¿Un nuevo gobierno panista en SLP fortalecería el proyecto de Rafael Moreno Valle rumbo a la Presidencia de la República en el 2018? Es la duda sembrada en San Luis Potosí, donde podrían elegir como candidato del PRI al Gobierno del Estado, al “rival más débil”, con el propósito de que gane un panista y así fortalecer el proyecto del gobernador poblano Rafael Moreno Valle. A eso viene el delegado Melquiades Morales Flores, según la versión de priístas enterados en el estado de Puebla.

La carrera de Moreno Valle ha estado ligada a la del hoy delegado del Comité Ejecutivo Nacional del PRI en San Luis Potosí, Melquiades Morales Flores, y ha estado construida con traiciones que han generado enconos y una guerra que no ha terminado todavía en Puebla.
Estas son algunas publicaciones en Puebla desde hace años:
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<> ¿Guerra de Traiciones o un Nuevo y Unido PRI?
Por Luis Alberto Gonzalez / Etiqueta con destino / Diario de Puebla.
Publicado el 17 de septiembre del 2014.
Los priistas aún tratan de salir del hoyo en que se fueron metiendo desde el 2010 en lo que fue “la guerra de las traiciones” y que continuó en el 2012 y 2013.
Hoy luego de que tengan dirigencia estatal y municipal en la capital, y después de que todos los priistas se saludan, se besan y se abrazan, pero además juran y perjuran que se tendrán amor eterno, que habrá unidad, en breves días esa falsa unidad puede quebrarse fácilmente.
En la memoria de los dos últimos gobernadores priistas aún quedan las afrentas y los mensajes, que directa o indirectamente se mandaron los grupos, pero que no se han olvidado y llevaron a la simulación, al dejar pasar, al desinterés y lo peor… a traicionarse, sin importar que en esas decisiones arrastraron al PRI, al partido que les ha dado todo, a tirarlo a la basura, a arrastrarlo en el fango.
Mario Marín Torres terminaba como Presidente Municipal (1999-2002) y el Gobernador Melquiades Morales Flores, le ofreció algunos puestos o cargos en la administración pública a algunos de sus colaboradores, pero una vez fuera del cargo la orden fue terminante: “Ningún Marinista debe ser contratado”. Y así fue.
Mario Marín se fue “por la libre” y empezó a recorrer el estado y formar grupos y trabajar por la gubernatura, así le ganó en el 2004 la candidatura al alfil de Morales Flores (Rafael Moreno Valle Rosas).
Marín Torres y los marinistas asumieron el poder el 1 de febrero de 2005 y ya soñaban con ir por la Presidencia de la República, pero al mismo tiempo cobraron venganza de los Melquiadistas y no los aceptaron, ni les dieron nada en el gobierno estatal.
La soberbia se apoderó de los Marinistas y así sin negociar con ningún grupo impusieron candidatos y los mismosDogeristas y los Melquiadistas les cobraron la afrenta en la elección del 2010, donde, los que no “simularon”, trabajaron en favor del candidato de la Coalición (la cual minimizaron) y así todos juntos priistas, panistas, perredistas, convergentes, petistas, le dieron una lección a Mario Marín Torres y todos sus “amigos”.
Hoy el PRI está inmerso, maniatado por grupos, por tribus, por enemigos dentro del mismo partido, que aún quieren cobrar venganza y su unidad puede ser simulada si los nuevos dirigentes no están verdaderamente dispuestos a ser incluyentes de todas las corrientes y darles su verdadero valor, y sus espacios, y sus cuotas de poder.
¡Sólo así podrán salir adelante!
¿Querrán entrarle los Melquiadistas, que apoyaron a la que será la nueva lideresa estatal Ana Isabel Allende Cano. Los Marinistas que son amigos del esposo de la flamante Presidenta, Adolfo Karam Beltrán. Los Dogeristas, los Lastiristas, los Armentistas y ahora los cercanos a José Chedraui Budib?, este último con la bendición desde Los Pinos?.
LA NUEVA DISPUTA EN ´PUERTA
Los priistas deberán terminar pronto la borrachera de las fiestas patrias y de la elección de sus nuevos líderes, porque el 7 de octubre arranca la elección 2015 por sólo 16 diputaciones federales.
Y para el PRI poblano no serán 16 opciones, ni oportunidades, porque de darse la alianza PRI, PVEM, PANAL entregarán cuando menos 3 posiciones, 2 al Partido Verde y 1 a Nueva Alianza.
Y como en la canción de los perritos nada más les quedarán 13.
¿Quiénes pudieran ser los abanderados del PVEM?
Pues en primer lugar se nombra a la diputada local Geraldine González Cervantes que tiene muy buena imagen en Tehuacán (Distrito XV) y ha realizado trabajo partidista.
La segunda opción y que no necesariamente son en este orden, es el operador y coordinador en Atlixco (Distrito XIII) Elieser Popocatl Castillo, quien ha logrado la afiliación de más de 6 nuevos militantes a las filas del Verde, lo anterior independientemente de su trabajo en apoyo a grupos vulnerable.
En tanto el PANAL hay 3 individuos que desean la candidatura y son:
Víctor Hugo Islas Hernández ex priista y tío del actual dirigente. Ha sido varias ocasiones diputado federal y local.
Jasmine Flores Hernández, ex panista y ex diputada local por el PAN. Se cambió al PANAL municipal cuando lo dirigióJulio Leopoldo de Lara Valera, dirigente nacional de Factor Ciudadano.
