JUAN JOSÉ RODRÍGUEZ / Las Nueve Esquinas / San Luis Potosí, S.L.P.
A la memoria de mi buen y querido amigo Fausto Zapata, quien hoy estaría cumpliendo 74 años de una vida bien e intensamente vivida.
Hay veces que los absurdos de nuestra vida nacional se hacen tan evidentes, tan ostentosos, que abruman, desconciertan, indignan y duelen.
La noche del martes pasado viajaba de regreso de la Ciudad de México después de asistir a la misa fúnebre de Fausto, y al revisar la versión electrónica del diario Milenio me encontré, distantes escasos centímetros una de otra, tres informaciones que si por separado serían de llamar la atención, en su conjunto pintan un panorama desolador para nuestra convivencia social.
Por un lado, el portal incluía un breve video captado la madrugada del domingo anterior por las cámaras del hotel de Chilpancingo donde se hospedaban elementos de la Policía Federal. Se ve a un grupo de individuos, identificados como maestros y normalistas guerrerenses, la mayoría embozados, apalear como perros a tres agentes. Los golpes son con toletes como para romper huesos, y a uno que resbala en las escaleras y cae al piso ahí caído e inerme lo patean repetida e inmisericordemente. Varias de las patadas son en la cara. Es un festín de odio, de brutalidad, de saña.
Justo al lado, y yo me atrevería a pensar que la cercanía fue deliberada, aparecía una nota dando cuenta de un evento celebrado a mediodía en la Arena Ciudad de México, para conmemorar el Día del Policía. Los asistentes eran agentes del orden pertenecientes a la Secretaría de Seguridad Pública de la Capital de la República. Lo encabezó el jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera, quien en su discurso dijo (cita textual): “La confianza de la ciudadanía no se gana con las armas, sino con la cercanía con la gente. La confianza no se gana con las armas, no se gana con la fuerza; se gana con la cercanía, con ese contacto que tienen ustedes día a día”.
¿Lo habrá dicho en serio? Todo indica que sí. ¿Policías desarmados? ¡Por favor! No son trabajadores sociales o encuestadores del Inegi. Son los encargados de garantizar (es un decir) la seguridad pública que vulneran asesinos, violadores, asaltantes, vándalos y anarcos, todos ellos armados sea con pistolas, cuchillos, bombas molotov o piedras. Durante muchos años, los policías de a píe en Londres tenían a mucho orgullo andar desarmados. Había una especie de pacto tácito con los delincuentes: si ellos no portaban armas, los uniformados tampoco. Eso se acabó hace ya buen rato.
El problema es que la filosofía expuesta en ese discurso por Mancera no es exclusiva de la Ciudad de México.
Salvo contadísimas excepciones es la visión generalizada en el país. Ojalá algún día se entienda que un policía desarmado sirve para lo mismo que un marinero sin barco: para un carajo.
Un economista famoso, creo recordar que fue John Kenneth Galbraith, dijo a mediados del siglo pasado que hay ocasiones en que a nombre de ideas abstractas se sacrifica a personas concretas. Algo así nos viene ocurriendo en nuestro atribulado país desde hace años: a nombre de lo políticamente correcto se toleran y alientan conductas antisociales concretas (y nefastas).
Finalmente, en el mismo espacio informativo al que me he venido refiriendo, dos o tres centímetros más abajo, apareció la increíble noticia de que Raúl Salinas de Gortari, el célebre Hermano Incómodo, cuyos abusos de poder y enriquecimiento evidentísimo en los años que su hermano Carlos fue presidente de la República son de sobra conocidos, fue ¡declarado inocente! por el encargado de despacho del Tercer Tribunal Unitario Penal del DF. La acusación era por Enriquecimiento Ilícito, y se trata del último juicio pendiente contra este individuo.
Nadie puede estar en contra de la separación e independencia de los poderes, pero un poco de coordinación no vendría mal. Si el fallo judicial de referencia era inevitable, igual se podía haber pospuesto unas semanas o hasta unos meses -RSG enfrentó el juicio en libertad, de suerte que no corría ninguna prisa- y quizá habría exacerbado menos el mal humor de los mexicanos. Sobre todo, tomando en cuenta que la víspera, los señores senadores y diputados dejaron a’i a ver pa’cuando la legislación que se supone dará origen a un nuevo y eficaz sistema nacional anticorrupción.
Si como algunos especulan, alguien le está jalando el tapete al presidente Peña Nieto, pues que se cuide, porque tendría que ser alguien muy pero muy chingón.
Por hoy, mis amables lectores me van a perdonar. Al revisar mis apuntes para esta colaboración encuentro que los restantes se refieren a la visita de César Camacho Quiroz y la bíblica multiplicación de los aspirantes; a los avatares y calendarios partidistas, a la confusa circunstancia del alcalde soledense, y a cuestiones similares. Por alguna razón que no ha de ser muy difícil de entender, me pareció que su abordamiento en esta fecha resultaría entre inoportuno y frívolo, así que decidí dejar hasta aquí el texto, justo la mitad de lo que normalmente entrego. Sucede, como alguna vez dijo Enrique del Val, que “se me cansó el alma”.
Si les parece, nos reencontramos aquí el jueves 8 de enero, segurísimo de que todos ustedes tendrán una Navidad feliz y un gran inicio del nuevo año. Así que sea. Gracias.

