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“¿Dónde comienza la integración?»

La integración no es un punto de llegada, sino un proceso que se gesta en la vida diaria. Comienza en la mirada que reconoce la diversidad, en la palabra que acoge sin prejuicios y en la disposición a construir juntos. No es solo una cuestión de políticas o estructuras, sino de actitudes individuales que, en cada gesto cotidiano, abren o cierran las puertas de la convivencia. Pero, ¿quién realmente es el responsable de iniciar este proceso?

Esta construcción conjunta es lo idóneo, pero está muy lejos de ser un camino ya trazado que esté listo para ser transitado. La inclusión es responsabilidad de todos, permite que construyamos una sociedad más empática permitiendo dar sentido a la vida de muchas personas a través de un trato digno y respetuoso. Sin embargo, la familia es el punto de partida para ir tejiendo esta inclusión.

Es todo un reto que muchas familias no logran visualizar rápido, pues el duelo que conlleva la aceptación de la discapacidad, nubla el camino hacia la rehabilitación, los diferentes aspectos que conforman el contexto de cada persona afecta la toma de decisiones.  Los primeros pasos nos llevan a seleccionar los especialistas que conformarán el equipo multidisciplinario, que harán un diagnóstico certero, nos impulsarán  para buscar el terapeuta adecuado que ofrecerá las diferentes opciones de rehabilitación y se puede continuar con las opciones educativas al alcance para establecer una comunicación efectiva, permanente que brinde una retroalimentación. En nuestro caso mi hijo con sordera profunda bilateral;  fue canalizado por el pediatra al neurólogo de ahí pasó, con un diagnóstico al audiólogo y ya, con la adaptación del auxiliar auditivo acudimos a la terapeuta que nos informó del método de señas y del  método audioverbal, después de tener una reunión con ella decidimos qué camino tomar visualizando las oportunidades de autonomía que brindaba cada uno.

El camino anterior nos tomó unos meses, con este apoyo acudimos a la primera institución educativa. Aquí es importante hacer hincapié que las escuelas difícilmente saben qué hacer; es primordial que los padres seamos quienes tomemos la iniciativa para establecer un contacto entre escuela y terapeuta. De esa forma creamos una alianza para la toma de decisiones que permite vislumbrar objetivos precisos y trabajar en metas alcanzables. En el caso de sordera; muchas veces los niños son sobreprotegidos o se van al extremo contrario en el cual se les abandona totalmente y su presencia en la escuela se reduce a permanecer en las áreas recreativas. Es difícil durante la primera infancia saber qué realmente sucede a puertas cerradas de la escuela. Todas las escuelas dirán que realizarán el mayor esfuerzo y en muchos casos así es, eso no significa que sea lo adecuado, por tal situación durante la primera infancia (0-3 años) puede resultar conveniente contar con una sombra; eso significa tener una persona capacitada que apoye al pequeño de manera individual, durante todas las actividades para hacer las adecuaciones curriculares convenientes; por ejemplo: si el niño debe hacer ciertos movimientos en un juego, explicarle de manera individual, bajando hasta su nivel, hablando lento y mostrando el movimiento e invitando a imitarlo, es una atención personalizada que puede integrar al pequeño a toda la jornada de la escuela sin perderse por no comprender que sigue y de qué se trata cada momento.

Desde el principio hablamos de una comunicación entre escuela y terapeuta, siendo la familia quien trace ese puente de comunicación. Hablando sobre hipoacusia, puedo asegurar que parte importante del éxito en la escuela es anticiparse a los contenidos y esto significa siempre acudir a la escuela a preguntar que verán la semana siguiente, esa información permite explorar en la terapia los contenidos y apropiarse del vocabulario, comprenderlo e integrarlo a otras áreas de la vida. Esta tarea se prolongará por toda la vida estudiantil (para un niño en condición de sordera) por lo tanto se le debe involucrar paulatinamente en este proceso de anticipación de manera que los niños en etapa de primaria baja (1° a 3° grado) comiencen a ocuparse de solicitar a la maestra estos contenidos de ser posible mensualmente para que la terapeuta sepa cómo abordarlos.

Por otro lado, el tiempo transcurre rápido, se debe involucrar al pequeño para que cada vez sea menos la intervención de los tutores para solicitar los contenidos a explorar con anticipación, de manera que cuando llegue a la secundaría, esta situación sea dominada completamente por el jovencito.

Otro punto de suma importancia para construir  una verdadera integración es crear espacios de diálogo donde los jóvenes con condición de sordera puedan explicar situaciones cotidianas en las que se sienten vulnerados, muchas veces son situaciones que no son realmente agresiones dirigidas hacia ellos. A través de preguntas que permitan describir las situaciones nos brinda un panorama más claro de lo que vivieron permitiendo reconocer si hay violencia o es una mala interpretación de parte del joven con sordera. Es fundamental cerrar filas con la familia, involucrar a los abuelos, tíos, primos y crear un frente común que no sobreprotejan, subestimen su capacidad y lo lleven a sentir miedo de  enfrentar las dificultades que se presenten. Cada experiencia tendrá que brindar un aprendizaje y es importante que experimenten sus consecuencias ya sean agradables o no. qué mejor aprendizaje que el que llega a través de la experiencia.

Recuerdo que en una ocasión el padre de mi hijo estaba a punto de ir a comprarle un juguete pues fuimos a un cumpleaños y el niño de la fiesta recibió regalos, mi hijo no entendía que él no, sus abuelos y su padre estaban dispuestos a comprar juguetes para que mi hijo no sufriera. Fue un disgusto familiar pero no permití que nadie le comprara nada o le dieran algo para calmar su berrinche. Con el tiempo comprendió, aceptó y disfrutó de las fiestas de otros niños a pesar de ver al festejado recibir regalos.

Finalmente quiero escribir los pensamientos que llegaban cada vez que mi hijo no quería hacer la terapia, lloraba, hacía berrinche y yo, tenía ganas de salir corriendo. “¿Tendré que acompañar toda la vida a mi hijo porque no se pueda dar a entender? y ¿Qué hará si muero y no puede expresarse? ¿Su padre le resolverá la vida?

En última instancia, la responsabilidad de la integración no recae en una sola persona, institución o sector, sino en todos nosotros. La verdadera integración empieza por la familia que cree que es posible abrir espacios de convivencia y crecimiento personal para el joven con discapacidad. Dejemos de señalar culpables y comencemos a construir puentes, cuando comprendemos que la diversidad no es una barrera, sino una oportunidad para enriquecernos mutuamente. Solo a través del compromiso, la empatía, enfrentando en equipo la incomodidad y llevándonos a  la acción conjunta lograremos una sociedad más inclusiva, donde cada individuo tenga un lugar y una voz. La pregunta ya no es ¿Quién es responsable?, sino ¿Qué estamos dispuestos a hacer al respecto?

ROCÍO ALONSO MÉNDEZ / Reflexionando sobre discapacidad auditiva / Mérida Yucatán / 10 de Marzo de 2025

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