Y 3 Gerardo Islas Maldonado, actual dirigente estatal del PANAL, amigo del gobernador y que además de que desea ser diputado federal ha declarado que el que sea candidato debe ser un Morenovallista.
Los que aspiran por el PRI son:
Los ex diputados Ernesto Leyva Córdova, Carlos Barragán Amador, Humberto Aguilar Viveros, José Lorenzo Rivera Sosa, Alberto Jiménez Merino, Juan Pablo Jiménez Concha, René Lechuga Fosado, Juan Manuel Vega Rayet, Juan Antonio Martínez Martínez, Humberto Vázquez Arroyo y Fernando Morales Martínez, aquí van 11.
Por las mujeres se mencionan y han levantado la mano Maritza Marín Marcelo, Silvia Elena del Valle, Silvia Tanus Osorio, Nancy de la Sierra Aramburu (Esposa del Presidente Municipal de Cholula y de Movimiento Ciudadano), Rita Sánchez Jiménez, Vanessa Barahona de la Rosa y Bárbara Ganime Borne o una de sus hijas, que por cierto son hijas del ex priista y Panalista Víctor Hugo Islas Hernández. Suman 7.
HOY EN EL CONGRESO DE LA UNION COMO NUNCA HAY POBLANOS
Actualmente, la entidad está representada por 21 diputados federales en la LXII Legislatura, 16 de los cuales son de mayoría y cinco ingresaron por la vía de la representación proporcional.
Esta es una cifra histórica: 14 son de extracción priista, 5 son del PAN, 1 del PRD y 1 más del Partido Movimiento Ciudadano.
SENADORES POBLANOS
Del PRI: Blanca Alcalá Ruiz, Lucero Saldaña Pérez, Ricardo Urzúa Rivera; del PAN, Javier Lozano Alarcón, del PT Manuel Bartlett Díaz y del PRD Luis Miguel Barbosa.
¿Cuál será la composición de la próxima Cámara Baja?.
COMENTARIOS Y SUGERENCIAS
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<> Melquiades Morales traicionó a sus seguidores con la declinación de Jiménez Merino
La Jornada de Oriente / Fermín Alejandro García
Publicado el Viernes, 05 de Noviembre de 2010
Dicen que el cambio de dirigente en el PRI estatal tiene enojados a muchos priistas, pero no con el nuevo líder de ese partido, Juan Carlos Lastiri Quirós, ni con quien deja el puesto, Alejandro Armenta Mier, sino con el ex gobernador de Puebla Melquiades Morales Flores.
Y es que dicen que el viernes 29 de octubre, por la mañana, el ex mandatario sostuvo una negociación con enviados de la llamada “burbuja marinista” para que aceptara la llegada de Juan Carlos Lastiri al PRI, y de esa manera se garantizara la declinación de las aspiraciones del diputado federal Alberto Jiménez Merino, quien representaba al grupo melquiadista.
El problema del resultado de esa reunión –que dicen transcurrió en armonía y sin que brotaran discrepancias– es que Melquiades Morales ni tomó en cuenta a quienes apoyaban a Jiménez Merino y mucho menos les avisó que ya había cedido a favor del ahora ex secretario de Desarrollo Social.
Por eso a muchos melquiadistas y de otras corrientes del tricolor les tomó por sorpresa y con desagrado la noticia de la declinación de Jiménez Merino, cuando tenían claro que el legislador federal se perfilaba a ser el nuevo dirigente priista por contar con el apoyo de la mayoría de los ex gobernadores priistas.
Se comenta que entre quienes estarían molestos se encuentra el ex gobernador Guillermo Jiménez Morales, y no por el arribo de Lastiri ni la declinación de Jiménez Merino, sino porque no se guardaron las formas y no tomó su parecer.
Lo peor del caso es que dicen que Melquiades Morales sigue sin explicar por qué cambió de opinión, luego de que los ex gobernadores habían acordado con la presidente nacional del PRI, Beatriz Paredes Rangel, que el líder del partido en Puebla sería Alberto Jiménez Merino.
Se le olvidó a Morales Flores que ya pasó la época en que sus decisiones unipersonales se convertían en mandato de todos los priistas, y que ahora, aunque es uno de los principales líderes del PRI, debe buscar acuerdos, consensos o por lo menos avisar de sus cambios de opinión.
Más allá de lo que hizo o no hizo Melquiades Morales Flores, es pertinente preguntarse las implicaciones de que Juan Carlos Lastiri prácticamente sea el nuevo dirigente priista, por encima del proyecto que había de convertir a Javier López Zavala o a Jiménez Merino en el sucesor de Alejandro Armenta.
Con Jiménez Merino el PRI se habría convertido en una oposición leal al próximo gobierno de Rafael Moreno Valle Rosas, ya que el nuevo mandatario buscará gobernar de la mano de un sector de priistas, que es el grupo del ex gobernador Melquiades Morales Flores.
Jiménez Merino no solamente es parte del grupo de Morales Flores, sino que es un priista sin carácter, razón por la cual no supo luchar por la presidencia del PRI.
Con Javier López Zavala el PRI se habría convertido en el “payaso de las cachetadas” de la administración de Moreno Valle, pues al ser López Zavala el candidato perdedor del 4 de julio, habría llegado en condiciones de alta vulnerabilidad y sería el blanco da ataques de priistas dolidos con la derrota –que son la mayoría– e integrantes del nuevo gobierno.
