Cuando se actúa al margen de la norma para privilegiar a unos cuantos, y en el camino se pisotean los derechos de los demás directa e indirectamente, se demuestra cuán mezquinos pueden llegar a ser quienes determinan actuar de esa manera al costo que sea.
En los últimos meses, los paros ocurridos en la Unidad Académica de Ciencias Biológicas de la Universidad Autónoma de Zacatecas, son derivados de un capricho, pero no de quien exige el respeto a sus derechos laborales, sino de quién, por sus polainas decide pasar por encima de éstos, afectando a su vez el derecho a la educación de los alumnos que diariamente acuden a las aulas con el objetivo de profesionalizarse.
Este miércoles, acudí a cubrir el paro que inició a las seis de la mañana en esta unidad académica la doctora Gloria Guerrero, a quien, desde hace un año se le violentaron sus derechos laborales y, pese a un acuerdo signado por autoridades universitarias, estos, no le han sido restituidos.
Cuando docentes, alumnos e incluso trabajadores de la máxima casa de estudios determinan realizar la toma de instalaciones para forzar un paro de labores, lo hacen porque, en su mayoría, ya agotaron el o los procesos previos en la búsqueda del diálogo y, ante la pasividad o valemadrismo de quienes deben resolver, no les queda de otra que, radicalizar la protesta.
Y al hacerlo, se afecta absolutamente a toda la comunidad universitaria, lo que genera molestia, frustración y hasta encabronamiento al no poder llevar a cabo las actividades diarias.
Si bien es cierto que conocemos el grado de afectación que provoca el paro de actividades en cualquier espacio universitario, en este caso en particular fue realmente revelador para mi ver a un joven que llegaba corriendo hasta la Unidad Académica, escurriendo de sudor, pues para quienes no conocen dónde está ubicada, resulta todo un reto subir diariamente hasta ese punto y, al percatarse del paro, su cara de frustración fue dilapidaría y no hizo más que constatar el alcance que tiene la inoperatividad ante el capricho por no decir terquedad de quienes, desde el privilegio deciden quién vive y quién muere.
Estos hechos nos deben obligar a la reflexión de lo que implica para un estudiante, imagínense para 50 mil, organizar sus tiempos para estar a tiempo a su primera clase, el traslado y sus imprevistos, para finalmente llegar y darse cuenta que no podrá tomar clases porque hay paro en su unidad.
Ante esta situación ¿Quién pierde más?, el docente violentado en sus derechos laborales, los alumnos que no pueden tomar sus clases normalmente porque un día sí y el otro también hay algún paro, los demás maestros y trabajadores, o bien la propia máxima casa de estudios ante el hartazgo y la pérdida de confianza de la sociedad que termina buscando otras opciones educativas, privadas, en el caso de quienes pueden costearlas y otras públicas como la Universidad Rosario Castellanos.
Resulta inconcebible que, desde el privilegio, los grupos políticos que utilizan su coto de poder decidan beneficiar a unos cuántos como cobijo o pagos políticos, golpeando y pisoteando a docentes que tienen una mayor trayectoria y reconocimiento, incluso a nivel internacional.
De qué sirven los acuerdos y las minutas si, al final del día, quienes mal dirigen la orquesta terminan imponiendo su propia ley, pasando por encima de la norma, de los derechos de docentes y alumnos y hasta de la sociedad porque este tipo de prácticas afectan a todos… AL TIEMPO.
MIRIAM SERRANO / Al Tiempo / Zacatecas, Zac. / Agosto 12 de 2023.

