavos entró al lugar a tomarse unas cervezas. Encontraron varias tinas repletas de monedas y otras tantas de billetes y, a un lado, un cuerpo enredado en una cobija y una guitarra al lado.

MAYRA EVANGELINA DÍAZ LARA / Mayra, Cuéntame un Cuento / San Luis Potosí, S.L.P. / Febrero 15 de 2026.

LA BRECHA
LA BRECHA - Información Puntual

POPULARES

article .entry-content p, article .entry-content ul li { text-align: justify; }

Descubre más desde LA BRECHA

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo