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Amenazas que se avecinan

De lo único que se ha hablado estos días es de salud, prevención, contagio y los efectos desgarradores que ha traído la pandemia del coronavirus. Claro, este brote de salud es una urgencia de primera mano para los países y el sistema internacional, para la política doméstica e internacional. Es algo presente, es una crisis en curso y la estamos viviendo muy de cerca, más que cualquier otro brote de salud anterior. Sin embargo, ¿Qué pasa con las crisis que están por desatarse? ¿Estamos conscientes de su letalidad? De esas crisis que vienen a paso lento, a ralentí… como el cambio climático.

La crisis climática constituye una de las mayores amenazas de este siglo, sus efectos son tan devastadores que urgen acciones para su control, antes de que sea demasiado tarde. Sólo para ponernos en contexto, el cambio climático es un proceso que se ha dado desde hace millones de años. Antes de la vida humana se generaba por el movimiento de las placas tectónicas, entre otros factores. Ahora, el cambio climático contemporáneo puede entenderse como la consecuencia de la suma de la actividad humana y en muchos sentidos, la manifestación por excelencia de la globalización.1

Es preciso entender que el cambio climático desconoce fronteras, que la responsabilidad no es de un país o un grupo de países, es un problema global. Y problemas globales, requieren soluciones globales.

Las responsabilidades que los países tienen ante este fenómeno no están claras, no existe consenso o manual que los países tengan que seguir para su control y a medida que el reloj corre, la oportunidad de actuar oportunamente se ve reducida. Lo más complicado de esta situación es entender qué se tiene que hacer, quién lo tiene que hacer y cuándo se tiene que hacer. Y aunque han existido diálogos internacionales como la cumbre de París en el 2015, los compromisos fueron más simbólicos que vinculantes. Se estableció una meta… trabajar con el aumento general de la temperatura, sin embargo, no se definió la tarea específica que tiene que realizar cada país. Y aún con estos esfuerzos, los países no muestran suficiente interés en un problema de orden global, como EE. UU. que rompe su compromiso por la lucha contra el cambio climático en el 2017.

Ahora bien, ¿Cuál es la reflexión de todo esto?

En primer lugar, entender que el cambio climático es una crisis que viene a ralentí. Es decir, que los efectos no se manifestarán inmediatamente y que esto presenta tanto ventajas como desventajas; pero todo dependerá del actuar de los países. Cuando una crisis viene a paso lento, se presenta como una oportunidad para los países de actuar oportunamente y en la medida de lo posible, mitigar los efectos. Sin embargo, con una crisis de este tipo, podría ser que no constituyase una urgencia, entonces no preste la atención necesaria.

En segundo lugar, que se necesitan consensos globales mayores y sobre todo, vinculantes. Este punto es de suma importancia; se vuelve a hacer énfasis en que problemas globales, requieren soluciones globales. Y el arduo esfuerzo de la diplomacia, el multilateralismo, el derecho internacional son herramientas más que suficientes; así como la apertura a nuevos actores en el proceso de gobernanza global como las ONG, las ciudades globales, etc., (que parecen hacer la tarea de los países en cuanto a este fenómeno).

En tercer lugar, considerar la letalidad de una crisis climática. De no prestar la atención necesaria viviremos efectos peores a los que estamos viendo de esta pandemia. Si la crisis de salud actual ha afectado economías, tensado relaciones entre países, generado crisis institucional, entre otras cosas… los efectos que pueden desatarse por el cambio climático serán aún más crudos y letales.

Por último, reflexionar seriamente en la acción por parte de los países. ¿constituye un interés? ¿existen sanciones económicas serias o compromisos vinculantes (en una noción de Derecho Internacional)? ¿los países realmente están comprometidos con la causa? En cuestión de quema de combustibles, explotación de ganado, la tala masiva de reservas naturales como el Amazonas… y muchos ejemplos más.  Meditar en el reparo de los países ante una problemática global, la fragilidad del sistema internacional y el actuar oportunamente a una crisis que promete ser devastadora, son tareas de hoy por hoy.

Aún estamos a tiempo de trabajar contra el cambio climático, es mejor encontrar la cura cuando la enfermedad no es tan letal.

Ref: 1 Richard N. Haass. (2017). World Order 2.0. En a world in Disarray (244). United States: Penguin Press.

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TANIA GARCÍA / El punto medio / San Luis Potosí, S.L.P. / Abril 28 de 2020.

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