
Los viajes tienen cuatro etapas distintas: la primera es idearlos, la segunda es planearlo, la tercera vivirlos y la cuarta recordarlos y volverlos a sentir.
Desde que tengo memoria me emocionan los viajes, algunas veces me han asustado o intrigado y otras simplemente no me dejan dormir.
Al momento en que los vives definitivamente no son como los imaginaste, y aunque a veces hay cosas que no salen como lo planeaste como todo en la vida, la mayoría de esos momentos superan la imaginación.
No todo es divertido en ellos, incluso muchas veces por tratar de aprovechar el tiempo o divertirte, pasas por momentos de estrés, locura, falta de sueño y hasta dolor.
Personalmente la parte que menos disfruta es hacer el equipaje, pues en lo menos que quiero pensar es en cómo me voy a vestir, por mí iría desnuda, riéndome y asombrándome de todo lo que veo.
Es irónico pensar que estamos dispuestos a un gran costo, tanto económico como emocional, con tal de tener como resultado una experiencia inigualable, algo que trascienda dentro de nuestra familia y nuestro círculo de amigos, algo de que aferrarnos cada que no podamos ver la vida desde otra perspectiva y que cuando parece que no hay nada mas en qué pensar que nuestra rutina, vengan a nosotros esos grandes recuerdos que nos llenan de ilusión y expectativas y nos dan el poder del conocimiento más allá de nuestras fronteras.
No nos importa correr, gastar dinero, mal comer o lo contrario comer demasiado y engordar, desmañanarnos o dormir en lugares incómodos con tal de ver algo que nunca hemos visto y después vernos reflejados en una canción, una película, un libro, una serie o una obra de teatro.
Viajar crea un sentido de pertenencia hasta cierto punto terapéutico para el autoestima, viajar genera un sentido de libertad y un sentido de nuestra trascendencia en el mundo.
Nos hacen ver qué tan pequeños e insignificantes somos en un mundo tan diverso pero a la vez qué tan únicos y valiosos somos.
Y cuando terminan nos dan una sensación de que lo que vivimos se va a quedar para siempre como si fuera un tatuaje, algo que podríamos conservar como nuestro tesoro más preciado, y que independientemente de que ellos tuvieran momentos desafortunados, nos sentimos afortunados de estar ahí.
Es en parte narcisista el sentimiento que provocan, pues nos damos cuenta de que libera nuestro ego en mil y un maneras posibles, exacerbamos nuestro acento, entramos a un mundo nuevo desde cero donde podemos ser quienes queramos y borrar todo lo pasado, en la mayoría de los casos hablamos de nuestros hogares con mucho cariño y de nuestra nación como una que es muy especial. De la comida típica de nuestro origen ni hablar, nuestras costumbres y nuestra ropa.
Los viajes, ahh les voyages!
Y la parte triste de todo ello es sólo que no podemos viajar todo el tiempo, pero si podemos imaginarnos una y otra vez estando en ese lugar o en esos lugares, viviendo un amanecer diferente, palpando una humedad distinta, desayunando algo nuevo para nuestro paladar, hablando otro idioma o pisando el mismo sueño que pisamos hace un tiempo, hace años, o nunca más que en nuestra mente.
Viajar en todos sus sentidos es placentero, y narcisista o no, agradezco el poder hablar de ello.
Hasta la vista!
@roxaniutz
ROXANA OLVERA / Cara o cruz / San Luis Potosí, S.L.P. / junio 24 de 2020.

