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Cuando se Termina El Argumento, Lo que Sigue es La Violencia

  • ** ¿Qué podemos esperar en las calles?

El Senado de la República, máximo foro de deliberación democrática en México, se convirtió el pasado 27 de agosto en un ring político donde las palabras fueron desplazadas por empujones, insultos y amenazas. Alejandro “Alito” Moreno y Gerardo Fernández Noroña, protagonistas de la gresca, no solo mancharon el protocolo parlamentario: evidenciaron la fragilidad de una clase política que, al quedarse sin argumentos, recurre a la violencia. Y no es una anécdota menor; es un síntoma.

La escena es brutal en su simbolismo: mientras sonaba el Himno Nacional, uno de los actos que deberían unirnos como nación, el grito de “¡Te parto tu madre, cabrón!” rompió la solemnidad. El lugar donde se escribe la ley terminó siendo escenario de una riña callejera, como si las curules fueran esquinas y no tribunas.

La política mexicana no es ajena al desacuerdo; el debate áspero ha sido parte de nuestra historia. Pero hay límites que no se deben cruzar. En un país que padece más de 30 mil homicidios dolosos al año, donde la violencia permea hogares, calles y escuelas, ¿qué mensaje envían nuestros legisladores cuando legitiman la agresión física como mecanismo de resolución? ¿Cómo exigir civilidad a una sociedad cansada, cuando quienes la gobiernan muestran el puño y no la palabra?

En el fondo, el episodio entre Noroña y Moreno exhibe una derrota intelectual. Porque, cuando se termina el argumento, lo que sigue es la violencia. Y cuando el razonamiento cede su lugar a la fuerza, no solo se degrada la política, se hiere la democracia.

Peor aún: la intervención exprés del Ministerio Público para tomar la denuncia en el propio Senado —un privilegio que millones de ciudadanos jamás tendrán— confirma que no todos somos iguales ante la ley. Así, a la agresión física se suma la inequidad jurídica, dibujando un panorama en el que la violencia no solo se ejerce con los puños, sino con los privilegios.

No se trata de un pleito personal; es un espejo que refleja el rostro real de nuestra política. Urge que los representantes populares recuerden que su mandato no es imponer, sino convencer. Que el poder no es gritar más fuerte ni empujar con más fuerza, sino argumentar con razón y gobernar con inteligencia.

Porque si el Senado se convierte en escenario de riñas, ¿qué podemos esperar en las calles?


Tres para ti Doc.

Facebook: Víctor De LA Brecha

X: @GarciaVicko

VÍCTOR HUGO GARCÍA / Tercera Fuerza / Zacatecas, Zac. / 28/ agosto/ 2025.

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