Con Juan Carlos Lastiri todo apunta a que el PRI sí buscará ser una oposición real al gobierno de Moreno Valle.
Si algo tiene Lastiri es que es un hombre mesurado, poco estridente, pero que sabe dialogar y sobre todo, es agudo con sus críticas.
Además, aunque se le busqué ubicar solamente como parte del grupo marinista, en realidad el ex secretario de Desarrollo Social es alguien que ha convivido con los tres últimos gobernadores de Puebla, lo cual lo coloca en posición de ser un puente entre las diversas corrientes en que el tricolor poblano se encuentra fraccionado.
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<> El obligado exilio de Melquiades Morales.
Para evitar que siguiera haciéndole daño al PRI poblano en esta coyuntura electoral el líder del CEN tricolor decidió mandar al ex gobernador de Puebla, Melquiades Morales Flores, a un exilio político breve, pero muy efectivo, al vecino estado de Oaxaca.
La medida fue contundente, drástica, del tamaño de las enormes traiciones que Melquiades y su grupo encabezaron en contra del partido que los hizo crecer política y económicamente durante los procesos internos para elegir candidatos rumbo al 7 de julio.
Y es que, otra vez, tal y como lo hicieron en el 2010, en esta elección le juegan las contras al tricolor, frotándose las manos en espera de que sufra en Puebla una nueva catástrofe electoral.
Sí, en este 2013, el político que siempre recomendó a todos ponerse una bolsa de hielo en la cabeza, tiene la testa que arde y no escatima esfuerzos para defender los intereses electorales del morenovallismo.
No, no fue el caso del profe Ceballos lo que motivó el exilio, sino una serie de acciones de bloqueo y golpeteo político en contra de potenciales candidatos que tenían posibilidades reales de ser competitivos, quienes desistieron de participar debido a los “sabios consejos” del ex mandatario.
Algunos ilusos que creían hasta hace muy poco en la lealtad de Melquiades al Revolucionario Institucional, cometieron el fatal error de confiarle sus anhelos políticos y pedirle un consejo sobre si buscar o no una candidatura.
Preguntaron buscando sabiduría y se llevaron el chasco de su vida:
“No vale la pena, veo muy difícil que el partido salga bien librado del proceso”
“¿Para qué se pelea con el gobernador?- como están las cosas es un suicidio político”.
Los que tenían antecedentes en el servicio público recibieron aún peores respuestas:
“¿Y cómo dejó las cosas en su anterior encargo?”
“¿Está seguro de que amarró todo, hasta el más pequeño detalle?”
“Mejor déjelo, yo sé que el gobernador tiene su expediente y ya sabe cómo es”.
Los pocos que no cayeron en el garlito y persistieron en su afán de ser candidatos, y que además representaban un peligro real para los intereses electorales del gobernador y por ende de Melquiades, recibieron atractivos cañonazos en efectivo vía otro Morales, de segundo apellido Martínez y de nombre Fernando.
Para vomitar.
Con el sello de la casa.
En este contexto, nada más banal que aquella ridícula entrevista en donde Melquiades le juraba amor eterno a Agüera.
Nada más falso que las declaraciones de su hermano Chucho, con el pecho encendido de priismo, pero con su primogénito enquistado en el gobierno estatal.
Ni qué decir de aquella payasada de “sumar” al grupo melquiadista 24 de Mayo a la campaña del ex rector, mientras patean por debajo de la mesa el proyecto priista.
Sí, todo parece indicar que se acercan al final aquellos alegres tiempos para los Morales Flores, en donde mamar y dar de topes era la característica principal de su tan particular forma de hacer política.
Juran en el CEN que el exilio es apenas el principio y que una vez sorteada la aduana electoral vendrá el inevitable ajuste de cuentas.
A ver si es cierto, por el bien del PRI.
latempestad@statuspuebla.com.mx
La Quinta Columna
Mario Alberto Mejía
- <> Melquíades Morales y la Clase Política que Forjó (Dones son Pendones)
En el contexto del relevo en la dirigencia estatal del PRI hay un elemento que ha pasado desapercibido: la enorme autoridad moral que a partir del 4 de julio ganó Melquíades Morales Flores.
Vea el lector.
Como se lo dijo hace algún tiempo el locuaz arzobispo Antonio Chedraui, el ex gobernador de Puebla ha sido el único que logró conjuntar en su momento a tres personajes de primer nivel en su gobierno: Javier Lozano Alarcón, Pedro Ángel Palou García y Rafael Moreno Valle.
El primero era representante del gobierno poblano en la ciudad de México cuando los restantes fungían como secretarios de Cultura y de Finanzas, respectivamente.
El destino, que es inasible, los llevó a todos por distintos caminos:
Don Melquíades llegó al Senado.
Lozano, a la Secretaría del Trabajo.
Palou, a la Rectoría de la UDLA y a un escaño que no se gana en las urnas: el de ser uno de los mejores escritores de este país.
Y Moreno Valle, ya se sabe, a una senaduría y al mismísimo gobierno del estado de Puebla.
¿Cómo le hacía el entonces gobernador para sentarse con ellos y otras figuras destacadas que logró sumar en su administración?
Sencillo: con los dones que le ha prodigado la política: prudencia, bonhomía y generosidad.
A todos oía.
Y más: a varios admiraba.
(Hace poco me confesó que estaba leyendo “Los dineros del diablo”, de Palou, y que la consideraba su mejor novela. Durante veinte minutos me habló entusiasmado de los personajes y de la trama con una admiración y un orgullo singulares).
