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ISSSTEZAC: Cuando la crisis dejó de ser financiera para convertirse en política

  •  ** ¿Quién quebró al Instituto?
  •  ** Es un problema complejo que requiere planeación y disciplina financiera.
  •  ** El miedo reduce la deliberación.

Las instituciones no quiebran únicamente por falta de dinero. En ocasiones comienzan a deteriorarse mucho antes, cuando la realidad deja de explicarse con datos y empieza a interpretarse desde la conveniencia política.

Esa parece ser una de las lecciones que deja la historia reciente del ISSSTEZAC.

Durante años, el debate público se ha concentrado en una sola pregunta: ¿quién quebró al Instituto? La respuesta, sin embargo, difícilmente puede encontrarse en un solo nombre o en un solo gobierno. Los sistemas de pensiones no colapsan de la noche a la mañana. Lo hacen después de años —a veces décadas— de decisiones acumuladas, omisiones compartidas y problemas actuariales que fueron ignorados o pospuestos.

Conviene distinguir dos momentos diferentes.

El primero corresponde a la crisis técnica.

El segundo, a la crisis política.

No son lo mismo.

La crisis técnica aparece cuando los estudios actuariales comienzan a advertir que el número de jubilados crece más rápido que el de trabajadores activos; cuando la esperanza de vida aumenta; cuando las aportaciones dejan de ser suficientes; cuando los gobiernos retrasan pagos o utilizan los recursos del sistema para resolver problemas de liquidez; cuando las inversiones dejan de generar los rendimientos esperados o cuando los compromisos pensionarios superan la capacidad financiera del Instituto.

Nada de eso resulta extraordinario.

La literatura especializada documenta que numerosos sistemas públicos de pensiones, tanto en México como en otros países, enfrentan desafíos similares derivados del envejecimiento poblacional, cambios demográficos y presiones fiscales. Es un problema complejo que requiere planeación, disciplina financiera y decisiones oportunas.

Pero existe otro momento mucho más delicado.

Ocurre cuando la crisis deja de analizarse como un problema técnico y comienza a utilizarse como un argumento político.

En ese instante cambia el lenguaje, ya no se habla de corregir causas estructurales, se habla de urgencias, de inevitabilidad, de decisiones que «no admiten alternativa».

La narrativa del desastre termina sustituyendo al análisis del problema.

Desde la psicología social este fenómeno resulta particularmente interesante, las sociedades toman decisiones distintas cuando sienten miedo que cuando comprenden una situación.

El miedo reduce la deliberación.

La incertidumbre aumenta la necesidad de encontrar soluciones rápidas.

La sensación permanente de emergencia favorece que medidas que antes habrían sido ampliamente debatidas ahora sean aceptadas bajo el argumento de que «no existe otra salida».

No se trata de afirmar que todas las decisiones tomadas durante una crisis sean incorrectas, tampoco de negar la gravedad financiera del ISSSTEZAC.

Sería irresponsable hacerlo.

Lo importante consiste en reconocer que una crisis auténtica también puede modificar la manera en que la sociedad percibe lo posible y lo aceptable.

La ciencia política ha descrito este proceso en múltiples contextos: durante las crisis económicas, sanitarias o institucionales, las decisiones excepcionales encuentran menor resistencia social cuando la narrativa pública insiste en que el tiempo se ha agotado.

Por eso conviene formular una pregunta distinta, no solamente si el ISSSTEZAC tenía problemas financieros, esa respuesta parece evidente.

La verdadera pregunta es otra.

¿En qué momento el diagnóstico financiero comenzó a convertirse también en una narrativa política?

Responderla exige revisar con serenidad las decisiones adoptadas en los últimos años: reformas legales, venta o desincorporación de bienes, modificaciones administrativas, cambios en el régimen pensionario y discursos públicos que acompañaron cada una de esas medidas.

No para condenarlas anticipadamente, tampoco para justificarlas automáticamente, sino para comprender el contexto en el que fueron presentadas a la sociedad, porque una democracia sana necesita ciudadanos informados, no ciudadanos atemorizados.

La diferencia parece sutil, pero es enorme, quien comprende exige cuentas, quien solamente teme termina aceptando cualquier respuesta.

El ISSSTEZAC merece algo más que una discusión construida sobre consignas, los trabajadores merecen información completa, los pensionados merecen certeza.

Y la sociedad zacatecana merece saber si las decisiones extraordinarias fueron realmente inevitables o si algunas pudieron evitarse años antes mediante responsabilidad financiera, transparencia y visión de largo plazo.

Toda crisis produce consecuencias económicas.

Pero cuando una crisis también modifica la manera en que una sociedad piensa, decide y acepta las acciones del poder, entonces deja de ser solamente financiera.

Se convierte, inevitablemente, en una crisis política.

Y quizá sea precisamente ahí donde comienza la parte más importante de esta historia.

Porque antes de preguntar quién vendió un patrimonio, quién impulsó una reforma o quién ocupó una dirección, conviene responder una interrogante más profunda:

¿Quién permitió que el problema creciera hasta convertir la excepción en regla y la urgencia en forma permanente de gobernar?

Esa pregunta, más que buscar culpables inmediatos, exige responsabilidades históricas. Y es precisamente ahí donde continuará esta investigación.

 

Y Recuerda que… Entre Todos, La Familia.

 

Tres para ti Doc.

Facebook: Víctor De LA Brecha

Twitter: @GarciaVicko

VÍCTOR HUGO GARCÍA / Tercera Fuerza / Zacatecas, Zac. / 06 / agosto / 2026.

 

 

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