DANIEL RODRÍGUEZ / Casa de cartas / San Luis Potosí, S.L.P.
Cuando se habla sobre el desarrollo humano holístico, siempre se toman en cuenta factores como la educación, alimentación y salud adecuada, en general, el acceso a una vida digna para que el crecimiento de ese sujeto pueda ser el más apropiado para así convertirse en una persona que se integre, de manera positiva en la sociedad.
Pero, ¿cómo lograr ese desarrollo integral si las condiciones no las brinda la misma sociedad?
Es aquí cuando surge un fenómeno, tan antiguo como la misma humanidad, la migración que en tiempos remotos conocimos como el nomadismo, pero ahora se hace por buscar una mejor vida (siempre ha sido ese el fin primordial de la migración, no se puede negar), se pretende tener una mejor condición de vida, el cual, no siempre se logra la pretensión.
Existen migrantes de todas las edades, condiciones, género, etc., pero el caso más preocupante es de los llamados niños migrantes, el problema escala a una mayor magnitud cada día, el problema es que se ve como un problema político y no como una crisis humanitaria que se debe de atender como tal.
La situación de los niños migrantes no se resuelve con acciones de una política pública unilateral, para dar la atención debida es necesario generar acciones humanistas multilaterales, es necesario que las naciones entiendan que es una crisis, no un problema.
Los niños migrantes que vienen de centro América, buscan llegar a Estados Unidos, las causas son variadas, pobreza (de muchos tipos: económica, alimentaria, salud, emocional), buscar alcanzar al padres, establecer una vida digna, etc., el inconveniente para los niños es el difícil paso por México, no sólo hay que cuidarse de los peligros propios de la migración, es necesario tomar precauciones por el crimen organizado.
También por la corrupción que impera entre los agentes aduanales, no es seguro cruzar por México, sin embargo es la única solución. Las madres, abuelas, tías de las niñas migrantes saben de antemano que durante el trayecto corren el peligro de violación sexual, por ello se toman precauciones tan crudas como lo es dar pastillas anticonceptivas para evitar embarazos producto de esa violencia.
Los países de centro América se lavan las manos, sencillamente ellos no pueden dar seguridad social a esos niños y a esas familias, el gobierno estadounidense pretende echar la culpa a México, según ellos nosotros los dejamos pasar y no debiera ser así, México debe de fortalecer su política migratoria.
La gran dificultad para nuestro país radica en que no podemos dar certeza nuestros propios infantes, ¿cómo vamos a arropar a niños extranjeros? No podemos dar asilo, ¿cómo les daremos asilo sino podemos asegurar su pleno desarrollo?
La crisis humanitaria le estalla en la cara a México, nuestro país se encuentra entre la espada y la pared, no buscamos pretextos para no hacernos cargos de esos niños desamparados, pero la realidad es que primero necesitamos darle certidumbre a nuestros propios críos.
La situación es compleja, cada que se deporta a un niño a su país de origen, tiene pocas opciones, i.- lo vuelve a intentar y a correr nuevamente los riesgos; ii.- muere a manos de criminales o; iii.- se convierte en un delincuente.
Las naciones que empujan a sus niños a migrar no pueden, ni deben, quedarse con los brazos cruzados, deben aplicar políticas públicas encaminadas a disminuir los indicies de violencia, atender el desarrollo social, aplicar mejores modelos económico y educativos.
Estados Unidos debe aceptar que el problema no es problema, es una crisis que se debe de atender de manera enérgica para dar una solución que permita a las familias un desarrollo integral, es entendible que el país del norte no pueda hacerse cargo de esos niños, pero si puede generar acciones a favor de ellos, asesorando y aplicando programas que reconozcan la situación y permitan a los países de origen atender la crisis.
México debe decidir entre apoyar una política migratoria dura o una humanitaria.
Crecen las apuestas, no es momento de hacer bluff
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