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Competir

Desde mis más antiguos recuerdos de la niñez mis padres atinadamente decidieron inculcarme el deporte, pasé por gimnasia, natación, basketball, volleyball, Tae Kwon do, fútbol y por supuesto tennis.

Toda mi infancia, adolescencia y juventud pasé mis tardes y fines de semana entrenando, mis vacaciones en torneos, y mi mente siempre estaba sumergida en un ambiente de competencia y disciplina y hasta una temporada grabando encuentros universitarios de basket y volley. A pesar de ello, se podría decir que nunca tomé ese estrés positivo como un impedimento para vivir otras facetas de mi vida, sino por el contrario como una ventaja, por el nivel de competencia al que me acostumbré.

Durante la etapa de mayor rendimiento en mi carrera deportiva, si es que se le puede llamar así, tuve muchos ejemplos a seguir y modelos de inspiración deportiva como Martina Higgins, Guga Kuerten, André Agassi, Roger Federer, Venus Williams y Justine Henin, pero antes de que todo eso pasara, en mi niñez más temprana siempre tuve ídolos del deporte en general, como Adrián Fernández de la Fórmula 1 y Michael Jordan y Scottie Pipen de los Chicago Bulls de la NBA. Y justamente ellos fueron mis modelos de inspiración para escribir esta columna, pues en días recientes pude por fin ver la mini serie de Netflix «The last dance» en donde se relata de manera breve como fue que «Air Jordan» se convirtió en un fenómeno del deporte a nivel mundial.  Esta serie de principio a fin habla sobre competir. La competencia como un modo de vida, como una estrategia de supervivencia, y para algunos un escape ante las drogas, pobreza o problemas familiares, pero sobre todo como una forma de alcanzar lo que todos queremos, el éxito.

Y alrededor de esta palabra que para mí tiene un significado profundo e intenso, se encuentran en constante correlación otros conceptos como el liderazgo. Y es que no podemos pensar en que alguien sea un líder sin ser competitivo, y Air era el mejor ejemplo de ello, un líder nato que de manera nata era competitivo, y que aunque la competencia inicia por ser individual, su liderazgo generó que un equipo que no figuraba en las finales, ganara el campeonato por 6 veces en menos de 10 años. Pero su liderazgo logró más que ello, logró hacer a una serie de atletas excelentes en un solo ente con pensamiento competitivo y enfocado en una sola cosa, ser mejores cada día y no solo como atletas si no como personas. El creía en lo que la psicología del deporte predica, no hay más obstáculos que tus propios miedos y limitaciones, no pienses en las posibilidades de perder, solo enfócate punto a punto hasta lograr lo que deseas, estudia al enemigo y prepárate lo mejor que puedas, no subestimes al contrincante y ten decencia a la hora de perder. Todas estas ideas comulgan con el ideal de un pensamiento deportivo y ejemplar. Y no quiere decir que no se vaya a equivocar, que no pasara por momentos de arrogancia  como lo hicieron también otros ídolos míos como Freddy Mercury, pues tanto el éxito, como el poder y la fama, suelen ser adictivos y al mismo tiempo irritantes.

Como ex jugadora de la conferencia Este universitaria NAIA en Estados Unidos, me vi reflejada con muchas experiencias deportivas que son difíciles y que sólo pocos pueden sobrellevar con inteligencia emocional. Pues el deporte no te prepara físicamente únicamente sino más importante mental y emocional y estás son habilidades para la vida en general, háblese de un terreno laboral, personal o espiritual. Definitivamente Estados Unidos es un país que no por casualidad siempre ha fomentado la cultura del deporte de manera competitiva y de alto rendimiento, y apoyan atletas de muchos deportes, contrario a lo que sucede en nuestro país, en donde desgraciadamente si no eres futbolista, es difícil destacar y generar oportunidades competitivas. Son pocos los colegios y universidades en México que le dan una gran importancia al deporte y la competición,  y por lo mismo son pocas las personas que suelen sobresalir en ese mundo, y no quiere decir que sea imposible, pues ha habido grandes nadadores, tenistas, basketbolistas, taekwondoines y hasta golfistas, pero eso es por puro corazón y enfoque nato en la competencia.

En «the last dance» se relatan también historias como la de Tony Kukoc y Steve Kerr, o incluso la misma de Scottie Pipen, historias no tan afortunadas o al menos no en sus inicios de una u otra forma, y que a pesar de todo alcanzaron el éxito.

El deporte crea una disciplina, una mente estratega y táctica y agilidad mental y emocional para sobrepasar los infortunios, el competir nos ofrece tenacidad, perseverancia, astucia, motivación y conocimiento, es toda una cultura de preparación que hace mucha falta en nuestros niños, en nuestra gente.

Competir es un arte y algo que se debe cuidar y practicar, pues como todo, requiere dedicación para no olvidarlo. El competir nos da lo que muchas veces nuestro cerebro necesita, endorfinas y adrenalina, el competir es un escape a los problemas que se clasifica como sano pero más que sano diría yo permanente y duradero. Es como si fuera un músculo que una vez entrenado ya no desaparece y para reactivarlo después de un tiempo es más fácil a que si nunca lo hubiéramos hecho.

La política necesita competencia, nuestros trabajos también, nuestras colonias también, pues el ser competente habla de una preparación constante.

No dejemos nunca de competir pero por buenas razones, de manera legítima y congruente, sin dejar de lado lo que es mejor para el equipo, para nuestra familia y nuestro país.

Gracias Air por ser mi ejemplo, siempre causará nostalgia en mí y en muchos, pero sobre todo motivación.

@roxaniutz

ROXANA OLVERA ROSILLO / Cara o cruz / 2 de septiembre de 2020.

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