Cuando volteas a tu alrededor y ves todo tan descompuesto, la seguridad, la economía, la educación, etcétera, cuestionas y buscas quién o quiénes son los responsables de la descomposición social y la primera idea que aparece es que se trata del gobierno fallido.
Sin embargo, es preciso exponer que no toda la responsabilidad cae en las autoridades, pues sí bien no han hecho un buen papel en los últimos tiempos, quienes integramos la sociedad somos corresponsables.
Aquí cabe la pregunta ¿Qué valores inculcamos a nuestros menores en casa?, y digo menores y no hijos porque hay quienes no han tenido la experiencia de ser padre o madre, sin embargo, eso no nos exime como integrante del seno familiar de predicar con el ejemplo e inculcar a los menores de edad la importancia de conducirse de forma honesta.
Hace algunos días surgió una denuncia pública sobre la aplicación de exámenes de la Unidad Académica de Medicina de la Universidad Autónoma de Zacatecas, en la que se expuso que no hubo piso parejo en algunas materias porque algunos alumnos, la mayoría de los que aprobaron, lo hicieron gracias al uso de la Inteligencia Artificial.
Mientras que otros, los reprobados, argumentaron que ellos no hicieron trampa y que era injusto que los obligarán a recursar la o las materias presentadas mientras que los tramposos ni sufren ni se acongojan.
Esta situación se presta a una reflexión profunda sobre qué estamos haciendo en nuestros hogares con relación a la formación de los niños y jóvenes, pues esa parte es responsabilidad de los padres o madres, tíos o tías, abuelos o abuelas, es decir, las autoridades educativas no saben ni tienen responsabilidad sobre lo que ocurre de la puerta de la casa hacia adentro.
Esta problemática se derivó de la aplicación de exámenes en línea, así que, algunos se abstuvieron de hacer uso de la inteligencia artificial y se sujetaron sólo a sus conocimientos y ello no les alcanzó para aprobar, mientras que otros, bajo el cobijo de la aplicación virtual, decidieron apoyarse en estas nuevas tecnologías para lograr aprobar.
Sin embargo, desde mi perspectiva ambas posturas son incorrectas, en el caso de los primeros, por el hecho de no tener el valor de reconocer que el conocimiento adquirido no les fue suficiente para aprobar, lo que implica también ser honestos consigo mismos y entender que de alguna manera les faltó preparación.
En el caso de los segundos, también deben reconocer que actuaron de forma incorrecta al no sujetarse a lo que conocen, sino utilizar herramientas extras para lograr aprobar, lo cual resulta gravoso, pues efectivamente, qué garantía tendrá la sociedad de que esos próximos médicos realmente tendrán el conocimiento suficiente para poner en sus manos su salud.
En ambos casos queda demostrado que la falla no está precisamente en la institución educativa y la metodología de la aplicación de las evaluaciones, sino en el cúmulo de valores que a lo largo de la vida se van entretejiendo en la formación personal, académica y profesional de los seres humanos.
Vale la pena realizar desde nuestro entorno una retrospectiva de cómo hemos hecho las cosas en este sentido, regresar sobre los pasos dados y retomar el rumbo con los nuestros, si es que en algún punto nos perdimos.
Nunca es tarde para recomponer el camino, sólo que para ello debe haber humildad para reconocer que nos equivocamos, honestidad para asumirlo y el valor para volver a empezar desde donde sea necesario… AL TIEMPO.
MIRIAM SERRANO / Al Tiempo / Zacatecas, Zac. / Junio 24 de 2026.

