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Castillo de naipes

No es la primera vez que menciono que por más veces que digas una mentira, ésta jamás se convertirá en verdad, pero créanme cuando les digo que debo hacerlo una vez más, pues lo ocurrido el pasado fin de semana nos dejó perplejos, con harta zozobra, incertidumbre y miedo, la paz que tanto han pregonado se les desapareció.

El sábado pasado nos despertamos con una historia de terror en pleno desarrollo, el hallazgo de 10 cuerpos sin vida en los municipios de Pánuco, Morelos y Sain Alto.

La información fue fluyendo a cuentagotas, incluso se conoció la identidad de las víctimas a través de otros actores que publicaron esquelas y condolencias, no así por voz de la autoridad que expuso los nombres de las personas hasta que éstos ya se habían socializado a través de diversas redes.

Lo que sucedió resulta indecible, bastaron unas cuantas horas para desplomar la tan desgastada retórica de la pacificación del estado que cayó cual castillo de naipes, donde semana a semana y, en los últimos meses a través de la reciente Informativa que encabeza el gobernador David Monreal, se han empeñado en hacernos creer con su mundo de cifras y gráficas que nos encontramos en el paraíso, en uno de los estados más seguros del país.

Resulta increíble el discurso del secretario general de gobierno, Rodrigo Reyes sobre el gran reto que tiene en este momento la Fiscalía General de Justicia del Estado, dando a entender que es uno de los casos más graves que han sucedido en la entidad, parece que tiene la memoria un poco corta.

Siempre he pensado que todo ser humano, por el sólo hecho de serlo merece el mismo trato y respeto, es decir, cuando a alguien se le arrebata la vida, no importa si esa persona es conocida o no, ello no debe hacer una diferencia en la calidad de las investigaciones.

Para muestra, basta con hacer una rápida cronología de los homicidios registrados en los cinco años de la nueva gobernanza bajo las mismas características del multihomicidio perpetrado el pasado sábado, para darnos cuenta que el reto siempre ha estado enfrente, independientemente de quien encabece el órgano investigador.

De acuerdo con la consulta hecha en varios medios de comunicación locales y nacionales, entre 2021 y 2022 se registraron hechos muy similares al más reciente, donde las víctimas también fueron dejadas colgadas en puentes, incluso cómo olvidar el vehículo que fue dejado en plena Plaza de Armas con al menos 10 cuerpos el 6 de enero de 2022.

El recuento de noviembre de 2021 a febrero de 2022 suma al menos 50 personas asesinadas y dejadas a la vista de todos.

Bajo ninguna circunstancia pretendo minimizar lo sucedido este fin de semana, pues en este caso en particular se trató de empresarios y funcionarios públicos, extrañamente no afines al gobierno actual, circunstancia que deja en el aire una sensación de incertidumbre previo a la apertura del próximo proceso electoral.

Otra arista que llama la atención es el discurso asumido sobre el hecho de que ninguna de las desapariciones fueron denunciadas formalmente a la autoridad por parte de los familiares, que algunas de las víctimas dieron positivo a algún narcótico y que las principales líneas de investigación son la extorsión y la colusión de servidores públicos.

Y ustedes pueden preguntarse ¿Por qué llama la atención?, en primer lugar porque en el caso de las denuncias por desaparición, cuántas de éstas se han hecho formalmente de forma inmediata cuyo resultado ha sido exitoso, no muchas, así que no hay garantía alguna de que, de haberlo hecho, las personas que hoy ya no están con los suyos se hubieran salvado.

En el mismo tenor, los datos vertidos sobre el posible consumo de narcóticos y que las principales líneas de investigación son las antes mencionadas deja ver entre líneas que las víctimas tal vez no lo son, y que, incluso hasta pudieran ser responsables de lo sucedido; no se puede ni se debe revictimizar, porque los fallecidos ya se fueron, pero sus familias siguen con el dolor a flor de piel.

Hay datos e información que se vierte erróneamente en la desesperación de justificar e intentar hacer un control de daños, afectando a quienes hoy sufren la ausencia de su esposo, padre, hijo o hermano.

Entonces, sean conocidos o no, todos merecen una investigación exhaustiva que permita el esclarecimiento de los hechos, toda comisión de delito debe ser un reto para el órgano investigador, independientemente de quién se trate, de lo contrario no sólo se le fallará a los deudos, sino a toda la sociedad zacatecana… AL TIEMPO.

MIRIAM SERRANO / Al Tiempo / Zacatecas, Zac. / Julio 22 de 2026.

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