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Viejos mitómanos y una camada de nuevos mentirosos

L Gabriel Gayosso BermanL. Gabriel Gayosso Berman/ La Cicuta/ San Luis Potosí, S.L.P.
La costumbre de engañar a las personas, de mentir, de prometer y no cumplir, de ser incongruente entre el decir, el pensar y el actuar, parece una situación habitual y consuetudinaria entre los políticos, funcionarios y servidores públicos.
Si bien podríamos llamar costumbre o práctica cotidiana, también se considera una patología adquirida, pues para escalar social, económica y políticamente en nuestra sociedad se requiere de emular estereotipos y aprender a mentir con la mayor desfachatez posible.
De conformidad con la Real Academia de la Lengua Española, a esta característica humana se le llama “Mitomanía”, y se le define como la tendencia morbosa a desfigurar, engrandeciéndola, la realidad de lo que se dice.- Tendencia a mitificar o a admirar exageradamente, la realidad de lo que se dice.
Aunque con esta sentido se define a quienes les da por magnificar sus acciones o logros, como por ejemplo, la “grandes “ reformas estructurales recientemente propuestas por el ejecutivo federal, aprobadas por el legislativo y que afectan directamente a toda la población en general, y no para bien de los mexicanos.
O la entrega de despensas, cobijas o laminas a los habitantes de comunidades alejadas, solo visitadas para las fotos mediáticas o las estadísticas; o la construcción de estufas ecológicas, a fuerza de la depredación de los bosques y montes de la zona huasteca, que en nada ayudar al desarrollo y progreso de la entidad.
A la mitomanía, también se le denomina mentira patológica o pseudología fantástica (aunque esta última podría considerar una redundancia, pues la pseudología se describe como el trastorno mental que consiste en creer sucesos fantásticos como realmente sucedidos), y son los varios términos aplicados por los psiquiatras para nombrar el comportamiento de los mentirosos compulsivos o habituales.
A pesar de que es un tema controvertido, la mentira patológica se ha definido como una invención inconsciente y demostrable de acontecimientos muy poco probables y fácilmente refutables.
El caso es, que en la política o en la actividad que realizan los políticos en México, la mitomanía es una actividad recurrente, cotidiana, consuetudinaria, aceptable, socorrida y además valida.
Así tenemos que en las declaraciones realizadas por cualquier funcionario público, de los tres poderes de la Unión, y particularmente del Poder Ejecutivo y Legislativo, compiten por ver quien dice más mentiras y quien pude engañar con mayor certeza a la población, convirtiéndose en un verdadero concurso de mentirosos patológicos.
Desde el inicio de las contiendas electorales, los discursos de campaña están plagados de frases, oraciones y constructos falaces que buscan crear, en el ánimo de la población, la esperanza de que tiempos venideros serán mejores, que los aspirantes y sus partidos son la panacea para todos los males sociales y que si sufragan por ellos, la vida será más placentera. ¡Que todo México será mar, porque en el mar, la viada es mas sabrosa!
Una vez apoltronados en sus respectivos cargos, se busca sangrar a más poder el erario, realizar negocios lícitos y unos no tanto, utilizando el tráfico de influencias y el poder que da el ser representante popular sin permitir cuestionamiento alguno que ponga en duda su credibilidad, honorabilidad, preparación legislativa o ejecutiva según sea el caso; y “su preocupación por los más desprotegidos, necesitado y vulnerables”, recibiendo para ello jugosos salarios y excesivas dietas por el esfuerzo que realizan en pro del desarrollo y progreso nacional y de los mexicanos.
Pero esta pseudología crónica no es privativa de los funcionarios burócratas y los legisladores, llega hasta los organismos de seguridad pública, procuración e impartición de justicia. Áreas gubernamentales sensibles que tienen como prioridad dar certeza a la vida y convivencia de las personas.
Así tenemos que elementos policiales que deben salvaguardar la integridad física, bienes, patrimonio y vida de los individuos; roban, asaltan, secuestran, extorsionan y en algunos casos matan, es decir, privan de la vida a otras personas, sin ningún castigo o sanción, o en el mejor de los casos, con sanciones administrativas o se dan la fuga; ¿o no es así señores Urban Ocampo y Calvario Ramírez?
Policías que extorsionan al conductor, al peatón, al ciclista, al comerciante en pequeño, al chavo banda o al obrero trabajador, al campesino, o a quien se les pueda sacar unos pesos, al amparo de la obscuridad, de la lejanía, de la solitaria calle o del uso de la fuerza y el montón, amparados en el poder público y la representación de la autoridad.
