Este refrán que titula mi colaboración se refiere, aunque no lo parezca a la designación de quienes habrán de integrar el próximo gabinete presidencial, esto es el equipo que habrá de acompañar a la figura presidencial que ahora por primera vez encabeza una mujer. Y el tema no es nada más una cuestión de chismes, adivinanzas y especulaciones que se desatan con los nombramientos respecto de los apellidos, los parentescos, las afinidades, los que seguro van a llegar o los que seguro se quedan fuera, el quién puso a fulanito o quién eliminó a perenganita, en fin, todo un tratado de comentarios y opinología de todos los sectores sociales, aunque en mucho menor medida de las clases con menos tiempo, recursos y ganas de andarse metiendo en estas discusiones. Más allá de estas adivinanzas la pregunta que me ha surgido es: ¿Estamos ante el nacimiento de nuevas elites, nueva clase política o nueva clase dominante? Y me podría Usted decir que no por tratarse de otro sexenio los dominantes ni las elites dejaran de serlo, pues durante muchas décadas inclusive a la que supuestamente habría de cambiar y alternar otra fuerza política en la historia de los últimos cien años, no se verificó ningún cambio sustancial en la clase política, dominante, elite o como quiera llamarle. Sin embargo, en esta ocasión (y no en la anterior en 2018) sí percibo un desplazamiento más claro que el que pudo darse a la llegada de AMLO. Y esto es explicable en razón de la resistencia que furiosa (y legítimamente) se presentó en los primeros seis años de un gobierno que rompió con moldes y esquemas que durante tanto tiempo no pudieron ser rebasados o deconstruidos; piense usted en los incrementos al salario inconcebibles antes, el establecimiento de un cogobierno con la sociedad a través de referéndums, plebiscitos y consultas populares hoy con rango constitucional y el rompimiento abierto con el cuarto poder y la costumbre de pagar para que se diga lo que se quiere escuchar y que no se diga todo lo que se sabe. Pues bien, la resistencia puede seguir siéndolo o no pero el hecho histórico del 2 de junio anterior ha sido tan contundente al grado de consolidar el importante triunfo y alternancia verdadera dada en 2018, por lo cual estos nombramientos, aunque algunos son de la misma gente que ya venía desempeñándose o figurando, conllevan una mayor fuerza y legitimación del nuevo equipo en el poder, aunque ya tenga seis años. Un nuevo equipo que ahora si puede ir generando nuevas elites en lo económico, en lo político, en lo intelectual, educativo, etc. Y esto de suyo resulta saludable pues presenta la oportunidad de sangre nueva y de nuevas oportunidades e ideas, aunque las personas no sean todos tan nuevos generacionalmente hablando.
Sin el animo de calificar, los nuevos nombramientos de las personas inmediatamente más cercanas a la Jefa de la Administración Publica que a la vez es la representante del Estado-Nación y que reúne en la tradición, en la costumbre y cultura pero más importantemente aún en la Constitución y las leyes las mayores facultades para dirigir un Estado mexicano obcecadamente presidencialista (por cierto nadie ha pensado en alguna Reforma que nos lleve al Parlamentarismo o al Semipresidencialismo u otro esquema en busca de más democracia y eficiencia) y por tanto alrededor de tales calabazas más grandotas habrán de irse acomodando nuevas ideas, intereses, grupos y personas, o sea muchas otras calabazas que deberán hacer más participativa la toma de decisiones. Aunado a esto otras calabazas y liderazgos habrán de surgir con los nuevos procesos de consulta ya referidos y esto habrá de coligar en un proceso natural y circulante como lo llego a decir Gaetano Mosca al comentar que cada sociedad tiene unaelite, minoritaria y única que detenta a la vez el poder económico político y social y que tal grupo dominante ocupará su posición en virtud de valores diversos de acuerdo al tipo de sociedad: capacidad guerrera, posesión de tierras, poderío financiero, o de los estratos clave en la administración pública. Por su parte Bilfredo Pareto, otro de los padres del estudio de las elites afirmaba que no existe una elite única sino un conjunto de ellas, o sea una elite en cada ámbito pero que la elite política suele estar constituida por los ciudadanos más ricos de modo que ambas elites se solapan. Habla Pareto de elites gobernantes y elites no gobernantes, pero sostiene que ninguna elite es eterna pues suelen declinar de generar y morir (la historia es un cementerio de aristocracias) De tal declinación y caída de las elites Pareto acuña el concepto de “circulación de aristocracias” señalando que a través del tiempo todas las clases dominantes pasan por un periodo de apogeo para luego decaer hasta ser desplazadas por nuevos colectivos. Pareto establece también dos categorías de las elites en “zorros” que son innovadores, especuladores y apostadores al cambio contraria a la categoría de “leones” que son los conservadores del statu quo. Robert Miches señala que toda organización por democrática y horizontalista que se proponga hacer tiende inevitablemente a sufrir una escisión interna entre una pequeña elite dominante y una masa de gobernados debido a la cantidad y complejidad de tareas técnicas y administrativas que requieren cada vez mayor especialización. Esto último puede controlarlo una capacidad aglutinadora de los lideres.
Las elites son entonces los círculos o burbujas de quienes deciden, son las calabazas más grandes en la silvestre concepción del que escribe y en esta ocasión acudimos y presenciamos representada disimuladamente con la elección presidencial, con la nueva mayoría legislativa y con el nombramiento de los principales Administradores al nacimiento de nuevas elites y de una nueva dominante. Las resistencias habrán de persistir siempre por quienes no aceptan (y es lógico) tener que bajarse de la carreta.
@PedroOlveraV
PEDRO OLVERA / Retruécanos / San Luis Potosí, S.L.P. / Julio 6 de 2024.

