
Y te amé,
cómo sólo se ama
cuando crees que encontraste al otro que te calza,
el anillo para tu dedo índice,
el sombrero para tu cabeza,
el trampolín hacia el propio molde.
Sí, te amé,y sin pensarlo mucho,
peor,
sin pensarlo nada.
Me sumergí dentro de tu piel, tus ojos inciertos, tus palabras cantarinas cadenas de agua.
Y sentí, que al fin,
se me habían sumado branquias.
Hasta,
que sentí que me ahogaba.
Y sangré hasta la anemia del alma,
y creí que con la sangre del vino me recuperaba…
pero no hay tal cosa.
Los ángeles guardianes o no existen,
o están ocupados en otras cosas,
obvio más importantes como…,
y no para auxiliarme a completar los crucigramas,
aunque Pessoa lo odiara,
ha sido siempre mi deseo mayor,
enhebrar el puzzle corazón-cabeza,
que me sacaría, de una vez para siempre,
de la autopista,
dónde juegan carreras
los hijos de la noche, contra los hijos del alba.
Silvia Martínez Coronel(Nov. 2023)

