Dicen que los elefantes tienen memoria prodigiosa; éste, además, era de color rosa púrpura.
Sus orejas no eran comunes, que va, tenían unos círculos amarillos canario y por la noche se tornaban en aros luminosos que resplandecían a su paso.
Así que el día que nació, la familia hizo una rueda para observarlo detenidamente.
El mas anciano de la tribu se acercó con cautela y con su larga trompa le dio unas volteretas para asegurarse que efectivamente fuera de los suyos.
El pequeñín apenas y pudo ponerse en pie y comenzó a balancearse, algunos se abrieron paso por temor, otros por curiosidad y la mayoría por no saber qué hacer.
Cuando llegaron los cazadores simplemente no pudieron disparar ¡¿Quién querría matar a un elefante rosa púrpura?!
Al llegar a edad adulta, la familia se concentró en deliberar si sería prudente continuara la travesía con ellos. Estaban por adentrarse a las épocas de sequía y no sería fácil pasar desapercibidos.

Una tarde, al regresar de una caminata, encontró todos los elefantes con las orejas amarradas y los ojos bien apretados.
Le impidieron el paso y sin diplomacia alguna lo excluyeron para siempre.
Esa noche quedaría grabada en su memoria, se sentó en una enorme piedra y las lágrimas rodaron una a una.
Se alejó sin mirar ni sola vez brillando por el sendero.
Caminó 400 días y polvoriento y cansado llegó a un estanque; al acercarse a beber agua, observó un cocodrilo azul cielo, flores de piedra e hipopótamos rojos,
Jirafas moradas y pasto naranja.
Un león azul turquesa y un leopardo con manchas verde limón.
Caray pensó- y yo preocupándome por orejas rosas.
Se fue esbozando una gran sonrisa…
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MAYRA EVANGELINA DÍAZ LARA / Cuéntame un Cuento Mayra / San Luis Potosí, S.L.P. / Marzo 15 de 2026.

En total, los participantes completaron 66 kilómetros de velocidad pura, en una competencia que puso a prueba la habilidad, resistencia y estrategia de los equipos en los caminos del estado.














