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Campañas publicitarias o compañas políticas

Pedro Olvera

¿Qué tan democráticas, participativas y útiles han sido las elecciones en nuestro país? Particularmente en el período de hegemonía del PRI, PRM Y PNR que eran la misma expresión (con variables en sus métodos de organización). Las elecciones sólo buscaba ser aval de legitimidad para los candidatos ya señalados por la cúpula o por quién encabezaba la cúpula. Así era y no podía ser de otra manera porque todo el sistema se organizaba a partir del avasallamiento que alcanzó desde su constitución en tiempo de Plutarco Elías Calles el Partido de la Revolución. Concepto este último que con gran astucia supo materializarse y capitalizarse pretendiendo representar la continuidad del movimiento armado que iniciara en 1910.

Esas elecciones eran el montaje de una fiesta ruidosa de bandas, mariachis y otras expresiones musicales acompañados de barbacoas, carnitas, mole, pulque y cervezas en toda la República. Aunque la oposición paciente y resignada a nivel heroico hacía su lucha advertida como lo estaba por sus propios liderazgos de que esa era una “brega de eternidad”. Igualmente llegaron a darse sobre todo antes de la consolidación del centenario sistema político, algunas expresiones escindidas del propio partido mayoritario que fueron sofocadas al costo que hubiera que pagar. Fuera de eso las elecciones eran ruido, fiesta, alguno que otro regalillo, con concesiones graciosas con recursos públicos y el concurso periódico de atinarle al bueno y subirse al nuevo carro de la revolución.

A medida de las inconformidades y peligros se empezaron a dar aperturas y con ellas fue creciendo la competencia misma que alcanzo a fines de los 70´s mejores proporciones sin que pudiera hablarse aún de calidad ni libertad plena en los procesos. No obstante, para fines de los 80´s el surgimiento del Instituto Federal Electoral desprendido ya de la secretaria de Gobernación, las elecciones fueron alcanzando mas realismo hasta darse el más grande tumbo del sistema en el tropezón del 88 evidente por la movilización de Cárdenas y confeso por Miguel de la Madrid años después. Salinas no había ganado pero la inconformidad logró moderase o más aún auto moderarse sin rebasar los límites de la civilidad. Las elecciones, aunque ineficaces, eran ciertas por fin. Después vino el año 2000 con la falsa alternancia o alternancia traicionada según se quiera ver que pudo prestarle el ejercicio del poder y el sistema a la clase política y benefactores del PAN. La propia Presidencia de la Republica con Zedillo promovió por debajo del agua unas elecciones más competidas ya con el compromiso de entregar Los Pinos, pero compartiendo el poder. Sin embargo, en cuanto a elecciones estas fueron al fin eficaces.

Vinieron nuevos acuerdos entre las principales fuerzas y nuevamente se alterno el poder con el PRI. Las elecciones se daban, pero ante la falta de un cambio circunstancias y múltiples irregularidades volvían a perder credibilidad en muy poco tiempo. Llega el 2018 y se da el fenómeno definitivo que ya nadie podrá negar de una elección competida entre iguales con resultados democráticos por primera vez.

A solo 5 años de esta última circunstancia las elecciones democráticas enfrentan nuevas y reales amenazas, pero además nuevamente se ha retornado a campañas más publicitarias que políticas; más de ofertones que de ideas, más de insultos que de programas; más de descalificaciones que de propuestas serias; y lo mas grave: más de desinformación y mentiras que de información verdadera.

Así, nos encontramos ahora ante una imposibilidad de medición de propuestas y perfiles. ¿Cómo calcular y apreciar debidamente los perfiles, capacidades, posibilidades, compromiso de cada uno de los miles de candidatos que en esta gran elección tenemos? Se antoja menos que imposible y se nos obliga en muchos casos a andar atientas. Lo más aconsejable es recurrir a las líneas de donde derivan esas candidaturas que en ocasiones pudieran llamarse caricaturas.

Pero ¿Cómo entender los orígenes si nuestra cultura política es tan incipiente y débil? Muchos politólogos han escrito (Giselle, Roberth Dahl y otros) que la cultura política es parte esencial sobre la calidad de la democracia. Nuestras campañas no permiten conocer bien a los candidatos porque solo manejan valores de mercado cual si fueran productos inmateriales. Las campañas no manejan más que algunas ideas y no tenemos la capacidad porque no los conocemos, para saber si habrán de cumplirlas. Una buena cultura política nos permitiría calificar si es posible que tal o cual programa pueda llegar a darse o permanezca. Para ello tendríamos que saber cuales son los intereses que obedecen a cada candidato, su historia y quienes lo impulsan. Los debates son importantes, pero aun insuficientes. El INE debería enfocarse más a educar al electorado para pensar la política en vez de andar metido disputando chambas.

@PedroOlveraV

PEDRO OLVERA / Retruécanos / San Luis Potosí, S.L.P. / Mayo 9 de 2024.

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