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El Sencillo Arte de Querer

mayra diaz-250xPor Mayra Díaz/ De Rosa/ San Luis Potosí, S.L.P.
Llego como un adelanto navideño. Lo colocaron entre mis brazos  y se quedó mirándome detenidamente y sin pestañar durante un minuto. Nos enamoramos al instante. La conexión fue inmediata. Había llegado al mundo para  otorgarme una fuente inmensurable de alegría.
Bernardo : Oso grande y fuerte. Así como así supe lo que era un niño. Venida de una familia de mujeres,  su llegada redescubrió otra manera de percibir la vida.
Antes de caminar ya jugaba futbol. Agarraba mi mano y tambaleando, su piecito golpeaba una y otra vez el balón.
Dicen que los bebes pasan la mayor parte del tiempo dormidos. Ese mito se rompió con él. Corría de un lado para el otro por la casa.  Ese niño con ojos grandes y expresivos no se cansaba jamás.  Al llegar la noche, era casi misión imposible que conciliara el sueño. Las hojas de lechuga decía la abuelita. Báñalo con hojas de lechuga. Pero nada.
Grabados en mis recuerdos tengo muy presente sus brillantes ojos sentadito a un lado de la cama como queriendo que el día fuera más largo y que la noche acabará pronto.
Llegaron pronto los días de preescolar. Dicen que la gran mayoría de los niños irrumpen en llanto en el primer día de escuela. Que lejos de suceder esto. Solo vi una manita diciéndome adiós de lo más contento.
En una ocasión organizaron las mini olimpiadas.  Caminamos un largo tramo del Tangamanga para llegar al lugar.  El brincando de un lado para el otro corría presuroso. Le dije entonces: Bernita, quiero muchas medallas. Al finalizar el día regresamos con cinco. Las mostraba orgulloso y su mamá  cual pavorreal y con una gran sonrisa.
Supongo que para todos los padres los hijos son motivo de orgullo. Le otorgan a nuestra existencia nuevos sentidos, propósitos y anhelos que dejan de ser individuales para trasladarse a los que amamos.
Nos irradian su alegría, nos duelen sus caídas, nos enorgullecen sus logros
Nos regresan en el tiempo. Las escondidas se volvieron el juego preferido. Su mamá se ocultaba y  al encuentro pegábamos carrera para llegar a la base. Los closet, las alacenas, las cortinas de baño. Cualquier lugar fue un buen escondite.
A veces las pistolas con agua y los globos eran armas letales para obtener sonoras carcajadas. Luego llegaron las primeras letras, los dibujos y las muchas horas de canciones.
Ráscame la espalda mamá y cántame. Ritual de cada noche combinado con los cuentos. No me leas, mejor invéntame uno. En la gran parte de ellos el personaje favorito era un niño llamado Bernardo. Cada noche Bernardo vivía una aventura diferente.
Que honor escucharlo recitar una poesía el día de las madres. Escenas que se quedan grabadas en la memoria para no olvidarse jamás.
Guardo con gran cariño un diploma por ser el más amiguero. Caray, que
distinción  tan mas hermosa.
Antenoche entré a su cuarto, me senté a un lado de su cama. Mientras dormía pude reparar que ha crecido a pasos agigantados. Ya casi la cama le queda corta. A últimas fechas cuando vamos caminando por la calle me abraza y observo que ya me pasó. Coloca su brazo sobre mis hombros y veo que ese mi niño chiquito le ha cambiado la voz. Ese trance entre la niñez y la adolescencia donde  se torna más grave. Donde comienza a salir
el bigote y empiezan a cobrar independencia.
Ahora hablamos de chicas, de cómo tratarlas, de la importancia de externar el afecto. Del respeto hacia las mujeres.
Las pláticas del futbol,  de los súper héroes y de los anímales van quedándose atrás. Ahora hay un asalto constante al refrigerador. Un apetito voraz y la fruta y los cereales desaparecen por arte de magia.
Ahora escuchamos muchas horas de música y veo a mi adolescente ir y venir con unos audífonos por la casa. Me sigue encantando que los amigos
lleguen a buscarlo. Quizá lo único permanente es el balón de futbol listo para ser jugado en cualquier momento. Ya no hay más peluches en el cuarto, no cientos de carritos, ni los tasos.
Llegaron a invadir los juegos del Wi, el PCP, los Iphone. Ya no mas lectura de comics ni los Diarios de Greg. Ahora son los Juegos del Hambre.
Lo observó recostado en un sofá donde cuelgan sus piernas largas y delgadas que por mucho ya no caben en ese lugar.
Sin embargo prevalecen conductas como sorprenderme  de manera inesperada y plantarme un beso.
Y entre el ir y venir un ¡te quiero mamá ¡… mi mamá de chocolate.
Entonces me respondo…  no importa cuantos centímetros más crezcas
ni cuanto más te llegue a cambiar la voz, incluso cuantas novias empiecen por desfilar en unos años más. La esencia está ahí.
Hace unos días acudí al llamado de la maestra. Me dijo entonces, señora su hijo es defensor de las niñas, no permite que nadie las ofenda ni las dañe. Es un buen chico.
Caray, pensé… ¡Que orgullosa me siento¡
Cuando en múltiples ocasiones comienzo a escribir, el merodea por este lugar y un día le prometí que hablaría acerca de él.  ¿Y qué vas a decir mamá?  Pues aquí lo tienes, este es mi regalo para ti.
¡Feliz Cumpleaños¡

LA BRECHA
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