Esta referencia sirve para ver de mejor manera a don Melquíades.
Y es que gracias a esos atributos, y pese a descalificaciones facilistas en el sentido de que traicionó al PRI, resultó ser el personaje ganador, después de Moreno Valle, de las recientes elecciones.
Pero vayamos al principio de esta historia.
Hace seis años, don Melquíades inició el sexenio marinista con un hermano, Roberto, convertido en secretario de Salud.
Al poco tiempo, éste empezó a vivir una beligerancia brutal en su contra.
Todos los días era víctima de un fuego poco cortés.
Las columnas políticas se prodigaban en exhibirlo a la menor oportunidad.
Con el tiempo, la cabeza de Roberto Morales rodó por las calles aledañas a la dependencia.
Don Melquíades, como un personaje de la película El Padrino, no dijo nada.
Se quedó callado y no le reprochó la acción a nadie.
Eso sí: abrazó a su hermano solidariamente y se puso una bolsa de hielos en la nuca.
Otro hermano suyo, Chucho, vivió de cerca el fuego del poder.
En otras palabras: aguantó humillaciones, resistió groserías y terminó por sumarse a un proyecto en el que no creía.
El plato se colmó durante la campaña a Casa Puebla, una vez que el PRI revivió el tema del mítico “hoyo financiero” en aras de golpear a Moreno Valle.
Y es que los señalamientos públicos terminaron por afectar, inevitablemente, a don Melquíades.
Éste se inconformó, habló con el gobernador Marín y pidió que su nombre dejara de ensuciarse.
A la par se había iniciado una campaña de suspicacia que afectaba a doña Socorro Alfaro, su esposa, a quien acusaban de apoyar al hoy gobernador electo.
Pese a todo, don Melquíades dio pruebas de institucionalidad y organizó un desayuno para apoyar a Javier López Zavala.
Lo que no pudo hacer fue convencer a todos los melquiadistas de sumarse a la campaña.
Y es que los agravios parecían ser mayores que otra cosa.
En ese sentido: los resultados del 4 de julio reivindicaron al ex gobernador.
Y es que hoy más que nunca es respetado por un buen número de priistas y por los principales miembros del nuevo gobierno, empezando por Moreno Valle.
¿Quién puede presumir tamaños dones?
Pero hay más: la clase política que creó y formó durante su gobierno es la que estará al frente del estado a partir del 1 de febrero de 2011.
Pero esta historia, como todas las historias que se jacten de serlo, también tiene su corolario.
Hoy por hoy, con todo a su favor, nuestro personaje es el único con la capacidad suficiente como para influir en la sucesión de la dirigencia del PRI.
En México, faltaba más, es apreciado por los principales actores y actrices de la política.
En Puebla, su sitio nadie lo disputa.
Él, pues, tiene la última palabra.
- <> El origen de Rafael Moreno Valle.
Alejandro C. Manjarrez
Viernes, Julio 18, 2014 – 20:46
*La historia de un niño cuyo abuelo dispuso su llegada al poder
*Diez gobernadores le prepararon el largo camino
*El último fue quien lo empujó a la oposición
Si usted no cree que traemos marcado nuestro destino, tal vez esté de acuerdo con la sobada tesis de Ortega y Gasset sobre que el hombre es él y su circunstancia.
Ahora bien, si no le convence la disyuntiva enunciada, entonces le propongo leer lo que pareciera el argumento de una novela política cuyo desenlace, bueno o malo, podrá confirmar lo que ya sabemos por ser testigos e incluso protagonistas de la trama política que vivimos.
Esta es, pues, la historia de tres personajes de primera línea. Uno de ellos el patriarca, general y médico; otro el alumno de éste, a la sazón un joven diputado y pastor del rebaño diputadil; y el tercero el nieto a quien su sino lo llevaría hasta el espacio que cuatro décadas antes ocupara el abuelo.
Las estrellas del enredo son los dos Rafael Moreno Valle, abuelo y nieto, y Melquiades Morales Flores, ahijado político del doctor y general. Los tres coinciden a pesar de su generación. Esto porque cuando don Rafael tenía alrededor de cincuenta y dos años, su nieto acababa de nacer y Melquiades apenas alcanzaba el cuarto de siglo. Uno era gobernador, el otro el bebé destinatario de todas las ilusiones de la familia, y el tercero beneficiario de la benevolencia y confianza del mandatario que lo hizo líder de la XLV legislatura poblana.
Uno y otros han sido beneficiarios del poder que delegan los electores, mismos que votan sin saber si el votado llegará al mando lleno de resabios o complejos o con una cultura histórica que le ayudará a no repetir los errores del pasado.
Los diálogos que incluyo, aunque imaginarios, se ajustan a los hechos y están en sintonía con el ambiente que todos hemos visto, algunos con azoro y otros con el sentido lúdico que ayuda a eludir los estragos que ocasiona la decepción. Son charlas tomadas de las conversaciones que escuché de terceros o porque fui testigo ocasional.
1969-1972
–Te tengo dos buenas noticias –le dice el gobernador Moreno Valle a Melquiades en cuyos ojos se nota la humedad que produce la emoción. –Por tu juventud el tiempo te da la oportunidad de ocupar esta silla, dependerá de tu disciplina. Yo sólo he puesto mi granito de arena para ayudarte a encontrar tu destino. Aquí tienes este dinero; repártelo entre los diputados. A cada uno dale quince mil pesos. Diles que es el apoyo que tú gestionaste para que se recuperen de los gastos de la campaña. Te ayudará a mejorar tu relación con ellos y, aquí viene la segunda buena nueva, tú serás el líder del Congreso.
