El contenido de agua compone aproximadamente el 60% del peso corporal; sin embargo, varía a lo largo de la vida en función de distintos factores, tales como la edad, el género, composición muscular, situaciones patológicas, entre otros. El agua corporal se localiza, en dos compartimentos: como agua intracelular (donde se encuentran ⅔ partes del total), y como agua extracelular (que contiene ⅓ parte de total), repartida entre el espacio intersticial, la sangre, la linfa, las secreciones, etc. (Lizarraga, 2015).
Uno de los factores de deshidratación mas importantes en el deporte es la sudoración ya que su taza puede aumentar de 0.5 a 3 L/h, dependiendo como ya se había mencionado, del género, tamaño corporal, edad, entre otros.
La deshidratación estresa el sistema cardiovascular y reduce la capacidad física, lo que coloca al atleta en un mayor riesgo de lesión musculoesquelética, es vital que los entrenadores y preparadores físicos comprendan la necesidad de mantener en equilibrio metabólico al organismo para así aprovechar al máximo y disminuir el riesgo de lesión de sus deportistas.
La falta de claridad sobre los objetivos apropiados para la ingesta de líquidos, los tipos de bebidas y la información importante a controlar, los deportistas a menudo desconocen las mejores metodologías para determinar el estado de hidratación, como la gravedad específica de la orina, el color de la orina, los cambios en la masa corporal, la osmolalidad plasmática y la bioimpedancia.
La Asociación Nacional de Entrenadores Atléticos (NATA) recomienda las siguientes prácticas con respecto a la reposición de líquidos para la participación deportiva: “los deportistas deben comenzar una sesión de entrenamiento bien hidratados bebiendo aproximadamente 500 a 600 ml de agua o bebida deportiva 2 a 3 horas antes del ejercicio y 200 a 300 ml adicionales de agua o una bebida deportiva 10 a 20 minutos antes del ejercicio. Durante la sesión de entrenamiento, la reposición de líquidos debe aproximarse a las pérdidas de sudor y orina y mantener la hidratación a un nivel que mantenga la pérdida de peso corporal a <2%. Esto generalmente se puede lograr con el consumo de 200 a 300 ml de líquido cada 10 a 20 minutos. La hidratación posterior a la actividad debe apuntar a corregir cualquier pérdida de líquido acumulada durante la práctica o la competencia”.
Aquí la justificación de algunos expertos como Carvalho, Davis y Casa; la rehidratación y reabastecimiento de combustible después del ejercicio debe ocurrir dentro de las dos horas y debe consistir en alimentos y bebidas que contengan sodio que estimulará la sed y ayudará a la retención de líquidos; Existe evidencia que sugiere que la ingestión de una bebida con carbohidratos consumida a intervalos regulares retrasa la fatiga en atletas que participan en ejercicio intermitente de alta intensidad; y Dado que las reservas de carbohidratos probablemente sean bajas o agotadas después del ejercicio, una bebida deportiva también servirá para proporcionar un suministro adecuado de carbohidratos y electrolitos que no obstaculizarán la rehidratación.
Recuerden que no es lo mismo una bebida rehidratante y deportiva que bebida de suero oral, los componentes antes mencionados deben incluirse a ciertas concentraciones en las diferentes clasificaciones, por esto es bueno asesorarse de profesionales de confianza expertos en estos temas.
JUAN JOSÉ VELÁZQUEZ / “el Doctor” / Pereira, Colombia / Julio 30 de 2024.

