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El famoso Balu

Eran las 7:30 de la mañana y como es costumbre el camión de la basura pasa a temprana hora, yo tenía una bolsa que sacar y se me hizo fácil abrir la puerta pensando que mi potro desbocado me iba a obedecer como ocurre otras veces.

Abrí la puerta y salió el Balu en cuestión de segundos corriendo como si le hubieran tronado un cuente .

La Tantarabuela, osea yo, salgo despavorida corriendo tras el fugitivo. Afortunadamente traía una bata larga de dormir sí no, igual , aún como Dios me trajo al mundo, hubiera salido.

Gritos despavoridos de » Balu, Balu» y el perro hijo me volteaba a ver retándome como diciendo haber si me alcanza, en el trayecto dos perros en una casa y uno que se salía por la ventana, se andaban agarrando del chongo: máscara contra cabellera. Afortunadamente algo desvió su atención, para esto ya habían transcurrido 20 minutos, la Tantarabuela bañada en sudor y gritando a todo pulmón.

Uno que otro vecino se asomaba pero al ver semejante toro no tan fácil se prestaban a auxiliar y los pocos que si lo hicieron, a este canijo le valió tres reverendos cacahuates y siguió de largo entre callejones. Ya no sabía si pararme a lagrimear, seguir gritando como la llorona, regresarme porque había dejado la puerta abierta , pero me imaginaba volver como patriota caído en guerra y dijeme a mi misma, mi misma tú puedes . Se imaginarán que a los casi 57 años, uno ya no corre como maratonista y tal cual era mi caso.

Llegamos a una Avenida y yo como tránsito pero en piyama deteniendo el tráfico para que no lo fueran a apachurrar. Me imaginé la escena de volver con calcamonia de Balu entregándosela a su padre osease mi hijo que lo ama por sobre todas las cosas.

Ocho con cinco y agarré un pedazo de cable que me encontré afuera de una construcción y a la usanza de los más diestros jinetes pensé aplicar la del hombre Malboro aventando el cable a fin de atraparlo y pues resultó intento fallido.

Ocho con quince y ya cansado el perro y su Tantarabuela más y bañada en sudor ya no sabía que más hacer. Toqué con algunos vecinos conocidos y pues nadie salió, supongo los gritos que salían de mi ronco pecho auyentaron a los habitantes porque todos se escondieron. En eso una chica muy amable intentó ayudarme y este canijo nos retaba como diciendo atrapenme si pueden.

Pero un angel que andaba escarbando la basura se encontró una correa y con esa mera logré colocarla pero era insuficiente para semejante toro bravío.

Más adelante un vecino me prestó una cuerda y con dos amarres y un Ave María intenté regresar al dulce hogar.

Cabe aclarar que cuando mi balusito era un pequeño, un día intenté sacarlo a pasear y llegamos con la lengua de fuera y también mi manguillo rotador.

Ocho treinta, me encuentro al heroe de la historia , a un señor que ya viéndome como una verdadera loca , los cabellos como los de la muñeca de Anabel pero peor y bañada en sudor le pedí si me podía ayudar a traerlo de regreso.

El señor vecino agarró al Balu y se lo trajo arrastrando, no el al Balu, el Balu a él. Llegamos a la casa y fue severamente regañado.

El Señor no, el Balu. Se tuvo una plática reflexiva, un regaño fuerte y se le dijo con rigor ¡ Estás castigado ! Supongo que que si se sintió preocupado por el malestar que generó porque se subió a su casa muy campante después de toda la odisea. Así el segundo día de vacaciones de una maestra Tantarabuela.

MAYRA DÍAS / Un Cuento para el Domingo / San Luis Potosí, S.L.P. / Junio 28 de 2026.

El famoso Balu.
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