La impresión le cerró la garganta a Melquiades que miró al general con la humedad cubriéndole sus ojos. El gobernador hizo un gesto amistoso para animarlo a decir algo pero el diputado sólo alcanzó a articular un “gracias” entrecortado.
Tres meses después de aquel grato encuentro volvieron a reunirse el gobernador y el líder de los diputados. Fue el día en que el general y doctor le participó a Melquiades una muy mala noticia.
–Melquiades –soltó el mandatario–, aquí tiene usted mi renuncia. Hágala del conocimiento de los diputados. Cumpla con su deber. Y cuídese porque usted forjará su destino…
–Con todo respeto, señor Gobernador, no se la acepto. Somos un estado libre y soberano y los poderes están con usted…
–No, no. Espera. Te agradezco tu lealtad pero recuerda que soy un militar que obedece al Presidente de México. Además estoy enfermo. Así que haz lo que debas hacer. Y no te preocupes porque al fin podré disfrutar a mi nieto que en tres meses cumplirá los tres años.
Acongojado, Melquiades tuvo que acatar la instrucción y aceptar la renuncia de su hacedor para enseguida dar posesión del cargo de gobernador interino al abogado Mario Mellado García y horas después a Gonzalo Bautista O’Farril, el sustituto.
Meses más tarde se repitió la historia al recibir de Bautista la renuncia al cargo y tomar la protesta de ley a Guillermo Morales Blúmenkron, el cuarto gobernador de aquel accidentado sexenio donde fue determinante la participación de los universitarios y el periodismo local.
Así, en seis años, la carrera política de Morales Flores se enriqueció con muchas experiencias de tipo personal y público. Entendió que el poder es efímero y que por este hecho hay que formar, orientar e impulsar a quienes podrían heredarlo, postura, estilo o prevención que permite mantener la vigencia política. En ese lapso acudió varias veces a la casa del general para llevarle algún presente o manifestarle su agradecimiento y lealtad. En alguna de sus visitas Melquiades vio a su ex jefe orgulloso, repuesto y contento con su condición de abuelo. Ahí estaba Rafita, el más pequeño de la dinastía.
Curso intensivo
La carrera política de Melquiades Morales Flores está enlazada a la de Rafael Moreno Valle Rosas: tuvo la fortuna de aprender del abuelo del hoy gobernador lo efímero del poder y la conveniencia de sembrar para el futuro impulsando a quienes den “oxígeno político”. Por ello el entonces mandatario Moreno Valle hizo presidente de la Gran Comisión del Congreso local a Melquiades, cargo que ejerció con cuatro gobernadores al hilo. Tres décadas después a éste le tocó proteger al nieto del general para dar continuidad a la dinastía morenovallista.
1975-1981
Cuando Alfredo Toxqui es designado titular del poder Ejecutivo, nombra como secretario de Gobernación a Carlos Trujillo, también protector de Melquiades. Vuelve la calma al estado gracias al oficio político de Toxqui y a las habilidades burocráticas de Trujillo. Uno es el bueno y el otro malo de esta película que dura seis años.
–Señor gobernador –informó Trujillo a su jefe–, ¿metemos al orden a los empresarios?
–Adelante siempre y cuando ya tenga usted los documentos que ponen en entredicho el prestigio de don Juan.
–Están listos, señor. Son denuncias y demandas muy bien integradas, tanto que nuesto amigo podría caer en la cárcel.
–Entonces apriételo y póngame en medio para que yo pueda intervenir y ayudarlo. Pero procure que él solicite mi intervención. Tal vez podamos mejorar la relación con la iniciativa privada…
Melquiades estuvo cerca de Trujillo. Le sirvió en los asuntos electorales y en algunos de los conflictos, entre ellos el de la Universidad Autónoma de Puebla. Vio cómo aquellos empresarios alebrestados cambiaban su postura y terminaron diciendo que Toxqui era el mejor gobernador que había tenido la entidad. Su testimonio de piedra le permitió cursar el equivalente a una maestría en política local, trayecto en el que sus servicios, discreción y eficacia lo convirtieron un político confiable. Por ello fue nombrarlo candidato a una de las diputaciones federales, después de haber sido líder de la CNC local, posición ésta que le ganó algunas enemistades, entre ellas la de Eleazar Camarillo, dirigente de la CROM de Atlixco y enemigo jurado de los campesinos afiliados a la Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos.
Eran los días en que Rafael Moreno Valle nieto, entraba a la pubertad escuchando de su abuelo las historias del poder en las cuales Melquiades pudo haber sido una referencia tangencial sí, pero necesaria por lo que había detrás y lo que vendría después..
1981-1987
Guillermo Jiménez Morales gana la gubernatura prácticamente sin despeinarse. Melquiades está cerca de él (fue su compañero diputado). Aspira ser el presidente del PRI estatal pero se le atraviesa Gustavo Carbajal Moreno (presidente del CEN del PRI), cuya influencia le permite imponer como dirigente a uno de los miembros de su ayudantía. No hay nada que hacer. Melquiades apechuga y ayuda a su nuevo compañero de partido que en materia política dejaba mucho que desear. Es la época en que los priistas comprueban que las decisiones verticales suelen abonar el camino del error. Y se produce un comentario uniforme en el sentido de que si Javier Bolaños pudo ser presidente del PRI, cualquiera podría serlo.
