SOBREVIVIMOS A LO QUE PENSÁBAMOS QUE NO SOPORTARÍAMOS
Esta Noche buena, y esta Navidad llegaron a su fin junto con el 2025 que se ha cerrado como un libro que ya ha sido leído con lágrimas, risas, silencios y aprendizajes. No todas las páginas fueron fáciles, y quizá algunas hubiéramos querido saltarlas. Sin embargo, cada capítulo tuvo sentido, incluso aquellos que dolieron más de lo esperado. Vale la pena detenernos y mirar atrás no con culpa, sino con gratitud. Sobrevivimos a lo que pensábamos que no soportaríamos. Seguimos caminando aun cuando las fuerzas eran escasas. Y eso ya es una victoria.
TAL VEZ 2025 NO CUMPLIÓ TODAS LAS EXPECTATIVAS
Hubo puertas que no se abrieron, personas que se fueron, planes que cambiaron. Pero también hubo protecciones invisibles, desvíos necesarios y lecciones que hoy nos hacen más fuertes, más humanos y más sabios. Si algo quedó pendiente, entrégalo a Dios sin miedo. Si algo dolió, suéltalo con compasión. Si algo floreció, agradécelo con humildad. El 2025 se fue, pero no se lleva la esperanza.
LO MEJOR NO SIEMPRE LLEGA RÁPIDO, PERO LLEGA A TIEMPO
Y mientras haya un nuevo amanecer, hay nuevas oportunidades, nuevas fuerzas y nuevas misericordias. *Camina hacia el nuevo año ligero de cargas y lleno de fe.* Lo que viene no es una repetición: es una posibilidad. *“Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta…” (Filipenses 3:13–14)* Cerremos este año en paz… y abramos el próximo con esperanza, confiados en Dios.
EL 2025 LLEGÓ A SU FINAL
2025 no hizo escandalo al irse, porque lo verdaderamente bueno e importante se quedó dentro de nosotros. Se fue un año que nos puso a prueba, que nos enseñó a resistir, a soltar, y a confiar incluso cuando no entendíamos el camino, nos recordó algo esencial: que la salud es la mayor riqueza que podemos tener y que cuando la cuidamos, todo lo demás encuentra su lugar.
EL 2025 TAMBIÉN NOS ENSEÑÓ
Aprendimos que la fe en Dios no es un refugio débil, es una fuerza silenciosa que nos sostiene cuando todo tiembla. Hoy no despedimos sólo un año, despedimos carga, miedos y culpas que no merecen acompañarnos. Y entonces llega el 2026, no como una promesa vacía, sino como una oportunidad de vivir con más conciencia, más paz y más propósito.
NUESTRA SALUD EN 2026
Que el 2026 nos encuentre con salud, con fe firme, con amor sincero y con el valor de seguir adelante. No pedimos un año perfecto. Pedimos un año con Dios y eso lo cambia todo. Bienvenido 2026, allá vamos con todo. La fe no solo hace que las cosas sean fáciles, hace que las cosas ocurran. (Lucas 1:37) No lo olvides, las palabras convencen, pero el ejemplo arrastra. Dios, siempre puede más.
QUIERO DESEARTE QUE SEAS PRÓSPERO
Ahora que las luces y todos los festejos y todo lo que implica el comienzo de un año nuevo se acabaron, los ruidos, el festejo. Quiero desearte que seas próspero, no solo en lo económico, seas próspero en la familia, en las relaciones, en lo espiritual, que la paz de Dios este sobre tú vida, que su Amor te inunde, que su Gracia te sobre abunde, en todas las áreas de tú vida. Que aquéllas metas que te planteaste el año pasado y no pudiste alcanzarlas, este año las puedas hacer y que sea un año para alcanzar metas, conseguir logros y trazar nuevos comienzos y nuevas metas.
DESEO QUE LAS RELACIONES SEAN FORTALECIDAS EN TU VIDA
Que esa junta, que siempre estaba por hacerse, que no se pudo hacer se pueda dar, que ese café que prometiste darte, tomarte con un amigo, con una amiga, visitar a la familia, a los abuelos, a los padres, a los primos, a los hijos a los nietos, que por una cosa o por otra no se dio, que podamos tomarnos el tiempo para poder hacerlo también. Por eso deseo que las relaciones sean fortalecidas en tu vida, todas las relaciones que sean hagan fuertes, y que nos permita seguir en contacto y que Dios nos llene de todo aquello de lo que necesitamos, y que sobre todo que te libres de todo mal. Feliz año 2026.
LLEGAMOS A UNA BELLA EDAD DONDE EL AÑO NUEVO NOS BRINDA NUEVAS ETAPAS
Este Año Nuevo no se trata de perseguir lo que sigue. Se trata de celebrar lo que ya es, los años que me han formado, las lecciones que me han suavizado, el amor que nunca me ha abandonado. Llegamos a una bella edad, donde las celebraciones se ven diferentes. Son más tranquilas. Más lentas. Permanecen en las risas con rostros conocidos, en una taza de té caliente mientras sale el sol, en un momento de calma que se siente como hogar.
