“La construcción de la identidad de cada niño, comienza con el nombre propio que a la vez es portador de información acerca del sistema de escritura” (Ferreiro E. y Gómez Palacios 2017).
Cuán importante es que desde que nace un pequeño utilicemos su nombre propio para dirigirnos a él, esto permite comenzar a crear su identidad, sobre todo si estamos al tanto de que padece una discapacidad auditiva. La idea de usar diminutivos nos da la impresión de que brindamos una expresión de amor y es válido que sean usadas; es parte de maternar o paternar. Sin embargo, en el caso de los niños con discapacidad auditiva cobra mucho más importancia llamar al niño por su nombre propio. Usar diferentes nombres o diminutivos lleva al niño a la confusión.
En el caso de mi hijo, se llama Alberto, había integrantes de la familia que deseaban llamarle Beto o Betito. Parece rudo pedirles que no le nombren así pero al llamarle por su nombre responde más rápido a él, interioriza su sonoridad y de igual manera prepara su mente para identificar palabras que inician con la misma letra, comienza a discriminar cuál es su nombre y cuales son palabras que inician igual, esto facilita que pueda adquirir nuevas palabras con diferencias mínimas. Una de las estrategias que ayudan a este proceso de identificar su nombre es escribirlo, parece irracional que al pequeño se le dispongan letreros cuando es un bebé, no obstante es una oportunidad de aprendizaje natural, es decir no se debe escolarizar este proceso en casa. No se le debe presionar a leer o forzar a aprender cuentos.
La terapeuta puede guiar estas actividades de manera adecuada. En nuestro caso nos recomendó que escribiera el nombre de Alberto (1 año de edad) en una tarjeta de 50 cm x 20cm con letra roja me indicó que simplemente señalara con el dedo su nombre y lo deslizara de izquierda a derecha mientras lo pronunciaba. Poco a poco también me invitó a leerle cuentos con poco texto, e ir aumentando la cantidad de texto de acuerdo a los periodos de atención del pequeño. Es importante realizar la lectura guiada es decir señalar con el dedo las palabras que se leen de izquierda a derecha, esta sencilla actividad permite que los pequeños descubran la linealidad (se lee de manera horizontal) y direccionalidad (se lee de izquierda a derecha) a muy corta edad. Por otro lado, ingresar el nombre de nuestro hijo dentro del texto del cuento, si la lectura lo permite facilita asimilar el nombre y visualizar su escritura para identificarlo gráficamente muy pronto.
Otra observación importante que me gusta resaltar es el cuidado del vocabulario dentro de nuestra casa. Cuando los niños son pequeños se cree que nuestras palabras no son comprendidas, y a menudo dentro de los hogares se emplean palabras soeces , normalizamos el uso de palabras ofensivas y minimizamos su impacto en las relaciones interpersonales. Es esencial reconocer que las palabras marcan para bien o para mal. Por lo tanto debemos evitar exponer a los pequeños en general pero mucho más a niños con discapacidad auditiva a ese vocabulario ya que es difícil que hablen, se invierte mucho tiempo y esfuerzo en desarrollar el lenguaje como para que su habla se integre de palabras rudas, vulgares u ofensivas. Es totalmente reprobable que niños pequeños usen esa forma de hablar y los padres o tutores tomen vídeos de pequeños pronunciando chistes o situaciones con este tipo de contenido, no les basta con eso celebran con risas además les motivan a repetirlo.
En una ocasión un compañero (con hipoacusia) de terapia de mi hijo al preguntarle su nombre, él respondió José y una grosería, todos nos sorprendimos pero era el resultado de la forma en la que su mamá se expresaba. Siempre después de decir “José” agregaba esa palabra y el pequeño terminó por integrarla a su nombre. Y es cuando me pregunto ¿es tan difícil dejar de decir groserías?
El nombre propio, mas allá de ser un distintivo, es una herramienta poderosa en el desarrollo integral de los niños. Su uso afectuoso y constante contribuye a la formación de una identidad sólida y una relación segura con el mundo que los rodea. Promover el respeto y la valorización del nombre propio en la primera infancia es clave para fomentar el bienestar emocional y social de los más pequeños. Por último reconozcamos que el nombre propio facilita la interacción social. En entornos como el hogar o la escuela, el uso del nombre ayuda a los niños a participar en actividades, establecer relaciones con sus pares y formar parte de un grupo por lo tanto es fundamental llamar al pequeño por su nombre, evitar apodos y etiquetas que desvalorice y creen inseguridades.
ROCÍO ALONSO MÉNDEZ / Reflexionando sobre discapacidad auditiva / Mérida Yucatán / 10 de febrero de 2025

