Por Mayra Díaz/ de Rosa/ San Luis Potosí, S.L.P.
En una helada noche navideña, un hombre camina apesumbrado recorriendo las calles de la gran ciudad. Con su andar encorvado arrastra sus pies. Este año ha perdido el sentido de la vida. Su compañera adelantó el camino y le ha pegado fuerte. Le ha dolido el alma y las entrañas.
La ilusión se ha evaporado intempestivamente, pero la vida le obliga a avanzar aún cundo se siente enmohecido del alma.
Las luces de colores se prenden y apagan incesantemente, pero nada le resulta atractivo.
Tres meses sin trabajo y un hogar que huele a ausencia Contrastando con su vida, las familias disfrutan deleitándose de una cena navideña.
¿Entusiasmo? que palabra tan lejana en una noche tan especial para muchos.
Continúa avanzando y un par de ancianos buscan calor en una fogata improvisada en un bote de basura. De momento su atención logra detenerse en un hombre que se encuentra parado muy cerca del borde de un puente, como si las aguas le invitaran a unirse.
Por una fracción de segundo intenta persuadirlo…¡¿ Persuadirlo de qué ?! Si el mismo carece de esa fuerza necesaria para aferrarse a la vida, apesumbrado.
Entra por un callejón obscuro y en medio de la nada un perro escuálido y entumecido por el frio le observa con esos ojos, esos que hablan del hambre y del abandono.
Pasa a su lado y el perro lo husmea, en un acto de compasión el hombre se acerca y le frota una oreja. Conexión inmediata… el perro ahora lo acompaña.
El solitario ha caminado cuatro horas sin parar. Un columpio en un parque le invita a sentarse. Empieza el balanceo y recuerda como si fuera una cinta de película su infancia alegre y despreocupada. Viene a su memoria los juegos de futbol, la alegría de aquellos años.
Algo le ha sacudido su apática existencia. Detiene el columpio y repara en la figura del perro que menea la cola una y otra vez. Le otorga otro cariño y le mira con ganas de afecto.
Continua su trayecto con su nuevo amigo. Llega a su casa y entra por delante su invitado. Por primera vez en muchos días no se siente triste.
Dos soledades que han juntado su camino, que extraviados y sin sentido han combinado la ausencia para dar paso a la amistad. Esa que tanto se valora en una noche de navidad.

