Rubén Ibarra no ha vuelto, pero lo intenta. Su nombre reaparece entre las grietas del caos universitario como quien prepara terreno para el retorno, aprovechando el desconcierto general. Y es que hoy, la Universidad Autónoma de Zacatecas atraviesa uno de sus momentos más críticos: paros en diversas unidades académicas, inconformidad del personal docente y una comunidad estudiantil atrapada entre la incertidumbre y el hartazgo.
La chispa que encendió la mecha fue la dispensa unilateral de plazas y ascensos a maestros con menor antigüedad que otros, bajo el argumento de que “es facultad del rector en turno” y que los cambios no pueden revertirse. Tal abuso, heredado de la administración anterior, ha sido la gota que derramó el vaso. El SPAUAZ intervino, apoyando el paro y denunciando públicamente la violación sistemática del contrato colectivo. Lo que parecía un conflicto administrativo se convirtió en un movimiento de resistencia moral.
Mientras tanto, en los pasillos donde nunca deja de respirarse política, el nombre de Rubén Ibarra vuelve a circular. Su solicitud formal de reincorporarse a la universidad, presentada semanas atrás, ha cobrado nueva relevancia. Y no es casual: el desorden actual —heredado y convenientemente amplificado— funciona como un distractor perfecto. Cada día de conflicto es tiempo ganado para quien busca regresar con el argumento de la “necesidad institucional” o de una “resolución pendiente”.
Detrás de todo, se menciona también a Perla Trejo, su inseparable aliada y operadora. Ambos, según rumores persistentes, no han dejado de mover los hilos desde las sombras. Quienes resultan beneficiados con las nuevas plazas y ascensos son, precisamente, allegados a su grupo político universitario. Así, el poder sigue girando alrededor de los mismos nombres, aunque oficialmente ya no ocupen los cargos.
El actual rector, que en su toma de protesta prometió resolver los excesos del pasado, hoy parece paralizado. Ni ha restablecido la confianza con el sindicato, ni ha atendido las demandas de transparencia. Su silencio es leído por muchos como debilidad, y por otros, como complicidad. En cualquiera de los casos, la universidad se hunde en un clima de descontento y sospecha.
Docentes de distintas unidades, estudiantes —locales y foráneos—, madres y padres de familia, llevan dos semanas sin clases. Nadie vislumbra una pronta solución. La parálisis institucional se ha convertido en el espejo de una universidad atrapada en su propio laberinto de poder.
Y mientras las aulas siguen cerradas, Rubén Ibarra espera. Sabe que el tiempo y el cansancio social pueden volverse sus aliados. Que cuando todo se detiene, quien se mantiene en movimiento —aunque sea desde las sombras— lleva ventaja.
Lo cierto es que la UAZ vive hoy una crisis que no es solo laboral ni académica: es moral. Porque cada decisión tomada con favoritismo, cada silencio cómplice y cada maniobra de quienes “nunca se fueron” erosiona lo más valioso que debería tener una universidad: su credibilidad.
Rubén Ibarra y Perla Trejo encarnan ese viejo poder que se resiste a morir. El poder que no rinde cuentas, que confunde autonomía con impunidad. Pero su regreso —si llega— no sería una victoria, sino la evidencia de que, en la UAZ, el cambio sigue siendo una palabra vacía.
Tres para ti Doc.
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VICTOR HUGO GARCÍA / Tercera Fuerza / Zacatecas, Zac. / 30 / octubre / 2025.