Empieza así el deterioro de la clase política poblana dado que unos, los capaces, se quedan callados, y los otros, los mediocres, suponen que tienen oportunidad de crecer. Y muchos llegaron a posiciones importantes pesar de su bajo perfil intelectual.
Faltando quince días para la elección federal de 1985, fallece el maestro Edulio Cortés López, candidato a diputado por el séptimo distrito (Ciudad Serdán). Le niegan la posición a su suplente Dario Maldonado Casiano. Y Buscan a quien habría de suplirlo. “Melquiades es un hombre confiable y seguro”, dijo el delegado general del PRI al gobernador. Y esas dos semanas fueron suficientes para que Morales Flores ganara la elección e impusiera un récord en las urnas nacionales (y puede ser que internacionales): votaron por él el 100 por ciento de los ciudadanos inscritos en el padrón electoral, más un 10 por ciento adicional. En total, 110 por ciento.
En aquellos días, en la casa del abuelo Moreno Valle, seguramente se analizó la hazaña melquiadista. Y Rafa, el nieto ya de quince años de edad, debe haber escuchado la satisfacción revuelta con la pena del general impulsor de la carrera de su secretario auxiliar, diputado y líder en su Congreso local. “Melquiades es un maestro en lo que puede hacerse, especialidad que tú nunca podrás darte el lujo de tener”, intuyo que dijo el general a su nieto y que éste asimiló el mensaje-lección.
Favor con favor se paga
Melquiades siguió abrevando en todas las norias políticas, sapiencia que, como se lo enseñó el general Moreno Valle, guardó para transmitirla en el momento en que el destino así se lo indicara. Así llegó otra experiencia más, quizá la menos esperada, la que produjo el arribo al poder del extraño que había jurado no regresar a Puebla porque era la tierra de sus desdichas personales.
1987-1993
El desgaste natural de quienes constituían la clase política, permitió que Mariano Piña Olaya fuera designado gobernador sin más protestas que las caras duras de algunos poblanos. Nadie impugnó su postulación. Tampoco les importó su conocido desarraigo ni su origen natal. Como muchos poblanos, Melquiades también aplaudió esa nominación, quizá porque, gracias a la recomendación de Alberto Jiménez Morales, su hermano Jesús formó parte de la campaña política de Mariano.
En esa época Luis Donaldo Colosio Murrieta se hizo cargo del Revolucionario Institucional, y debido a que conocía de las trampas inmobiliarias perpetradas por el gobierno de Puebla, se negó a crear compromisos con el gobernador Piña y su poderoso asesor y factótum. Los veía como operadores de la venta extra legal de las más de mil hectáreas expropiadas a los ejidatarios de Momoxpan. De ahí que mandara llamar al diputado Melquiades para decirle que él sería el nuevo presidente del PRI poblano pero tendría que alejarse de la mala influencia del gobernador: “No le pidas ni les aceptes nada. El partido se hará cargo de tus gastos y del pago de la nómina”, le dijo Luis Donaldo convencido de que Melquiades cumpliría sus instrucciones.
Aquella petición-advertencia perdió fuerza cuando Melquiades acudió a Piña para someterse a su poder, acción que –me dijo Lydia Zarrazaga (+)– provocó que Luis Donaldo lo borrara de su lista. Empero, la buena ventura siguió protegiendo a Melquiades porque el de Magdalena de Kino fue asesinado dejando en su tintero los taches contra quienes le habían fallado o engañado.
El crimen de Luis Donaldo y las muertes violentas del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo y Francisco Ruiz Massieu, marcaron la vida política de México. Le mostraron al entonces joven profesionista Rafael Moreno Valle el lado negro donde domina el mítico Tezcatlipoca y operan sus modernas reencarnaciones. Estoy seguro que el abuelo lo puso al tanto de las traiciones del poder y la forma de afrontarlas; quizá lo hizo pensando en aquellos campesinos masacrados en Huehuetlán El Chico, matanza que endilgaron al general para obligarlo a dejar el cargo de gobernador.
1993-1999
“Si Piña fue gobernador de Puebla, Manuel Bartlett también puede serlo para rescatar el prestigio de la política poblana”. Este criterio deambulaba por las mentes de los poblanos hartos de las imposiciones. La posibilidad de que Bartlett “rescatara el prestigio de la política poblana”, aplazó para mejores tiempos la animosidad en contra de los políticos desarraigados.
Bartlett, que por cierto conocía bien la vida de casi todos los poblanos, se encontró con Melquiades, primero como diputado federal y después como senador de la República. Lo vio brincar de un cargo al otro sin tomar aire ni impulso. Pudo constatar la popularidad del legislador de oficio y comprobó su buena memoria, cualidad que lo había hecho el amigo de todos. “A Melquiades lo conocen y le mueven la cola hasta los perros del pueblo más alejado de la mano de Dios”, dijo Bartlett al que esto escribe. Lo curioso es que a pesar de saber cómo se movía, cuando don Manuel soltó la sucesión que le había prometido a José Luis Flores Hernández, se le olvidaron la fama y los miles de compadres que entonces tenía el senador de la República.
Aquella omisión o desconocimiento permitió a los Morales Flores entrar de lleno al proceso del cual Melquiades salió airoso y como candidato del PRI a la gubernatura.
