
Algunas semanas atrás escribí acerca de los buenos recuerdos que tenía de mi infancia y de cómo es que marcaron quien soy ahora, pero ahora me atrevo a tocar los temas escabrosos, aquellos momentos en los que no disfruté de mi existencia, pues me causaban miedo, desagrado y negación, aquellos en los que evidentemente la violencia se acercaba a mi vida; hubieron eventos borrosos como peleas, escuchar disparos, vecinos que habían sido robados de manera violenta, actitudes violentas de familiares como un tío rompiendo su mano por enojo contra la pared, gente aventando cosas, un chico degollado afuera de un antro y mi primo tratando de sostener su yugular para que no se desangrara en vano, una persona manipulando una pistola en mi misma mesa y en esta alcohólico, cosas que de verdad no quisiera remover mucho.
Y también eventos desafortunados de índole pública, como el caso de Karla una chica potosina que aparentemente nada tenía que ver conmigo y a la vez tenía todo en común; un evento horrible del que todos los potosinos fuimos partícipes hace aproximadamente 8 años. Al igual que Karla yo había trabajado en un antro, tal vez no como hostess, sí como promotora, que como diría uno de mis maestros de prepa, «es la misma gata, pero revocada».
Al igual que Karla confiaba en mi trabajo, en mi poder de hacer muchas cosas en un mismo día y sentirme invencible ante el cansancio y ante las preocupaciones de mis padres. Al igual que ella, yo era joven y me gustaba arreglarme y verme bien, y también coquetear y pasarla bien, y no por eso me debió de suceder algo malo, al igual que no debió de pasarle a ella. Al igual que Karla y muchas otras chicas, a mí me gustaba ser libre, ser independiente y tomar alcohol si en el momento me place, sin necesidad de sentir miedo por mi integridad o peor aún mi vida. Al igual que Karla yo soñaba con ahorrar para mis viajes, mis gustos y porque no aliviar un poco los gastos de mi familia en mí por razones similares o distintas, en realidad no importa.
Y es así como escribiendo esto y sintiendo todo tipo de cosas como impotencia, terror, ansiedad y demás, me doy cuenta de que esta sociedad está enferma de verdad y que cada vez es más casi una cuestión de suerte (se podría decir) el que no te toque ser víctima de la violencia. «Al igual que Karla».
Ahora que soy madre, por supuesto que pienso en lo que me decía mi mamá cuando yo me quería comer el mundo todo el tiempo sin importar su opinión, «cuando seas madre sabrás lo que te digo» . Y sí, por supuesto que sé por qué lo dijo, es horrible tener miedo de que a tus hijos les pueda pasar algo todo el tiempo, pero si le sumamos una alerta de género, un aumento exponencial de violaciones y feminicidios de manera anual, mensual y diaria, así como la violencia convertida en tortura, por supuesto que entiendo el por qué mi mamá no dormía esas noches y dejó de entender el cómo es que me permitió de alguna manera tanta libertad sin volverse loca. No imagino a mi hija en escenarios de «riesgo», pero peor aún no imagino su generación en escenarios SIN riesgo, por desgracia no al menos en un tiempo a mediano plazo.
A veces pienso, ¿Esto será peor que sufrir una pandemia, una crisis económica e incluso el apocalipsis? Creo que sí, porque ante todo habla de una falta total de moral, de integridad y humanización, habla de odio de heterofobia y discriminación, de baja autoestima y poco interés en el prójimo, habla de que si viniera el apocalipsis y estuviéramos, como aquel cliché, en una isla y sólo pudiéramos salvar a uno, nos salvaríamos a nosotros mismos, y si hubiera que «limpiar» las mujeres y las minorías seríamos las primeras en ser erradicadas.
Que fuerte pensar en eso, pero mi sentido fatalista me dice que no estamos tan lejos de un caos que ni nosotros mismos podremos entender o controlar, ¿Por qué? Por nuestros años y años de egocentrismo, individualismo y falta de empatía ante nuestro entorno. Porque simplemente somos pocos los jalamos juntos y para el bien común.
Somos mujeres y pararemos el 9, pero sugeriría que también las minorías y los hombres paren y paren en total para dialogar, para educar, reevaluar y observar que pueden hacer todos y cada uno de ustedes, mis queridos, de verdad queridos hombres, para no llegar a una crisis humanitaria sin tener un apocalipsis geográfica o climática, pues sí creo yo que el verdadero cambio está en ustedes, en cómo nos voltean a ver en la calle, en cómo nos ven en un estrado, con un micrófono en la mano, en el salón de clases, con un bebé en brazos, preparando la comida de los hijos, estudiando a deshoras para lograr ser mujeres íntegras y completas con nuestros demás deberes, cubriendo horas extras con tal de sentirnos que aportamos igual que ustedes, en cómo nos ven en puestos públicos y en gerencias o mesas directivas, cómo nos visualizan tomando alcohol o vistiendo una falda, o un traje sastre, el cabello corto, rapado o lo que nos dé la gana.
¡Reflexionen, los exhorto! Hay algo que pudieran estar dejando pasar y que sus hijos, compañeros de trabajo, amigos del póker o del billar, o primos y hermanos puedan estar replicando o imitando solo por como coloquialmente se diría «¿por convivir»? ¿Hay memes hirientes en sus redes sociales que pudieran ser mejor ignorados y borrados y mejor aún descalificados por ustedes? ¿Hay envidias, miedos o rencores relacionados con como los trataron en su infancia o adolescencia ya sea sus familiares, compañeros de escuela o vecinos, hacia el sexto opuesto? Estoy casi segura que sí..
Vamos, no lo dejen para otro día, dialóguenlo, abiertamente o no, platiquen y extraigan esas cosas que no sirven de su sistema, considérenlo una limpia, una purga sana, sin miedo, porque permítanme, pero los miedos están reservados para nosotras en esta ola de feminicidios y harta estoy de bromas y sarcasmos estúpidos de «a nosotros también nos matan». Pues sí, claro, no es un secreto, por supuesto que ustedes también sufren injusticias, pero vamos, no podemos comparar ni las razones ni las cifras.
Los invito a esta reflexión y siéntanse con la confianza de compartirlo a quienes crean mejor, incluso a mí.
Creamos en el cambio, estructural, biológico y evolutivo, no busquemos recetas milagrosas del gobierno que lo para y ¡ya! como un abracadabra.
Gracias totales.
ROXANA EUNICE OLVERA ROSILLO / Cara o cruz / San Luis Potosí, S.L.P. / Marzo 4 de 2020.

