ANDREA SÁNCHEZ / La verdad no peca / San Luis Potosí, S.L.P.
En cada persona existe una lado femenino y uno masculino, no importa si eres hombre o mujer, todas las personas tenemos los dos lados. Está muy claro que uno de ellos es más dominante, haciendo a un lado el sexo con el que se nació. Los dos lados son opuestos y se complementan perfectamente uno al otro de manera equilibrada o al menos así deberían funcionar.
El lado masculino tiene que ver con la fuerza de voluntad, con la acción, la protección, la razón, con hacerse cargo de las dificultades y enfrentarlos valientemente, y en su parte negativa tiene que ver con la agresividad, la competencia extrema y la brusquedad. El lado femenino tiene que ver todo con la ternura, la nutrición, la sensibilidad, coquetería, compasión, la intuición, y manejada de forma negativa el lado femenino se convierte en manipulación, en emotividad excesiva, en apego insano y sobreprotección. El hombre por naturaleza es el dador y la mujer recibe la materia prima para crear, esto se refleja de manera muy obvia en el cuerpo, pero así funciona la relación masculino- femenino en cualquier aspecto de la vida.
Como mujeres y hombres, en términos generales, tenemos características muy notorias que nos diferencian unos de otros y no importa la personalidad de cada persona, es muy cierto que funcionamos muy distinto; desde nuestra forma de comunicarnos hasta la forma de percibir al mundo y sus leyes, es como si viéramos a través de lentes especiales que no tienen nada en común pero encajan como engranes.
Actualmente se ha visto que nosotras las mujeres hemos sentido una gran necesidad de competir por obtener un lugar en el mundo y el que luchemos por la oportunidad de desarrollarnos tanto como cualquier hombre lo ha hecho es maravilloso, el único problema es que hemos dejado a un lado nuestra feminidad para competir como hombres contra hombres. Lo que es peor es que esta competencia ha permeado hasta al mundo del amor.
Por alguna razón las mujeres de hoy mostramos mucho miedo a tocar nuestro lado femenino, ya casi no queremos ser sensibles y tiernas, pensamos que si nos permitimos serlo nos haríamos débiles porque la naturaleza del lado femenino es la vulnerabilidad, y como estamos en constante competencia obviamente ser vulnerables no es una opción, porque no hemos visto que ser femeninas es un poder dado por la naturaleza. Y no se trata de decir cómo se debe ser sino de cómo manejar algo que está dentro de nosotras y que es parte de nosotras, lo queramos así o no.
En los hombres, desde que podemos recordar ha existido este miedo a tocar su lado sensible y suave; en general y en cualquiera que sea su cultura, no se ha permitido llenarse de su feminidad. Puede ser tierno, puede ser dulce, compasivo pero aún es muy complicado dejar de ver estas cualidades como algo negativo en un “macho que se respeta” o como algo que los hace menos hombres. He visto como se esconden para llorar, para desarmarse si sienten tristeza o alegría.
Como resultado, perder nuestro lado femenino nos ha hecho menos seres humanos porque un ser humano no está completo sin alguna de las dos partes.
La feminidad no es lo mismo que debilidad, es todo lo contrario. La feminidad es la fuerza de la mujer. Tenemos toda la capacidad de enfrentar todos los obstáculos como mujeres y para hacerlo necesitamos un pequeño empuje de nuestro lado masculino para ser valientes y aventurarnos a la vida, a tomar riesgos pero siempre con la sensibilidad y la ternura que nos caracteriza.
Las mujeres necesitamos volver a conectarnos con nuestra naturaleza, volver a aprender a amar la vida como mujeres. Si nosotras no lo hacemos, ¿quién más lo hará?
También es muy importante para los hombres que nos atrevamos a hacerlo, que nos atrevamos a amarlos con toda la fuerza de nuestro lado femenino, que seamos tan dulces y tan tiernas como hemos olvidado serlo, que los acariciemos y besemos mucho, que los abracemos cuando necesiten consuelo, que los sorprendamos con nuestra intuición, que los cuidemos cuando se sientan cansados o enfermos; porque es a través de la mujer que un hombre toca el lado sensible que ha estado durmiendo dentro de ellos, es a través de la suavidad de la mujer que rompen sus barreras y se inspiran a devolver tanta ternura con mimos y protección. Las mujeres somos clave para que el mundo comience a caminar distinto, aprendiendo a amar a nuestros hijos, nuestras parejas, nuestras amigas y a nosotras mismas desde ese lado femenino que se está perdiendo.
Nosotras las mujeres necesitamos obtener el valor de nuestro lado masculino para utilizar todas las cualidades del lado femenino, entre ellas la vulnerabilidad; porque se necesita valentía para atreverse a ser vulnerables. ¿Por qué no devolverle al mundo el equilibrio que perdió? De esta manera tan sencilla de volver a amar con vulnerabilidad ayudando a los hombres a conocer el lado femenino que llevan dentro, estoy segura que notaremos como la competencia entre hombres y mujeres tendrá tonos más suaves y equitativos que nos lleven a desarrollarnos en lo profesional, social, económico y humano, siempre de la mano logrando que los engranes vuelvan a encajar.