Para esos días y con casi treinta años de edad, Rafael Moreno Valle Rosas ya estaba integrado con el senador de la República: su madre y Armando Labra Manjarrez habían convencido al padre de Rafa para que lo apoyara en su ánimo político. El abuelo avaló gustoso la decisión del nieto que había truncado su carrera en el sector financiero internacional. Y aquel fue, creo, el momento para que el general “cobrara” los favores que hizo siendo gobernador; uno de ellos: el impulso a su secretario auxiliar, espaldarazo que adquirió la fuerza de un acuerdo generacional. Por esta razón, sin mediar requerimiento o petición formal, Melquiades abrió su enorme corazón a quien era el acreedor sustituto de su deuda con el doctor y general que, como ya se dijo, lo había puesto en el camino que lo condujo al éxito político, ruta en la que se encontró con Rafa, el treintañero…
El gobierno de la compensación
Melquiades gobernó a los poblanos. Lo hizo dispuesto a mostrarse leal a sus principios. Antepuso el afecto y sumisión hacia quien lo enseñó a respetar los pactos que trascienden.
El doctor Rafael Moreno Valle fue personificado por su nieto y homónimo.
Rafael ganó las discusiones y negociaciones previas a la toma del poder porque tuvo el respaldo moral del abuelo cuyo recuerdo seguía influyendo en el ánimo de Melquiades: fue titular de la Secretaría de Finanzas y Desarrollo Social, incluso con el plus de imponer sus condiciones. Su futuro quedó así en las manos del político hechura de su abuelo.
Por eso Rafael tuvo “manga ancha” e integró su equipo de trabajo con varios de sus amigos y compañeros de Boston y Nueva York. Uno de ellos, Fernando Manzanilla –subsecretario de Egresos– contaba con el plus de haber estado cerca de Zedillo cuando éste coordinó la campaña de Luis Donaldo Colosio. Otro, Luis Bank, amigo de Manzanilla y también su compañero durante la campaña que concluyó con el asesinato del candidato presidencial. Y el gurú de ellos, Luis Maldonado Venegas, político emergido del trágico suceso que quitó la vida a Luis Donaldo Colosio. El perfil del resto de colaboradores estuvo acorde con su función pública. Con este grupo Rafael inició el proyecto “sucesión” avalado por el gobernador. Una vez acomodado organizó la estructura priista alterna, iniciativa que también contó con la aquiescencia del mandatario: cuatro centenas de jóvenes trabajaron en el proyecto que con el tiempo lo llevaría a la gubernatura.
Los morenovallistas pusieron en práctica el plan para alcanzar su objetivo. Convencieron a Melquiades de la necesidad de sustentar las decisiones del gobierno en las encuestas. Y le vendieron la idea de que el PRI (o el Ejecutivo) se basara en ellas para designar al próximo candidato que ocuparía la titularidad del poder Ejecutivo.
Con esta autorización el grupo morenovallista se movió a sus anchas. Llevó a Rafael hasta los rincones más alejados, municipios donde el funcionario entregaba desde las participaciones hasta los apoyos estatales y federales destinados al desarrollo social, algunas veces acompañando a Melquiades y otras representándolo con su venia, afecto, complicidad y simpatía.
Cuando la estrategia morenovallista fue descubierta por Mario Marín Torres, alcalde de Puebla, cargo al cual llegó después de haber sido secretario de Gobernación de Manuel Bartlett y presidente del Comité Directivo Estatal del PRI, percibió lo que parecía un plan con maña. Lo supo porque años antes había tratado de cerca a Melquiades (fue su secretario particular), cirncunstancia que le permitió intuir las intenciones del gobernador y confirmar que éste había “comprado” la idea de manejarse y manejar la sucesión mediando las encuestas. Reaccionó y de inmediato puso a su gente a trabajar para mejorar su impacto mediático.
Dos meses antes de la decisión final, el resultado de los sondeos estaba en contra de Moreno Valle. “Son diez puntos los que nos lleva Marín –reconoció Manzanilla–, diferencia que ya no podremos remontar. Así que hay que pactar con él para apoyarlo y que nos apoye cuando sea gobernador. Es mejor éso a que sea candidato Germán Sierra Sánchez”.
Se hizo el “pacto de caballeros” bajo los siguientes términos: prevalencia en la nómina de los miembros del equipo morenovallista; la diputación local y el liderazgo cameral para Rafael; la diputación federal y en seguida la senaduría. Las cosas marcharon bien hasta que Marín decidió olvidarse del trato al aceptar como candidatos a senador por mayoría relativa a Melquiades y a Mario Montero Serrano. El primero postulado por el CEN priista y el segundo propuesto por él valiéndose de su calidad de gobernador.
La decisión propició que Rafael abandonara al PRI acogiéndose a la influencia de Elba Esther Gordillo enfrentada ya con Roberto Madrazo. La profesora negoció con Calderón, alianza en la que fue incluida la postulación de Moreno Valle para senador por Puebla, candidatura respaldada por el PAN.
Ocurrió el supuesto enfrentamiento. Rafael y Melquiades contendieron en partidos distintos. Dio la impresión que el afecto del ex gobernador lo indujo a manejarse de bajo perfil beneficiando con ello al nieto de su ex jefe. No alteraría el proyecto genético-familiar. Quizá hasta pensó en que si perdía en la elección él también estaría en la Cámara de Senadores debido al principio de primera minoría. Era un extra en su proyecto de vida, circunstancia que validaría su compromiso generacional. El final feliz pues. La obra del teatro republicano que incluyó ser par del nieto del general.