ESTE AÑO NO HAGO PROPÓSITOS PARA CAMBIARLO TODO
Celebro la fortaleza que no sabía que tenía, las amistades que han durado décadas,
La familia que aún logra sorprenderme con alegría. Celebro la gracia que me sostuvo en tormentas que creí no sobrevivir, y la paz que ahora descansa silenciosamente en mi corazón. Este año no hago propósitos para cambiarlo todo. Hago propósitos para apreciar más, amar plenamente, reír profundamente, respirar con libertad, y saborear la belleza de los días ordinarios.
BRINDO POR UN AÑO NUEVO QUE SE SIENTA COMO HOGAR
Llegamos a una bella edad, donde la cuenta regresiva no es hasta la medianoche, es hacia los momentos que importan, hacia los recuerdos que aún están por crearse, hacia la simple magia de estar verdaderamente vivo. Brindo por un Año Nuevo que se sienta como hogar, incluso en sus sorpresas. Salud por la vida, Llegamos a una bella edad para desearte Feliz año 2026
EL AÑO NUEVO NOS BRINDA NUEVAS ETAPAS PARA ORAR Y REZAR
Orar y rezar ¿Hay diferencia entre estas acciones? Orar y rezar parecen sinónimos, sin embargo, la forma en la que realizamos cada una conlleva grandes diferencias que podemos distinguir fácilmente. El cristiano promedio poco acostumbra a rezar y quizá, menos a orar, por eso cree que es lo mismo, sin embargo, existen algunas diferencias entre estas acciones con las que podemos distinguirlas fácilmente y que explicaremos a continuación.
¿QUÉ ES REZAR? EN PRIMER LUGAR, ES IMPORTANTE ENTENDER CADA UNO DE ESTOS TÉRMINOS.
En este sentido, cuando decimos «rezar», nos referimos a repetir de memoria algunas oraciones compuestas por la Iglesia, los santos o, en el caso del Padre nuestro por el mismo Señor Jesús (Mt 6, 9). Una manera de rezar muy eficaz es el Oficio Divino o Liturgia de las Horas. El Institutio generalis de Liturgia Horarum n° 108 dice: «Quien recita los salmos en la Liturgia de las Horas no lo hace tanto en nombre propio como en nombre de todo el Cuerpo de Cristo, e incluso en nombre de la persona del mismo Cristo».
OTRO EJEMPLO LO TENEMOS EN EL REZO DEL SANTO ROSARIO
Las coronillas, novenas, etc., que nos ayudan a pedir a Dios algún favor a través de sus santos o de manera directa a nuestro Señor Jesucristo.
También tenemos la Lectio Divina, en la que se lee la sagrada Escritura haciendo una meditación y obteniendo un propósito para aplicarlo en la vida cotidiana.
O bien, la liturgia sacramental y especialmente la santa Misa, que es una oración perfecta en la que nos presentamos enteros ante Dios y repetimos algunas fórmulas que la Iglesia ha compuesto y que nos ayudan a participar plenamente del misterio que celebramos. Estos casos antes mencionados son parte de la enorme riqueza de devociones y oración que tenemos en la Iglesia y que nos ayudan a avanzar espiritualmente.
¿QUÉ ES LA ORACIÓN? ORACIÓN OFICIAL DE LA IGLESIA Y LAS ORACIONES APRENDIDAS DE MEMORIA
Hasta este momento hemos hablado de la oración oficial de la Iglesia, de las oraciones aprendidas de memoria y articuladas vocalmente por los cristianos, por eso explicaremos las diferencias y el modo en el que debemos ejecutar ambas acciones. Orar tiene que ver con el diálogo directo que entablamos con Dios. O como lo enseña el Catecismo de la Iglesia Católica:
«Una relación viviente y personal con Dios vivo y verdadero. Esta relación es la oración» (CEC 2558). Y para que se dé esta relación es importante abrirse a Dios y dirigirse a Él con confianza y humildad. No es necesario usar palabras rebuscadas, lo más importante es la actitud del que ora.
ASÍ LO SENTÍA SANTA TERESA DEL NIÑO JESÚS:
«Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como en la alegría» (CEC 2558). Lo que brota del corazón llegará a Dios y Él nos dará lo que necesitemos. Por eso, tanto para rezar como para orar será indispensable estar dispuestos a entregarnos por completo al diálogo con humildad y confianza, como dice el Catecismo: «La humildad es la base de la oración» (CEC 2559).
Ya sea con nuestras propias palabras o con palabras prestadas, ya que el Espíritu Santo es el que nos inspira este Don, pero nunca perdamos nuestra relación con Dios. (Aleteia)
La fe no solo hace que las cosas sean fáciles, hace que las cosas ocurran. (Lucas 1:37) No lo olvides, las palabras convencen, pero el ejemplo arrastra. Dios, siempre puede más.
Monterrey, Nuevo León. México
Enero 5, 2026
Dr. H.C. Mtro. QFB. Fernando De la Fuente García.
ENTRE GRIEGOS Y TROYANOS.
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“EL 2025 SE FUE, PERO NO SE LLEVA LA ESPERANZA”

