
La impresión que tenemos de competir con los demás para conseguir las cosas que deseamos, o lo que según pensamos que necesitamos, está profundamente arraigada en cada uno de nosotros.
¿Recuerdan aquellas veces en que por algún motivo (que sigue sin estar totalmente claro) las personas se amontonaron en los supermercados a comprar y prácticamente arrebatarse el papel de baño? Pues sí, el “Paradigma de la suma cero” ha integrado la competencia en nuestra forma de percibir el mundo, en realidad, son pocos los que no han sentido esa necesidad de manera urgente, de llegar primero en la fila del concierto o de entrar primero en el elevador, a tal grado que en algunos espacios, han tenido que poner letreros fuera de ellos, donde nos recuerdan que primero debemos dejar salir a las personas, antes de querer entrar.
Todos esos comportamientos son las acciones llevadas a la práctica, precisamente de lo que llamamos “suma cero”, es decir, tenemos la idea de que si una persona gana, la otra automáticamente tiene que perder. Dicho en otras palabras, la ganancia de una persona tiene que ser equilibrada con la pérdida de la otra, con el objetivo de que la suma de todas las ganancias y pérdidas sea cero.
Entonces, ¿Cómo podemos como sociedad pretender avanzar. Si en el momento en que nos sentimos amenazados por alguien mas, que ha ganado algo que nosotros creemos merecer, o que percibimos que estamos en desventaja, o si alguien mas avanza un paso adelante que nosotros, hacemos lo posible por frenarlo y quitarle esa ganancia? No termina de quedarnos claro, como sociedad, que el éxito y el bienestar en todos los ámbitos posibles tienen que darse de la suma del esfuerzo de cada uno de los individuos, no por medallas y éxitos personales, por eso la importancia de determinar siempre el propósito y la intención del porqué estamos en determinado lugar, cuidando siempre que sea por un bien común.
La principal forma de responder lo anterior, sería el abandonar ese paradigma de la suma cero, es decir, si bien solo existe un puesto de gerente general en la empresa, o bien existe un número determinado de personas permitidas al mismo tiempo en un elevador, pero eso no implica que si alguien ganó el puesto en la empresa o alguien entró antes que yo al elevador, yo tenga que perder, pero…. ¿Cómo es esto? Simple, podemos entender que tal vez el hecho de que yo haya esperado el siguiente elevador, puede cruzarme con determinada persona que es importante para algún proyecto que tengo en puerta, o si lo vemos del lado más amable y pensando en la otra persona, puede que el hecho de que yo no haya querido a fuerza ganar ese espacio para llegar primero en el elevador, le haya permitido a alguien más entrar y por ende le haya permitido salvar alguna cita importante del día. Como sea, es posible que ese acto mejore ya sea mi día o el de alguien más.
Cuando permitimos que la competencia se convierta en la característica imperiosa de nuestra toma de decisiones, perdemos nuestros fundamentos y empezamos a sentirnos amenazados por personas y situaciones en los que puede que ni siquiera existe tal.
Busquemos eliminar esa idea que en su momento el expresidente de los Estados Unidos Woodrow Wilson expresó de nosotros como sociedad: “Los mexicanos son así… ellos se encargarán de matar por la espalda a sus valientes…esperemos un poco, ellos mismos se matarán entre ellos, no saben pelear con honor…”
Busquemos vivir con la idea de que MI PERDIDA, PUEDE CONVERTIRSE EN MI GANANCIA, EN TU GANANCIA. EN NUESTRA GANANCIA.
@Feralvmont1
FERNANDA ALVAREZ / Voces / San Luis Potosí, S.L.P. / Abril 02 2022.

