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Las Ambiciones de Mario, el Rector.

Mario quiere ser Senador… yo también.

La Universidad Autónoma de San Luis Potosí es su plataforma.

Por Armando Pazos

La Universidad Autónoma de San Luis potosí, con el tiempo ha ido acumulando un apreciado prestigio social. El trabajo de sus académicos, científicos e investigadores le ha permitido consolidar el reconocimiento de los potosinos. Es una institución respetable en la comunidad. Muchos de sus egresados han contribuido a fortalecer su buena fama pública.

La buena imagen en la percepción ciudadana de la institución educativa ha despertado en sus administradores, los rectores, la ambición de trascender en otros cargos públicos, particularmente en puestos de elección popular. Algunos por iniciativa propia otros tentados por el poder en turno para aprovechar el crédito ganado en la docencia o en sus trayectorias profesionales para ganancia partidista.

Desde la Universidad se gestaron grupos políticos que resistieron los cacicazgos.  En la década de los cincuenta desde la rectoría de la UASLP se organizaron movimientos de lucha civil que, independientemente de su posición ideológica, encontraron un fuerte respaldo de amplios sectores sociales, particularmente en la capital del estado, que se oponían al autoritarismo de la época.

A partir de los años setenta los rectores en turno tuvieron una clara inclinación por buscar ser representantes populares por el PRI. En ese caso estuvieron Guillermo Medina de los Santos; Roberto Leyva Torres y Guillermo Delgado Robles. Al margen de sus resultados electorales tienen en común haber saltado de la rectoría a la política activa. Años antes varios rectores fueron referentes políticos importantes en el desarrollo político y social de la entidad como el doctor Manuel Nava Martínez, el licenciado Antonio Rosillo Pacheco y el doctor Jesús N. Noyola.

Desde principios del siglo XX, en su etapa de Instituto Científico y Literario, la  Universidad Autónoma de San Luis Potosí ha sido dirigida por 25 rectores. Inicia en 1923 el doctor Juan H. Sánchez y pasaron por ella en condición de Directores del Instituto o rectores, personajes que destacaron en la vida académica o en su profesión como serían los arriba citados además de León Moctezuma Barragán; Ignacio Ramírez Arriaga; Vicente Gómez Sologuren; doctor Ignacio Morones Prieto; doctor Augusto Díaz Infante; y los ya referidos Manuel Nava Martínez e Ignacio Rosillo Pacheco entre otros de perfil académico similar.

A excepción del actual rector, todos los anteriores arribaron a la conducción de la Universidad con un prestigio consolidado. Antes de ser rectores gozaban de algún  reconocimiento por sus actividades  en la vida profesional o académica. De manera natural algunos con  más y otros con menos méritos, pero en lo general ya destacaban en la comunidad universitaria al tiempo de ser electos rectores.

De los 25 rectores, desde 1923 –en que se elige por primera vez al rector- con el doctor juan H. Sánchez, han pasado por el cargo 9 doctores (médicos), 11 abogados, 4 ingenieros y un profesor. 7 de ellos han sido reelectos para  otro período; algunos fueron interinos (2) y hasta hubo un momento en 1958 –época de conflictos políticos- dos rectores al mismo tiempo: uno nombrado por la Junta Directiva, Rosillo Pacheco y otro por la Suprema Junta de Gobierno, Manuel Moreno Rodríguez.

Establecidos estos referentes se puede afirmar que de los 25 rectores de la UASLP, el último, Mario García Valdez, es una excepción: Llega al cargo sin mérito alguno. Fuera de que haya sido secretario general del rectorado de Jaime Valle Méndez, no tuvo antes –ni la tiene ahora- carrera docente, ni de investigación  o actividad académica. Se desenvolvió en los oscuros pasillos de la burocracia universitaria en medio de las ingenuas e inocuas intrigas estudiantiles. Jaime Valle lo sentó en el cargo.

