Aunque queramos, de buenas intenciones no se vive, es necesario actuar de manera coordinada porque cuando cada quien jala agua para su molino, la buena voluntad y las ganas de hacer las cosas de forma diferente, no sirven de mucho y terminamos cayendo al mismo círculo vicioso.
Lo que sucede en la Universidad Autónoma de Zacatecas en materia de violencias no es nuevo, el callarlas tampoco, sin embargo, a diferencia del pasado, la valentía de alzar la voz y denunciar las tropelías se está convirtiendo en una constante, aunque los resultados y la atención no van al mismo ritmo.
No cabe duda que la intenciones del rector de la máxima casa de estudios, Ángel Román Gutiérrez son buenas, empero, de poco sirven cuando no hay una verdadera coordinación del equipo de trabajo.
Siempre lo he dicho, los jefes de todas las esferas están para atender lo urgente y el equipo está para resolver lo importante, y, considerando la magnitud de la comunidad universitaria, resultaría imposible que el que dirige el barco, atienda todo personalmente.
Hago esta relatoría para intentar visibilizar la importancia de dirigir los esfuerzos en un mismo sentido, porque, de lo contrario, nada funciona y aún peor, se complica.
Lo expongo porque hace un par de días presencié la mesa de diálogo entre las autoridades universitarias, encabezadas por el rector y un grupo de estudiantes de la Unidad Académica de Antropología, luego de que estos últimos determinaron tomar el Campus II para denunciar acoso y hostigamiento sexual por parte de un docente, además de actos de violencia por parte de la directora de la unidad académica contra una alumna.
En la reunión ventilaron datos sensibles que, para cuidar las formas, no nos fue posible transmitirla pero sí presenciarla.
Si bien se observó real interés por parte de las autoridades para resolver el conflicto y firmar los acuerdos, se ha convertido en una constante que no todos estos se cumplen a cabalidad, quitándole el respeto a la palabra empeñada y, en este caso a los documentos signados.
Me parece sumamente grave que quien está a cargo de la defensoría universitaria haya hecho el compromiso con los estudiantes de recibir los testimonios de ex alumnas bajo el esquema del anonimato, compromiso de la que fui testigo, y ahora, en la reunión de seguimiento les dijera a los estudiantes que no lo recordaba y que los testimonios los quiere con nombre porque no hay certeza de que sean válidos.
Esta es una clara muestra de que en muchas ocasiones el dirigente y su equipo no se encuentran en el mismo canal, cuyas repercusiones pueden ser catastróficas, pues para empezar se demuestra que no hay respeto a los acuerdos y, lo más grave, los actos impropios y hasta delictivos pueden quedar impunes, lo que se convierte en un círculo vicioso que ha durado décadas.
Es toral romper con estas prácticas y brindar espacios libres de todo tipo de violencia, eso implica remar contra corriente, porque se trata de destruir los estereotipos, los paradigmas, los vicios y la indiferencia.
El rector tiene la disposición y la voluntad de hacerlo, pero requiere que su equipo esté en la misma sintonía, que se comprometan doblemente en la responsabilidad que ostentan, porque una falla en la toma de decisiones le da en la madre al esfuerzo de los demás.
Para lograr el cambio de manera integral es necesario dejarse de amiguismos, compadrazgos y tráfico de influencias, debe prevalecer la conducta intachable, el respeto hacia los demás y lo más importante, deshacerse de las manzanas podridas… El camino para lograrlo es largo y sinuoso, lo importante es empezar a recorrerlo… AL TIEMPO.
MIRIAM SERRANO / Al Tiempo / Zacatecas, Zac. / Abril 15 de 2026.

