Por Mayra Díaz/ de Rosa/ San Luis Potosí, S.L.P.
Cuando aterriza uno en el mundo, requiere incesantemente ser nombrado de alguna manera.
A la usanza antigua, se estilaba seleccionar el apelativo según el día de nacimiento y el calendario. Así que tremendo impacto para aquel que por desgracia nació un 20 de noviembre, cuya asignación era Revolución Mexicana. Que tal que le tocó llegar el día de San Goloteo, Epifanio, Herculano y nomás para darle algunos ejemplos de tan siniestras asignaciones.
Y luego ya ve como somos los mexicanos que pese al esfuerzo de seleccionar el nombre correcto, gustamos de acortar, de transformar o de plano de cambiarle. Así que de aquella flamante y esplendorosa Jessica Montserrat viene quedando en: “La flaca“, “muñe“ o vaya usted a saber. De aquel Mauricio, en la actualidad se le conoce como “El titino“, “El tuercas“ si bien le va.
Con el correr de los años se contemplaron otra serie de situaciones para seleccionar él como la susodicha-o llevaría tal denominación.
La entrada de la televisión a los hogares y las primeras telenovelas fueron punto de partida importante para las generaciones de: Vanessa, Juliana, Casandra, Milagros y para los caballeros era muy, muy de moda los dobles nombres de galán de cine. Emilio Antonio, Roberto Andrés y así por el estilo. Eso sí muy largos y fuertes para a aquello del impacto.
Otras consideraciones para colocar un nombre y que aún prevalecen en nuestros días es la herencia. Dígame en que familia no tenemos tres generaciones de arrastre del bisabuelo, abuelo, padre y demás. Pues pobre del chamaco si sus consanguíneos eran llamados Epifanio… ya se imaginara tres traumas vivenciales por la culpa del primero.
Es que así nomas de golpe y porrazo nos encasquetan el nombre. Alguno me dirá que ya en estos días al que no le guste
efectúa un juicio y puede de manera legal modificar tal legado.
Pero imagine que a Petronilo Nepomuseno de la noche a la mañana se le conozca como Mauricio, Fabián o algo más o menos así. No, no, no. Solo que vaya usted a cambiar de residencia, que nadie sepa de su oscuro transitar por esta existencia llamándolo Petri, o Nepo o bien la siguiente opción que dudo mucho se lleve a cabo.
Convertirse en afamada estrella de cine para lo cual con el nombre puede darse el lujo de enterrarlo en un baúl a cien metros bajo tierra y ni quien reclame. Muy por el contrario los fans le estarán eternamente agradecidos que actué de esa manera. Algunos del medio de la farándula agarraron sus pasados para transformarlos acertadamente.
Alejandro Sánchez es nada menos que Alejandro Sanz, el guapísimo de Ricky Martín es Enrique Martin. Ahora imagine a las miles de fanáticas del cantante y sensual Elmer Figueroa ¿le dice algo? ¡Nooo! claro que Chayanne, ni remotamente se le conoce en este planeta, ni galaxias vecinas con su autentico nombre de pila.
Otro que sabiamente acertó a realizar pequeñas transformaciones de su autentico yo, pero menos “pior” y mas mejor es Alex Sintek quien en sus ayeres era Alejandro Escajadillo. Aquí si que la mejorada fue muy evidente.
Y es que si se trata de la línea comercial, de nombres de alto impacto, se buscan que suenen bien, que chequen con su personalidad y que no sean comunes.
Bueno fuera que amaneciéramos y seleccionáramos el que por el día nos quedara mejor. Así en una mañana radiante que tal ir por la calle y que te llamaran: Adiós esplendor. ¿Qué tal uno de esos donde no quieres saber nada de la humanidad? Bueno pues ese, al levantarte, te pondrías el nombre de “no estoy para nadie “o bien al revés volteado “alegría “y según como se nos diera la real gana.
A pero nooo…diría Cristina Pacheco en uno de sus memorables programas “Aquí nos toco Vivir“. Durante largos años pelea absoluta con mi segundo nombre. Renegué a diestra y siniestra hasta que una mañana frente al espejo me di una buena terapeada. Evangelina, ¿Evangelina? ¡Evangelina¡ ¿si? Sí, como que me va…como que me va. Desde entonces lo acepté gustosamente, claro, claro, con unas pequeñas adecuaciones. Salvo por el detalle de que no soy artista, ni lo seré. Aún con todo me convenció y algunas veces lo incorporo: “Eva“ mas el añadido de mis apellidos y como que ya cambia la cosa, Eva DL ¡mire que me gusta¡ me gusta…
Si usted es de los que creen que según su significado amerita la selección de un nombre le ruego, le suplico, le conmino a que observe con detenimiento los siguientes y no le vaya a dar en la torre a su pobre y recién nacido chamaco.
Cutberto – aquel que brilla por su fama
Proculo – autosuficiente
Filemón – nuestro amador
Herculano – gloria de Dios
Eleuterio – libre
Pánfila – amiga de todos
Agapito – amado deseado.
Y aún con todo lo que brilla, con esa dosis de autosuficiencia, amado y gloria de Dios, amigo de los amigos, y muy, muy deseado le apuesto que alguno de ellos le hubiera gustado llamarse de otra forma. O que mínimo alguien aplicará la iniciativa que hoy faculta a los jueces a sugerir a los padres de familia para que eviten discriminación, pérdida de identidad o mínimo porque se escucha raro.
Así que piénsele dos veces o bien retome el camino de la fama… hasta la próxima.

