La certidumbre jurídica no es un lujo decorativo para el comercio exterior, es el cimiento sobre el cual se construyen las cadenas de suministro que hoy sostienen a Norteamérica. Sin embargo, al acercarnos a la revisión crucial del T-MEC en julio de 2026, el panorama se ensombrece por un factor que los mercados detestan por encima de los aranceles: la falta de claridad en la aplicación de la ley.
Un arbitraje bajo sospecha
El espíritu del tratado de 2020 buscaba modernizar las reglas de convivencia entre México, Estados Unidos y Canadá. No obstante, las recientes tensiones no solo giran en torno a cuotas de acero o reglas de origen automotriz. El verdadero «elefante en la habitación» es la percepción de que las reglas del juego pueden cambiar unilateralmente.
- Disputas sin resolver: Casos emblemáticos como el del maíz transgénico y las políticas energéticas han puesto a prueba los mecanismos de solución de controversias del Capítulo 31. La demora en acatar fallos o la ambigüedad en su implementación envían un mensaje peligroso: la ley es negociable.
- La «Cuestión China»: Washington ha sido enfático en que México no puede ser una «puerta trasera» para inversiones estatales chinas. La falta de un marco legal robusto y transparente que regule estas inversiones pone en riesgo la renovación automática del tratado por otros 16 años.
El costo de la incertidumbre
Si para este verano los tres países no logran un consenso sobre la extensión del acuerdo, se activará un mecanismo de revisiones anuales obligatorias. Esto no es simplemente un trámite burocrático; es una sentencia de inestabilidad que:
- Frena el nearshoring: Las empresas no trasladan sus plantas para un horizonte de 12 meses, sino de décadas.
- Encarece el crédito: El riesgo país aumenta cuando las reglas operativas dependen del humor político de turno.
- Debilita la postura negociadora: Un país que no garantiza la aplicación uniforme de su propia ley llega a la mesa con una mano atada a la espalda.
Hacia una aplicación ciega de la norma penal para que el T-MEC sobreviva como el motor de crecimiento que prometió ser, México debe transitar de la «voluntad política» a la rigidez institucional. No basta con tener un tratado moderno si los tribunales y las agencias regulatorias operan bajo criterios opacos.
La revisión de 2026 es, en el fondo, un examen de confianza. Estados Unidos y Canadá no solo evaluarán el déficit comercial o los flujos migratorios; evaluarán si en México la ley se aplica para todos, o si sigue siendo una herramienta discrecional. Sin claridad legal, no hay tratado que aguante, y sin tratado, el futuro económico de la región entra en territorio desconocido.
¿Te gustaría que profundizara en algún sector específico de esta columna, como el impacto en las reformas fiscales o las metas corporativas actuales?
@jaimechalita
JAIME CHALITA ZARUR / Espacio de Reflexión / San Luis Potosí, S.L.P. / Mayo 3 de 2026.

