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Aprendiendo a escuchar con amor

El primer día de escuela es un hito emocionante y desafiante para cualquier niño, pero para un niño sordo en la etapa de la primera infancia (0 a 3 años), este momento adquiere una dimensión única. Es un encuentro con un mundo lleno de sonidos que él percibe de otra manera, pero también de oportunidades para explorar, aprender y socializar. Este primer contacto escolar no solo representa el inicio de su educación y la rehabilitación, sino también una puerta a nuevas formas de comunicación, inclusión y aprendizaje de los docentes involucrados. ¿Cómo preparar ese camino para que sea accesible, enriquecedor y lleno de posibilidades? En este artículo expondré las claves y reflexiones que descubrí como madre de un hijo con discapacidad auditiva al tener el primer contacto escolar.

En la actualidad, la sociedad ha evolucionado significativamente, y el papel de la mujer ya no se limita al ámbito del hogar. Su incorporación al trabajo es una necesidad, independientemente de si ambos padres cohabitan en el mismo hogar. Por lo tanto, el primer paso es identificar un Centro de Atención Infantil (CAI atiende pequeños entre 0 y 3 años de edad) cercano al lugar de trabajo de la madre. Optar por esta instancia educativa desde una etapa temprana es crucial, ya que facilita el acercamiento del niño a la «escuela» lo antes posible. Este entorno le proporciona una amplia variedad de estímulos para comunicarse, le permite socializar con sus pares y fomenta oportunidades esenciales, como el contacto temprano con la lectura; siendo de suma importancia para el contexto de la terapia que lo acompañará a lo largo de muchos años.

En nuestro caso, Alberto ingresó al CAI a la edad de un año, contábamos con el acompañamiento de un equipo multidisciplinario que trabajaba de manera externa a la institución educativa, entre ellos, la terapeuta que nos apoyaba. Nos recomendó optar por el método audioverbal, este enfoque buscaba que a través de la terapia mi hijo lograra hablar con su propia voz, para entonces, Alberto ya utilizaba una curveta o también llamada audífono y había comenzado la terapia a los diez meses de edad.

Cuando inscribí a mi hijo en el CAI, desconocía cómo se abordaría su situación, ya que sabía que no había experiencia previa con esa discapacidad, especialmente porque yo trabajaba ahí. Decidí acudir a la directora para solicitar su autorización y organizar una reunión con casi todo el personal. Durante la junta, compartí información sobre la condición de mi hijo y las pautas generales proporcionadas a través de un video facilitado por una asociación en apoyo a personas con discapacidad auditiva. Además, aproveché la oportunidad para pedirles que lo integraran en las actividades como a cualquier otro niño. Mi principal objetivo fue sensibilizar al personal, evitando que sintieran lástima por él o lo sobreprotegieran. Esta iniciativa fue clave para establecer un ambiente de confianza y apoyo mutuo.

Es importante recalcar que las primeras maestras y asistentes educativas se comprometieron y acudieron extraescolarmente a las terapias permitiendo dar seguimiento a los ejercicios que se esperaba practicara durante la semana. La comunicación era continua y sistemática; con el cambio de salón se retomaba la junta con las nuevas maestras para no perder las metas a corto y largo plazo que la terapeuta visualizaba.

Aprendizajes Clave para la Educación Inicial: Guía para Padres (2017)

Cuando el apego es seguro, los niños muestran empatía, buen humor la mayor parte del día, se ven confiados y con tendencia a la autonomía en el juego. Es el reflejo de un cuidador predecible que muestra disponibilidad y que acertadamente responde con alegría a la demanda del pequeño ( p 15)

Cuando mi hijo ingresó al CAI, el desarrollo del apego seguro no era un tema tan presente en las prácticas educativas. Sin embargo, a partir de la publicación de Aprendizajes Clave para la Educación Inicial 2017 se puso énfasis en este punto, reconociendo que es fundamental para que el pequeño sienta la institución como una extensión de su hogar de esa manera se empezó a hablar de llevar a cabo una transición la cual consiste en introducir al pequeño al ambiente escolar de manera gradual es decir que el pequeño acuda con su madre un corto tiempo por varios días y poco a poco ir extendiendo la permanencia hasta dejarle sin que resulte en un cambio abrupto y agresivo.

En conclusión, el primer contacto escolar de un niño en la primera infancia, especialmente cuando enfrenta una condición como la discapacidad auditiva, es un proceso que requiere sensibilidad, planificación y colaboración. Es tarea de todos crear un entorno inclusivo donde se priorice el apego seguro, el respeto por las diferencias y la integración activa sin sobreprotección. Como padres de niños con discapacidad auditiva nos toca muchas veces ser pioneros en las escuelas, involucrar a todos en la situación para abrir caminos a la inclusión siendo puentes de comunicación entre el equipo multidisciplinario e instituciones educativas. Participar activamente desde el rol que nos toque traerá beneficios para toda la sociedad.

ROCÍO ALONSO MÉNDEZ / Reflexionando sobre discapacidad auditiva / Mérida Yucatán / 27 de Enero de 2025

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