Personaje de misérrimo  nivel intelectual,  García Valdez,  ha sobrevivido al frente de la UASLP porque la institución camina sola. El más gris de los actuales funcionarios  de nuestra alma mater podría superar el desempeño del rector en funciones. Cualquiera dotado del mínimo de coeficiente intelectual sería rector en las condiciones prevalecientes en la Universidad.  A este criterio responde que Mario García se haya inclinado en la sucesión de su cargo por un directivo que lo supera en su medianía.

Inculto, sin talla y presencia política, es ambicioso; medró de la universidad. El cargo lo ha vestido; pero toga y birrete le quedan grandes. Convencido de que es un notable busca dar el salto a otros niveles como el Senado de la República.  Se ve asimismo con vena para tareas superiores. El poder unipersonal ejercido en las aguas mansas de la Universidad lo ofusca. Lo confunde. Cree que él prestigia la universidad, no que es al revés.

Afanosamente busca otro cargo. Ser Senador no es mala idea, piensa.  Lo buscó desde antes de las elecciones que pusieron a Toranzo en la gubernatura.  Pactó con Alejandro Zapata Perogordo seguro de que sería el  gobernador. Se la jugó con el PAN. Encarrilado en el proyecto azul aseguró el padrinazgo de Josefina Vázquez Mota. De la mano de la aspirante a candidata presidencial arribó a la presidencia del Consejo Nacional de Asociación Nacional de Universidades e Institutos de Enseñanza Superior (ANUIES), y  ocurrió porque la plaza estaba vacante. Entre los quince miembros de dicho Consejo Nacional –donde los master y doctorados hacen mayoría absoluta- a García Valdez solo lo respaldó la influencia política de Vázquez Mota. Huérfano de títulos o méritos académicos le bastó el apoyo de su madrina.

Ante el naufragio de su proyecto con el PAN, Mario García Valdez, reacomodó su estrategia: buscar el alto cargo de elección popular por el PRI. Mandó señales a la novel dirigencia priista en la entidad y empezó el coqueteo. Para ello no era necesario romper acuerdos con mandones en el PAN. ¿Qué tal si Josefina Vázquez Mota es finalmente candidata a la presidencia? Con eso es suficiente para colarse en la fórmula para el senado representando al estado de San Luis potosí en el pacto federal.

Aunque estulto la ambición le aconseja buscar la opción por el partido que lleva ventaja, el PRI, como dice el dicho popular… “más seguro, más marrao”. El partido de Peña Nieto parece invencible. Y si además cuenta –como él mismo asegura- con la “simpatía y el apoyo del gobernador Fernando Toranzo” que mejor… Sólo le hace falta que se hagan a un lado los experimentadospriístas que aspiran al mismo cargo: Teófilo Torres Corzo, Victoria Labastida, Horacio Sánchez y Jesús Ramírez Stabros. Fácil para el estólido.

Posiblemente la ingenuidad política del dirigente priista, Fernando Pérez Espinosa, el calolo, aliente al todavía rector -lo será hasta el 30 de abril del 2012, de ahí las ansias- a pensar que será candidato de los priístas al senado, o cuando menos a la presidencia municipal (ya entrados en los delirios) y eso explique el híper-activismo y los sudores fríos de García Valdez y de alguno de sus publicistas. Pero si el PRI le cerrara las puertas… tocaría nuevamente las del PAN.

Quizá con el apoyo de Alejandro Zapata, con el respaldo de Josefina Vázquez Mota, logre colarse en las propuestas panistas y desplazar a los grandulones y batería pesada  del azul como Octavio Pedroza, Juan pablo Escobar, Paco Salazar, Pedro Pablo Cepeda, Sonia Mendoza y al mismo dirigente panista en el estado Marco Gama que dispone  de un buen palmarés. Para el sensato no parece tarea sencilla.

Pero para qué devanarse los sesos, si Mario García Valdez quiere ser candidato a cualquiera de los cargos que estarán en juego el año siguiente le queda la opción del PRD. Son tan escasos los cuadros del partido amarillo en San Luis Potosí, que sería un hecho que le concedan el honor de representarlos en la elección del 2012. Con independencia de quién sea su candidato a la presidencia, López Obrador o Marcelo Ebrard, el rector tendría segura la candidatura que tanto ambiciona.El PRD podría aceptar un cheque sin fondos.

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