- ** Prólogo de Jorge Nández Britos.
Primera mirada
I
Silvia Martínez Coronel, con Cuentos graves, agudos y esdrújulos, se adentra en el mundo de la narrativa. El título convoca. Las palabras seleccionadas, en el contexto de un libro literario, habilitan a pensar más allá del significado gramatical. El lector, entonces, puede conjeturar y anticipar ideas, connotaciones que se proyectan sobre la experiencia humana.
Una de las acepciones del término agudo remite a algo intenso, penetrante. Por su parte, grave alude a algo grande, de mucha entidad e importancia. A partir del conocimiento natural de hablante y el contexto, estas dimensiones significativas son característas asignables a la vida, al ser humano. La palabra esdrújula, en cambio, restringe una asignación inmediata de sentido semejantes en el campo semántico. Sin embargo, una revisión diacrónica permite hallar información interesante. La etimología indica que esdrújula proviene del italiano sdrucciola (resbaladiza, deslizante), que tiene que ver con sdrucciolo (resbalón) que, a su vez, deriva del verbo sdrucciolare (resbalar, deslizarse). El origen de este verbo, según Corominas, es incierto y controversial. Una de las hipótesis propone que se trata de una variante del verbo italiano strusciare (frotar), que proviene del latín extrusitare, frecuentativo del extrudere (echar violentamente hacia afuera)[1].
Esta deriva etimológica, incluyendo la explicación hipotética, da cuenta de antecedentes cuyos significados —´resbaladizo´, ´resbalar´, ´caer rodando´, ´echar violentamente afuera´— abre un entorno de interés más allá de que tales sentidos no estén presentes en la conciencia lingüística del hablante actual.
No obstante, la interrelación con algunas de las acepciones correspondientes a agudo —dicho de un dolor, vivo y penetrante; referido a una enfermedad que alcanza extrema intensidad— y de grave, inducen a pensar que estos cuentos abordarían el dolor, las intensidades extremas, el sacar afuera lo que se esconde adentro.
II
Sombras. Mundos que se invierten. Miedo. Realidades que se entrecruzan, se trastocan, se contraponen y complementan. Negación, ironía y esperanza. Una fuerza oculta dirige condiciones traumáticas. La percepción de la realidad trasvasa los hechos, los trastornan y se manifiesta en la conducta de otros personajes. Evocaciones, recuerdos fijos de la infancia. Nostalgia, repulsión. La dimensión subjetiva se convierte en porfiada desconfianza e inagotable ansiedad. Encierro, muros, desamparo, pastillas, búsquedas, desequilibrios. Por estos circunloquios de la mente y de la vida pasan, traspasan, perviven los personajes, los seres que aparecen en el decurso de los relatos.
Los cuentos son sombras de universos invertidos, donde las realidades se trastocan, se contraponen y se complementan. El vigor de los textos radica en los hechos contados y en las tensiones ocultas que los atraviesan: ironía, nostalgia, negación. También la esperanza puede surgir de la misma oscuridad.
La contundencia de los relatos se instala por sí misma y, al mismo tiempo, se establece una interacción temática por oposición o por correspondencia. Las historias están organizadas de tal manera que puedan verse en el trasluz del cotejo de unas con otras, ya en el enfoque del narrador en el relato, en la anécdota narrada, en los nombres de los personajes, en los epígrafes utilizados.
La visión —óptica, punto de vista— a partir de la cual son presentados los hechos, abre espacios de expansión y distensión que contienen, equilibran las perturbaciones y el agobio que los pueden ocasionar. En particular, ensaya e instala la prospección de la vida en sus dimensiones del afuera y el adentro.
III
En función de lo señalado, algunos comentarios ilustrativos.
Con-cierto, uno de los cuentos más logrados, propone, en el transcurso de hechos inesperados y arrolladores, un traspasamiento, una mutación de las circunstancias vividas. El compromiso, ante una actividad que debe cumplir la protagonista, desencadena un proceso de subversión de la realidad sin que pierda la conciencia del compromiso a cumplir. «Tuvo ganas de llorar, volver al árbol, rendirse, pero de inmediato cambió de decisión, y se dijo con firmeza, que más allá de todo seguiría su destino». La línea entre lo real y lo imaginario se desdibuja. El relato aprovecha esta incongruencia y crea un clima de incertidumbre. La voluntad impulsa a la protagonista a superar el dolor físico y la propia confusión psicológica.
