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Cuando la inclusión no está invitada

El cumpleaños es más que una fecha en el calendario; es una oportunidad única para celebrar la vida y la conexión con quienes nos rodean. Un regalo, por sencillo que sea, se convierte en un reflejo de afecto y consideración, un símbolo que trasciende el objeto en sí mismo para expresar emociones que a veces las palabras no alcanzan. En esta columna, exploraremos el impacto de las invitaciones a las fiestas de cumpleaños en un joven sordo.

Al decidir comprar un regalo de cumpleaños para una persona, puede ser una manifestación de aprecio o simplemente para corresponder a una invitación o a una fiesta, sin embargo, en mi particular punto de vista creo que el verdadero regalo radica en obsequiar tiempo para asistir a la fiesta, el tiempo es un  regalo que no se puede recobrar, comprar en una tienda o retener, cada segundo que pasa no volverá y al decidir regalarlo a una persona, se obsequia algo invaluable.

Cuando mi hijo nació con discapacidad auditiva las fiestas demoraron años en ser un tema importante, las primeras fiestas son realmente decididas en cada detalle por los padres, las invitaciones nunca faltaron durante la primera infancia, preescolar y hasta el 1° y 2° grado de primaria, después todo se fue haciendo rápidamente más difícil.

Los pequeños empiezan a decidir quienes serán los invitados a sus fiestas y así comenzaron a disminuir las invitaciones para mi hijo con discapacidad auditiva. Lo que pensé en ese entonces, fue que también se debe aceptar (tanto por mi hijo como por mi) que no era una obligación que le invitaran, no obstante suele ser doloroso que no fuera invitado.

Creía que al ocuparme de llevarle a cada reunión y mostrarle cómo comportarse nunca sería rechazado como invitado. Así llegó el cumpleaños número quince; en esa época su padre decidió organizarle una fiesta grande para celebrarlo , él esperaba que la cantidad de invitados fuera el grupo completo con el que estudiaba, le expliqué que no contará con ellos.

El padre de mi hijo se ocupó de invitar a sus propios amigos y familia, yo, pude invitar a dos compañeros de su escuela (uno de ellos es Alberto Escalante, su buen amigo que le ha acompañado cuando estaba solo y hasta la fecha), sus dos primos, mis padres y los hijos de una amiga.

Meses antes de la fiesta un día sorprendí a mi hijo leyendo una libreta vieja la cual contiene algunos eventos importantes de cuando mi hijo era bebé, al preguntarle ¿qué hacía? me cuestionó sí, eso era cierto; habíamos escrito mayormente su padre y yo, sobre periodos de su vida en los cuales estuvo enfermo mientras era bebé; horarios en los que se le administraba medicamentos, citas médicas para su diagnóstico y escasos datos  sobre su desarrollo. Leí en su rostro un atisbo de alegría y de pronto se me ocurrió que el mejor regalo sería evidenciar la cantidad de personas que le querían. ¿Cómo hacerlo?

Sabía que las palabras marcan para bien o para mal y era momento de apoyarlo para aceptar que si no le invitaban a las fiestas de sus compañeros estaba bien. Por consiguiente supe que motivar a la familia y amigos de mi exesposo a escribirle mensajes positivos quedarían por siempre en el corazón de Alberto, de esa forma el día de la fiesta llegué con hojas de colores y bolígrafos, pasé de mesa en mesa solicitando a cada invitado que escribieran un mensaje, consejo, refranes, canciones, poemas, pensamientos o palabras positivas que les naciera regalarle a mi hijo para hacerle ver que le apreciaban.

Mientras iban entregando cada carta, aprovechaba para tomarles una foto con mi hijo,  finalmente semanas después engargole las cartas acompañadas de la foto correspondiente. El resultado fue un emotivo “libro casero”.

Al entregárselo a mi hijo sus ojos brillaron de alegría, sentí que cumplió su cometido, que pudo acariciar su alma y demostrarle que había gente que lo amaba, celebraba su vida y logros. Pensé que sería algo efímero, que realmente era para mi, pues después de verlo una vez lo guardaría y se olvidaría de él.

Mi sorpresa fue grande porque sirvió de paliativo durante el tiempo de adolescencia, era el bálsamo que le brindó acompañamiento una y otra vez, principalmente en días que no eran fáciles.

Leyó en múltiples ocasiones su libro casero, permitiéndole reconocerse como alguien valioso.  Y entonces comprendí que ese “libro” sería el comienzo de un proyecto que duró cuatro años para primera infancia y preescolar.

Como responsable de la biblioteca, en mis tiempos de trabajo, desarrollé un proyecto llamado “Mi libro biográfico” durante el primer año atendí a 6 grupos de bebés (de 0 a 3 años), este proyecto fue creciendo gracias a la participación de maestras, compañeras asistentes y padres de familia.

Fue maravillosa la participación y el valor que cada libro representó para los padres de esos pequeños. El libro es un pretexto para colectar hermosas palabras, letras de abuelos, de personas que se encontraban en otros países y de pequeños que garabateaba para su herman@ bebé.

Encontré padres en procesos de divorcio que me cuestionaron quién conservaría el libro y hubo hasta personas que organizaron una fiesta para la escritura de cartas o tomar las fotos que incluirían. Hay mucho que compartir sobre esto pero no me extenderé.

Concluyendo diré que para un joven sordo no es fácil adaptarse a la vida social, habrá que acompañarle, encontrar estrategias que lo ayuden a aceptar las situaciones incómodas y hallar placer en el crecimiento personal además de buscar espacios de recreación sanos. Esta situación me llevó a interesarme por escribir y compartir mi experiencia con padres, niños y maestras, permitiendo transformar lo negativo en un proyecto bastante prolífico que en cierto momento se desarrolló en  ocho Centros de Atención Infantil en los grupos de lactantes, maternal y preescolar

Por último cerraré mencionando que nunca antes vi los regalos de cumpleaños con tanta relevancia como desde el día que mi hijo recibió su primer libro casero pues un simple detalle se transformó en un gesto memorable y significativo que perdurará en el corazón de muchas familias.

ROCÍO ALONSO MÉNDEZ / Reflexionando sobre discapacidad auditiva / Mérida, Yucatán / Enero 20 de 2025.

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