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Las palabras incluyen o excluyen

La verdadera comunicación requiere de intención, pero también de respeto. Las palabras pueden ser una plataforma que contribuya a la comunicación o pueden levantar un muro infranqueable que limite y aísle a la persona que vive con la condición de hipoacusia (sordera).

En esta columna exploramos, cómo el lenguaje de una persona sorda puede transmitir un mensaje, pero también cómo afecta las relaciones humanas. En artículos anteriores ya he comentado que cada quien construye su propio camino de rehabilitación, sin embargo, insisto que el método audioverbal permite mayor independencia y autonomía en las personas con hipoacusia; brinda seguridad y autoestima para buscar sus propias oportunidades de recreación, trabajo y crecimiento personal. Tomando en cuenta lo anterior este artículo habla sobre las personas que optaron por el método audioverbal ya que me refiero al impacto de la palabra expresada a través de la voz. El método audioverbal requiere de un trabajo continuo que debe ser guiado por la terapeuta, es un método de resultados a largo plazo pero que asegura la integración de la persona con hipoacusia a la sociedad.

Es importante recordar que el desarrollo del lenguaje comienza desde la vida intrauterina, al nacer los pequeños ya reconocen entre otras cosas, la voz de la madre y el latido del corazón y, ¿qué sucede con un pequeño que nace sordo? Él “nace al sonido” cuando le colocan su primer auxiliar auditivo; la nitidez del sonido que percibe un bebé depende de la buena adaptación que haga el audiólogo del auxiliar auditivo, así como de la calidad del equipo. Una de las oportunidades que marcan la diferencia en la vida de los pequeños con hipoacusia es recibir un implante coclear durante los primeros años de vida y eso sería posible si se cuenta con el diagnóstico oportuno a través del TAMIZ AUDITIVO NEONATAL, el cual se puede realizar a la semana de nacido. Este camino de detección temprana y adaptación de un implante coclear a muy corta edad asegura el éxito del desarrollo del lenguaje lo más natural y relajado, por lo tanto, es probable que no existan tantos obstáculos como los que surgen para los niños que usan curvetas (audífonos) o que reciben un implante después de los cinco años de edad.  Los pequeños que viven estas circunstancias desarrollarán un lenguaje que requerirá de mayor esfuerzo, sesiones de terapia constantes, práctica y disciplina que lleve a los padres y agentes educativos a integrar las palabras de manera sistemática en las rutinas y diferentes ambientes que frecuenta el pequeño. Conforme va creciendo el niño, se requiere de una comunicación constante entre terapeuta, familia y agentes educativos, fomentar la comunicación y realizar un registro de palabras que le permita a los padres buscar sinónimos ya que más adelante el pequeño tendrá que encontrar la forma de expresarse de una manera socialmente aceptable. He aquí donde requerimos tener cuidado con la forma de hablar en casa, darles frases de cortesía como a cualquier niño, gracias, por favor, de nada, con permiso, buen día, evitar el uso de malas palabras y fomentar la lectura. Todo este plan de trabajo rendirá sus frutos más adelante.

A lo largo de los primeros cinco años se lleva al pequeño a descubrir las pautas del lenguaje que dan la carga emocional como lo son el volumen, los gestos, el tono que se emplea, la importancia de modular sus risas y evitar gritar o usar un volumen alto al hablar.

Esta tarea puede ser cansada tanto para el pequeño como para los padres, pero es preferible trabajar diario para ayudarlos a percibir qué es lo socialmente aceptado.  En el caso de mi hijo fue algo que le ayudó a comunicarse mejor. Hay varias anécdotas que evidencian la importancia de una frase correcta y otra que puede confundir al receptor del mensaje. Cuando mi hijo con hipoacusia tenía 10 años, un día cansado de las travesuras de su hermanito de un año de edad, exclamó con fuerza en medio de mucha gente “¡Mamá, mételo en la jaula!” Para él, jaula significaba corralito de bebé; todos rieron, pero debíamos aclararle que ese término no era correcto al hablar de un niño, aunque la función de una jaula y un corralito de bebé cumplan con la misma función, limitar el desplazamiento.  En otra ocasión fuimos de visita a la casa de una amiga, mi hijo solicitó el baño y al ver que regresó inmediatamente a la sala le pregunté sí había entrado al baño; me respondió que no y le cuestioné la razón a lo que comentó “Entró la vieja” obviamente para él, las palabras que utilizó resolvían la comunicación, pero era indispensable hacerle notar que no es aceptable la palabra “vieja” para referirse a un adulto mayor, que era mejor llamarle “abuelita” o “señora”. En otra ocasión le pidieron en la escuela la descripción de una persona utilizando las características físicas, para expresar el color de piel, usó la palabra “café” que despertó cierta gracia en quien lo leía, pero nuevamente era indispensable encontrar un sinónimo que no sólo brindara solución para expresar el mensaje, sino que fuera socialmente adecuado. ¿Qué sucedería sí al pequeño con hipoacusia no se le apoya para corregir sus frases? Llegaría a la adolescencia y al perder la gracia y ternura de la infancia estas frases sonarían rudas, groseras y serían mal vistas por las personas en general, transformarían el ambiente que rodea al joven con hipoacusia de una manera negativa.

En conclusión: el lenguaje es más que palabras; es una herramienta que moldea la forma en que nos relacionamos con el mundo y con los demás. Acompañar a un niño con hipoacusia en el aprendizaje de expresiones socialmente adecuadas no es solo una tarea de corrección, sino un acto de inclusión. Pequeños ajustes en su forma de comunicarse pueden marcar la diferencia entre la inclusión y la exclusión, entre la risa compartida y la incomprensión. Como padres, agentes educativos y sociedad, tenemos la responsabilidad de guiar con paciencia y empatía, asegurando que cada palabra no solo exprese un mensaje, sino que también construya una comunicación sensible hacia una convivencia más respetuosa y equitativa.

ROCÍO ALONSO MÉNDEZ / Reflexionando sobre discapacidad auditiva / Mérida Yucatán / 3 de marzo de 2025.

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