El relato Muertos es mágico y poético. A nivel gramatical, la voz pasiva resulta útil para dar una referencia. Los personajes son cruzados por la vida, son crecidos y son envejecidos, son nacidos, son llorados. Los hechos se apoderan de ellos. Así, descubren, aprenden, encuentran. El título y modo de la narración refieren los acontecimientos que se articulan y encastran para ilustrar un ser vivido, movido, traslado de un tiempo a otro. La narración, con recursos de un decir poético, reconfigura las connotaciones del título y esa fuerza exógena que va tramando la vida atenúa y, a primera vista, disimula, si no oculta, una condición dramática y trágica de la existencia.
Por su parte, La pena que vale relata la circunstancia de un personaje que decide alterar su aspecto para tener una experiencia auténtica, para actuar con el impulso del interés y el gusto propio y descubrir, vivir la felicidad, más allá del castigo físico y psicológico que, sin prever, deba soportar.
El narrador intradiegético en La foto recrea y asocia recuerdos, reconstruye circunstancias que derivan en la constatación de la fotografía como símbolo del encierro. Encierro de una realidad que suma lo lógico a lo imposible. «Siento que voy a enloquecer, o quizá todo lo que me pasa es porque enloquecí, y nada de esto está pasando en realidad, ¿cómo saberlo?»
En Fobia la perturbación psíquica clausura. Dice la narración:
«Le tenía miedo a la vida» «Cosas sencillas le eran complicadas: cocinar, limpiar la casa, salir… ¡Salir era un martirio!. Horas preparándose mentalmente, hasta que pronto al llegar la hora, el agujero en el estómago crecía».
«Cerrar los ojos estando despierta también le provocaba cierto placer, la gratificante sensación de estar sin estar, de apartarse del mundo mientras seguía en él, un remedo bastante menos efectivo que el sueño, pero servía mientras estaba en vigilia».
La exigencia del deber social representa, para el personaje, un detonante traumático. No encuentra la sensibilidad y disposición de otros que entiendan, se acerquen, se solidaricen. La imaginación de encontrar momentos de sol, aire y sosiego quedan en un mero deseo. Sin embargo, a contrapunto de otros relatos, la protagonista insiste en la búsqueda de la puerta para vivir.
Los perros y Ámbar son textos que muestran un contrapunto —uno es la contracara del otro— que se puede establecer entre ellos.
El cuento Los perros relata el esfuerzo de una mujer para escapar de la persecución de los perros. Reconvierte el temor y el horror en estímulo con lo cual procura cambiar su designio. Desde niña, había sido perseguida por estos animales que simbolizan su miedo profundo. Sus éxitos en la lucha no alcanzan, nunca llega a escapar completamente de la amenaza constante de su existencia. De alguna manera, el relato indaga en las dimensiones del miedo como una fuerza que moldea la vida, y cómo las estrategias para enfrentarlo pueden definir la identidad y las decisiones de una persona.
Ámbar es un relato que retrata la angustia de una mujer que sufre esquizofrenia. Un mal olor imaginario la atormenta y la impulsa a buscar perfumes caros para ocultarlo. La obsesión por hallar una solución refleja su batalla contra una realidad distorsionada y su incapacidad para aceptar ayuda. La relación con su madre, quien la cuida con resignación y tristeza, revela la impotencia frente a la enfermedad mental. El relato recorre los territorios de la frustración, la soledad, el deterioro emocional tanto de la paciente como de su entorno más inmediato.
Este relato, de alguna manera, muestra la contracara respecto de Los perros en la medida que la protagonista padece sin encontrar manera de superar su situación.
Sin palabras es un relato con gran despliege de imaginación. Se vale de un estilo surrealista para narrar la vida en un pueblo bajo una lluvia interminable que trastorna a sus habitantes y transforma el entorno en un espectáculo deshumanizado. La lluvia afecta e impacta en lo físico, mental y emocional. La circunstancia evoca la narrativa de J. Saramago, donde los cambios de la naturaleza condicionan la vida humana y ponen en evidencia las corrientes subterráneas, no visibles, no explicadas de la convivencia. El relato en cuestión enfoca temas como la resignación, la pérdida de sentido, y la búsqueda de significado en un mundo donde lo extraordinario se normaliza.