Jefes policiales que piden cuota diaria por patrulla, por motocicleta, por turno, por sector o por área; por las grúas, por las pensiones, por los permisos, por los descansos, por los cambios de adscripción, por cambios de plaza, por las vacaciones, por las propias plazas o por los reingresos, por todo. Como ejemplo, un rumor conocido en cierto edificio de una corporación ubicada por el Eje Vial en esta ciudad, “Si quieres hablar con el jefe, prepárate, pues si no tienes más que dejar, hasta el lapicero te tumba”.
Y en tanto, los boletines de prensa hacen apología del trabajo comprometido, de la honestidad, de las certificaciones con exámenes de control de confianza; de capacitación en materia de derechos humanos; de profesionalización y de inversión multimillonaria en equipamiento, instalaciones, capacitación, prestaciones y demás supuestas acciones que servirán para brindar seguridad, tranquilidad y paz social.
Y que podemos confianza podemos tener los ciudadanos, cuando un Procurador de Justicia del Estado, dice desconocer o no tener registro de actividades relacionadas con la Trata de Personas, cuando frente a su oficina, todos los días y casi a todas horas, se vende al mejor postor el cuerpo de varias mujeres y algunos hombres, ejerciendo la actividad más antigua del mundo.
O en un alcalde, quien detenta el título de abogado y en sus tiempos mozos fuera elemento policial, que se justifica para no sancionar o despedir a un par de policías asaltantes y ladrones, con el pretexto de “si los despido, me ganan el juicio”. ¡No es lo mismo ser Rector universitario que estudiante de Derecho!
La mitomanía institucional ha llegado al grado tal de la desfachatez y desvergüenza que se nos pretende hacer creer que la independencia y la separación de los poderes se hizo patente en la elección de los Consejeros “ciudadanos” del Consejo Estatal Electoral, del Auditor Superior del Estado o hasta la imparcialidad de la elección del gremio de los abogados potosinos.
Pero no todo el pueblo o los ciudadanos han perdido la memoria histórica; un buen número de individuos pensantes y preocupados por la vida pública de la entidad, creyentes del verdadero estado de derecho; de la supremacía de las leyes y la aplicación de las mismas, están al pendiente y al acecho porque las malas acciones no se repitan, que no vuelvan los mismos chapulines políticos a aparecer en el escenario de la vida pública local, y buscaran la aplicación de la ley para los deshonestos, de los fementidos, de los ladrones cobardes que se ocultan en el poder público y político.
Ya se ven los preparativos para la contienda electoral, los aspirantes y futuros contendientes hacen sus respectivos preparativos para hacer gala de la mentira patológica y buscar el escaño político correspondiente, preparan sus mejores artimañas y triquiñuelas para defenestrar a sus contrincantes, pública y privadamente, con la verdad, con el engaño, con la mentira, con el rumor infundado y con la calumnia, pues el fin justifica los medios y todo sea por servir a la población.
Veremos a los viejos mitómanos y a una camada de nuevos mentirosos. Oiremos las viejas promesas y las nuevas mentiras. Sentiremos la esperanza renovada y la reiterada decepción. Pero la vida continuara entre la incongruencia del decir, el pensar y el actuar.
Sera la población la que emita su sentencia sabia, en el ejercicio libre del sufragio y la defensa del mismo. Los resultados y las descalificaciones públicas de la población se verán reflejadas en la conformación del legislativo próximo y de quien será el titular del ejecutivo.
Los partidos políticos saben y están conscientes que deberán proponer a sus más hábiles partidarios para esta justa electoral, pues su credibilidad esta tan por los suelos que ni sus mismos integrantes creen en ellos.
Preparémonos pues atender una embestida de mitómanos, de mentirosos patológicos o pseudologías crónicas que se harán patentes en los próximos meses, como una pandemia peor que la de influenza, que sigue siendo negada consuetudinariamente.
Comentarios: El Secretario General de Gobierno, Cándido Ochoa Rojas, ha obtenido últimamente, dos triunfos políticos: la elección de su prospecto a la Auditoria Superior del Estado y su candidato a la Asociación de Abogados de San Luis Potosí. Prepara su joya de la corona. La elección de 11 once magistrados del Tribunal Superior de Justicia del Estado que deben renovarse en este año. Como buen jurista, seguidor de la doctrina de la No Reelección, ha abandonado la idea de ser gobernador. No quiere repetir.

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