Melquiades nunca debió perder a pesar de haber mostrado sus cartas a Moreno Valle. Sin embargo, salió derrotado en las urnas para, como dicen los clásicos, caer hacia arriba.
Farol de la calle…
Ya vimos cómo se dio algo que parecía un enfrentamiento electoral entre Rafael Moreno Valle y Melquiades Morales cuando los dos contendieron por partidos distintos, días en que el ex gobernador se manejó de bajo perfil como si su intención fuera la de beneficiar al nieto de su ex jefe o, lo que es lo mismo, apoyar el proyecto digamos que genético-familiar.
Todos sabemos de la extraordinaria experiencia de Melquiades en las “artes” electorales. Y por ello ninguno de los que conocen su trayectoria creyó en la autenticidad de aquella derrota. El menos expresivo dijo que allí había gato encerrado, duda que nació debido a que Melquiades es un experto en esas lídes y, además, era entonces el político más popular y querido de los poblanos: encabezaba todos los sondeos tanto por su popularidad como porque acababa de dejar el cargo de gobernador.
Hubo quien aseguró que el ex gobernador decidió no usar su experiencia porque privilegió sus lealtades. Dejó que operara Rafael para dejarlo ganar a sabiendas de que de cualquier manera él llegaría al Senado, un espacio ideal para cualquier político en proceso de retiro.
Hoy vemos el gran final de esta obra puesta en el escenario del teatro republicano donde el personaje principal es el nieto del general y doctor Rafael Moreno Valle, otro ex gobernador que cayó del poder debido a que alguien lo engatuzó.
La dulce venganza
Como ya quedó asentado, antes del desenlace que llevó a Moreno Valle a ganar la elección de gobernador, Mario Marín y él tuvieron varios desencuentros. El más grave pudo ser el incumplimiento del compromiso por la candidatura al Senado. Le siguió el menosprecio a los políticos y burócratas con el sello morenovallista.
Después de aquellos “errores” cuyo origen es más humano que político, empezó una guerra sorda que llegó a ser estridente cuando Rafael obtuvo postulación del PAN y de los partidos aliados para buscar la gubernatura. La lucha por el poder se tornó virulenta y el equipo morenovallista diseñó (o aceptó) lo que fue la contra-campaña basada en desprestigiar a Marín y al mismo tiempo convocar el enojo de los ciudadanos.
En esa estrategia participaron casi todos los medios nacionales, algunos de manera casual y los menos como parte convenida por los rafaelianos. Se desató así el intenso y demoledor bombardeo contra Marín. Y la sociedad asimiló los mensajes mediáticos, unos subliminales y otros tan directos como una mentada de madre. Al final de cuentas los electores se manifestaron en las urnas.
Rafael Moreno Valle Rosas tuvo el apoyo irrestricto de la maestra Elba Esther Gordillo y, obvio, de sus huestes magisteriales. Los panistas de cepa también se adicionaron a la causa morenovallista. Ni unos ni otros dejaron espacios de maniobra a los operadores del PRI. Cubrieron todas las casillas de la entidad. Y además contaron con el soporte logístico del SNTE y los cuerpos de seguridad del gobierno de Felipe Calderón. Su objetivo fue claro: sin importar el cómo, había que ganar la “joya de la corona”.
De ello y más se dio cuenta Melquiades Morales. Supo que su pupilo tenía la posibilidad de obtener el triunfo en las elecciones y, tal vez por ello, decidió mantenerse lejos del proceso a sabiendas de que lo tacharían de traidor al PRI. Pero no lo fue porque nunca operó a favor de Moreno Valle. Sin embargo, para algunos sí lo es debido a que Rafael se manejó de acuerdo con la estrategia que le aprendió a él, su maestro, aprovechando además los espacios que de manera casual o a propósito le dejaron libres.
Melquiades pareció cómplice de la derrota del PRI. Lo que ocurrió es que él se aisló, supongo, inspirado en sus afectos generacionales, teoría ésta que podría ser válida si se tomaran en cuenta las pruebas circunstanciales. ¿Cuáles? Pues, por ejemplo, el no haber aplicado para su beneficio todas las mañas y destrezas para derrotar a Rafael. Y esto, que conste, lo dicen quienes saben que Melquiades es uno de los expertos nacionales en el manejo de elecciones.
En fin, lo que parece la primera parte de una novela política, trama donde se cumple el sueño del hombre que hace cuatro décadas concibió el destino de su nieto, no es mas que una muestra del pragmatismo que ha suplido al compromiso ideológico; la prueba de que el hombre es él y su circunstancia, en este caso la que sin querer o conscientemente planteó el general y doctor Rafael Moreno Valle.
Para concluir le comparto dos preguntas:
Una: ¿el gobernador seguirá el ejemplo de su abuelo?
Otra: ¿hará lo mismo que Melquiades?
Ojalá que no y que para evitarlo Moreno Valle Rosas logre reinventarse.
Nota al margen
Pasados los años podemos constatar que Rafael no se reinventó, que siguió el ejemplo de su abuelo, y que hoy es un gobernante alejado del pueblo al cual ve con los ojos de los déspotas ilustrados del siglo XVIII, en el mejor de los casos.
Nota bene
Lo que acaba de leer es parte de mi libro La Puebla variopinta, conspiración del poder, obra en proceso de impresión.
@replicaalex
acmanjarrez@hotmail.com