A la deriva del bote del mundo presenta a un joven que posee una enfermedad degenerativa. Su vida transcurre en el aislamiento y la rutina y la sobrelleva a través de una introyección literaria. Los personajes de Moby Dick y el capitán Ahab, en su lectura cotidiana y recurrente, de alguna manera, son el reflejo de su padecimiento, de la impotencia, de su deseo de superación y la frustación ante una realidad en la que está atrapado. El relato muestra esa vivencia interior de lucha por el sentido y la dignidad en medio de las limitaciones físicas y emocionales.
El cuento Dulce dualidad —otro relato destacado— propone, en un estilo surrealista, una circunstancia desafiante de las leyes de la naturaleza y de las convenciones sociales. Lo que se concibe como separado y opuesto —»el calor estaba lleno de frío» y «las estufas se calentaban con hielo»— se fusiona y se crea un mundo de caos y confusión.
La inversión de los fenómenos climáticos, que escapa a toda explicación racional, lleva que la gente experimente una «demencia colectiva» expresada en risas compulsivas, como si el cuerpo y la mente no pudieran procesar la extraña circunstancia en la que viven. El pueblo se adapta de manera improvisada —una sombrilla sirve de paraguas, las sandalias son cerradas— y los resultados reflejan el absurdo de la situación.
El relato contiene una crítica perspicaz al pensamiento cerrado, esquemático que se manifiesta en la incapacidad de los personajes para procesar una realidad que une estructuras dicotómicas, «frío/calor», «arriba/abajo», «ayer/mañana». En este sentido, la narración plantea que la razón y la lógica no bastan para comprender una realidad en la que los opuestos coexisten. Este jaque al pensamiento reduccionista conduce a una crisis filosófica: el pueblo comienza a buscar respuestas en textos como Trilce de César Vallejo, para dar coherencia al caos. (La referencia a Vallejo es significativa. El poeta peruano también recorrió los límites de lo absurdo, de lo poético y lo existencial, y desafió las formas tradicionales del lenguaje y el pensamiento).
El fenómeno que vive el pueblo, obviamente, impacta en las relaciones humanas y sociales. El amor se redefine; las parejas buscan en el odio un complemento necesario para sentir la plenitud en el afecto. El caos climático se refleja en el extravío emocional. En este sentido, el texto cuestiona a la necesidad humana de categorizar todo y destaca la fragilidad de las verdades consagradas.
En el momento de clímax, la población apela al fundamentalismo religioso y Trilce pasa a ser un objeto repudiado. En nuevo enfoque imperante lleva al cierre de escuelas y bibliotecas, y a un regreso al orden supuestamente primigenio y seguro. Sin embargo, este orden es ilusorio. El clima sigue siendo un testimonio del caos que no puede ser reprimido ni eliminado por simples actos de arrepentimiento. Este giro hacia el fanatismo es, en alguna medida, una crítica al miedo que suscitan los cambios estructurales profundos.
En el cierre del relato se lee:
«Dadas las circunstancias, ‘el ala huérfana del día’ tendría que seguir esperando mejores tiempos, para unirse con el ‘ala de la noche’, y llegar ‘al maravilloso vuelo’, donde el miedo a lo que somos no detuviera la evolución natural de las cosas».
El pueblo intenta restaurar el orden pero el fenómeno sigue presente, y el «ala huérfana del día» sigue esperando su momento para volar junto al «ala de la noche». Esta imagen poética, a su modo, sugiere que el equilibrio no radica en la exclusión de lo opuesto, sino en la aceptación de la complejidad y la coexistencia de los contrarios como una dimensión de la experiencia humana.
IV
Silvia Martínez Coronel explora universos extensos, insondables, mínimos, divergentes, imprevisibles. Los relatos exploran circunstancias que poseen la intensidad del estruendo. En conjunto, el libro es una obra consistente y dispone una estructura elaborada para dimensionar el impacto de las historias. Un sentido crítico, cuestionador y filosófico, que en lo literario orienta la mirada hacia Saramago, García Marquez, Vallejo —más allá de su mención y evocación pertinente—entre otros autores, recorre estas páginas y opera como sustento y trasfondo. El recurso de la hipertextualidad, oportunamente aplicado, expande y proyecta el vigor de la narrativa de Cuentos graves, agudos y esdrújulos.
Jorge Nández Britos
Montevideo, 24 de octubre de 2024
[1] Diccionario etimológico castellano – https://etimologias.dechile.net/?esdru.jula

