- ** Antes de 1986, los trabajadores del Gobierno del Estado de Zacatecas vivían una realidad marcada por la incertidumbre.
- ** La Ley publicada el 27 de agosto de 1986.
- ** La historia del ISSSTEZAC no comenzó como una historia de crisis.
«Los pueblos que olvidan la historia están condenados a repetirla.»
— George Santayana
Cada vez que se habla del ISSSTEZAC, el debate suele comenzar con una cifra: el déficit, el número de jubilados, las reservas financieras, las reformas pendientes o el costo para las finanzas públicas. Sin embargo, esa conversación, aunque necesaria, deja fuera la pregunta más importante de todas: ¿por qué nació el ISSSTEZAC?
Porque ningún diagnóstico serio puede construirse ignorando el origen de la enfermedad.
Antes de 1986, los trabajadores del Gobierno del Estado de Zacatecas vivían una realidad marcada por la incertidumbre. Las jubilaciones no respondían a un sistema homogéneo; coexistían cajas de ahorro, fondos administrativos y prestaciones diferenciadas entre dependencias. En muchos casos, la posibilidad de una pensión dependía más de decisiones administrativas o políticas que de un derecho plenamente garantizado.
En ese contexto histórico, el Estado zacatecano decidió crear un instituto especializado de seguridad social para sus trabajadores. La Ley publicada el 27 de agosto de 1986 dio origen al Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado de Zacatecas (ISSSTEZAC), con el propósito de organizar un sistema permanente de pensiones, jubilaciones y prestaciones sociales, sustituyendo el esquema anterior por un modelo institucional con reglas definidas.
La idea era profundamente legítima.
Garantizar que un servidor público, después de décadas de trabajo, no dependiera de la voluntad del gobernante en turno para acceder a una vejez digna.
En términos de filosofía política, la decisión respondía a uno de los principios esenciales del Estado social: convertir la protección social en un derecho y no en una concesión.
Como sostenía el sociólogo alemán Niklas Luhmann, la confianza en las instituciones reduce la incertidumbre y permite que las personas proyecten su vida hacia el futuro. Sin confianza institucional, las sociedades sustituyen la certeza por el miedo.
Y precisamente eso buscaba evitar el nacimiento del ISSSTEZAC.
El modelo adoptado siguió la lógica predominante en la seguridad social mexicana de aquella época: un sistema solidario de reparto. Los trabajadores activos, junto con las aportaciones patronales del Estado y de los organismos públicos, financiaban las pensiones de quienes ya habían concluido su vida laboral.
Era un modelo ampliamente utilizado en numerosos países y también en instituciones nacionales como el ISSSTE federal.
Pero todo sistema de reparto descansa sobre una condición que rara vez aparece en el debate público: el equilibrio demográfico y financiero.
Mientras existan suficientes trabajadores activos financiando a un número relativamente menor de pensionados, el sistema mantiene estabilidad. Cuando esa relación cambia por el envejecimiento poblacional, el aumento en la esperanza de vida, la insuficiencia de aportaciones o la ausencia de ajustes oportunos, aparecen presiones crecientes sobre su sostenibilidad.
No es una realidad exclusiva de Zacatecas.
El economista Nicholas Barr, especialista en sistemas de pensiones, ha señalado que prácticamente todos los sistemas públicos de reparto enfrentan el mismo desafío cuando las variables demográficas y económicas dejan de ser las que existían en el momento de su creación.
Aquí conviene hacer una pausa.
La historia del ISSSTEZAC no comenzó como una historia de crisis.
Comenzó como una historia de esperanza.
Y esa diferencia cambia completamente la manera en que debemos analizar el presente.
Desde la psicología social existe un concepto particularmente útil para comprender este fenómeno: el contrato psicológico, desarrollado por Denise Rousseau. Más allá del contrato legal, las personas construyen expectativas de reciprocidad con las instituciones. Cuando un trabajador aporta durante décadas a un sistema pensionario, no sólo deposita dinero; deposita confianza, identidad y un proyecto de vida.
Cuando esa expectativa se fractura, el conflicto deja de ser exclusivamente financiero.
Se convierte en una crisis de legitimidad.
Por ello, reducir el debate del ISSSTEZAC a balances contables sería un error de enormes proporciones.
Detrás de cada expediente existe una historia familiar.
Detrás de cada pensión existe una vida de servicio.
Detrás de cada reforma existe una expectativa colectiva sobre la capacidad del Estado para cumplir su palabra.
Las sociedades democráticas no se fortalecen ocultando sus problemas, sino entendiendo cómo llegaron a ellos.
Por eso, antes de discutir culpables, reformas o responsabilidades individuales, Zacatecas necesita reconstruir la memoria institucional del ISSSTEZAC.
Comprender por qué nació.
Qué objetivos perseguía.
Qué condiciones hicieron posible su funcionamiento.
Y, sobre todo, en qué momento comenzó a alejarse de aquella promesa fundacional de brindar seguridad para el retiro.
Porque sólo conociendo el origen será posible discutir con honestidad el futuro.
La historia enseña que las instituciones no colapsan únicamente cuando se quedan sin recursos.
También lo hacen cuando pierden la confianza de quienes las sostienen.
Y recuperar esa confianza exige mucho más que balances financieros: exige verdad, memoria, responsabilidad pública y una visión de largo plazo.
Hoy iniciamos este recorrido histórico.
No para mirar con nostalgia el pasado, sino para comprender que la crisis del ISSSTEZAC no empezó con el déficit.
Comenzó el día en que dejamos de preguntarnos por qué fue creado.
Y Recuerda que… Entre Todos, La Familia.
Tres para ti Doc.
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VÍCTOR HUGO GARCÍA / Tercera Fuerza / Zacatecas, Zac. / 09 / julio / 2026.

