En la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), la democracia universitaria se ha vuelto un ritual vacío, una ceremonia cuidadosamente escenificada para dar apariencia de legitimidad a decisiones que ya fueron tomadas en la penumbra del poder. El reciente proceso electoral no fue la excepción: trampas, pactos soterrados, desinformación y el control absoluto de las estructuras burocráticas universitarias dominaron el escenario. Más que una contienda, se trató de una puesta en escena. Más que una elección, de una herencia.
Ángel Román Gutiérrez fue presentado como candidato, pero en realidad fue ungido como heredero. Desde antes de que se anunciara su postulación, su nombre circulaba como el “delfín” del entonces rector, Rubén Ibarra. La continuidad del proyecto no estaba en disputa. Lo que estaba en juego era la capacidad del aparato universitario para maquillar su control total bajo la apariencia de participación democrática.
El proceso electoral mostró síntomas de una institucionalidad en ruinas: nula transparencia, ausencia de debates reales, estructuras cooptadas, y una comunidad universitaria cada vez más ausente y silenciada. Los votos, cuando existen, son condicionados por miedo, por favores o por omisiones. Las planillas se arman no con los mejores perfiles académicos o administrativos, sino con cuotas de poder, lealtades políticas y compromisos de grupo.
La simulación llega al extremo de invocar el «voto libre» mientras se manipulan padrones, se ocultan irregularidades y se castiga a quienes disienten. La participación estudiantil fue mínima, y no por desinterés, sino por exclusión. ¿Quién puede hablar de comunidad universitaria cuando se gobierna de espaldas a ella?
La pregunta central es incómoda pero inevitable: ¿ganó la UAZ o ganó la estructura de poder que la controla? Si juzgamos por los resultados, fue esta última la que salió reforzada. La Universidad, entendida como espacio de pensamiento crítico, deliberación y autonomía, perdió. Se impuso el clientelismo, el cacicazgo, la lógica del control sobre la lógica del conocimiento.
Román Gutiérrez, con su perfil técnico y su cercanía al grupo en el poder, representa la continuidad de un modelo que ya ha mostrado sus límites: una universidad capturada por intereses internos, donde la crítica es un riesgo y la independencia una amenaza. La UAZ vive una forma sutil pero brutal de autoritarismo: uno que se disfraza de elección, que se justifica con discursos de unidad y que se perpetúa en la inercia de una estructura funcional para unos pocos, pero ajena al espíritu universitario.
Lo más grave es que esta simulación se normaliza. La comunidad académica se resigna, los estudiantes se alejan, y la sociedad zacatecana observa con indiferencia o con temor. La autonomía universitaria, otrora conquista histórica, se ha vuelto el escudo de la impunidad y no el garante del pensamiento libre.
La esperanza, si es que aún puede hablarse de ella, reside en quienes no se callan, en quienes aún creen que la Universidad no es propiedad de un grupo, sino patrimonio de una sociedad que exige verdad, justicia y transformación. Esta columna no busca alimentar el cinismo, sino sacudirlo. Porque mientras la simulación persista, la Universidad seguirá lejos de sí misma.
El rector interino, lejos de recuperar la confianza, ha sido incapaz de romper con los viejos esquemas que defienden el status quo.
¿Qué estarán saldando?
¿Qué se está ocultando?
¿El ex rector sigue operando?
Inédito y curioso, tres rectores y ninguno acciona.
Pero el remedio aún está en pie: en testimonios incómodos, en documentos públicos que denuncien simulaciones, en voces de académicas y tantos estudiantes que hoy exigen más que pláticas y promesas. Porque mientras prevalezca la simulación, la Universidad seguirá encerrada en su propia farsa.
Tres para ti Doc.
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VICTOR HUGO GARCÍA / Tercera Fuerza / Zacatecas, Zac. / 12 / junio/ 2025.

