- ** Cuando las buenas propuestas se enredan.
- ** Entre todos, la familia.
- ** ¿Por qué importa la reflexión masculina?
Este mes naranja, ese color que debería encender las alarmas y el compromiso, parece a veces más un filtro que un grito real. Porque no basta con poner listones y campañas; hace falta acción estructural, reflexión profunda, un cambio que parta desde adentro de la familia… y de los hombres.
La reciente proposición de punto de acuerdo, presentada por el diputado Alfredo Femat Bañuelos y la diputada Renata Libertad Ávila Valadez, para exhortar a las dependencias del gobierno de Zacatecas a incorporar espacios de reflexión masculina en el mes naranja, es precisamente un paso en esa dirección. No es una ocurrencia de adolescentes soñadores. Es una demanda seria: promover masculinidades positivas, corresponsabilidad y, dicho de una vez, que los hombres aporten de verdad a la erradicación de la violencia contra las mujeres.
Pero aquí viene el “detalle”: cuando preguntamos, qué pasará ahora que la propuesta está ya en la Legislatura, el calendario habla con voz baja… y con eco. La respuesta —amable, fundamentada y muy segura— vino desde la oficina del diputado Alfredo Femat: “Probablemente se le dé seguimiento hasta el próximo año”, dijo su asistente. Eso, traducido con brutal honestidad, quiere decir que la intención —buena, legítima— corre el riesgo de quedar en un cajón largo y polvoriento.
Y sí, no es la primera vez que algo así ocurre. El trabajo legislativo, muchas veces, tiene la velocidad de una tortuga vieja: avanza, pero apenas si se nota que se mueve, mientras afuera hay familias que no pueden esperar.
¿Por qué importa que la reflexión masculina no se quede en el discurso?
Desde un punto de vista psicológico, el cambio de mentalidad no es sólo un asunto cultural, sino interpersonal y familiar. Si los hombres no reciben espacios para repensar sus roles —no como proveedores ni como “jefes”, sino como compañeros responsables y respetuosos—, difícilmente se transformará la raíz de la violencia familiar. La familia no se construye solo con políticas de protección: se construye desde la corresponsabilidad, la escucha y la transformación interior.
Además, el hecho de que esa proposición esté dirigida por dos legisladores del Partido del Trabajo habla también de una sensibilidad política que va más allá de la cuota simbólica. No es solo “hacer algo para salir en la foto naranja”; es pedir un cambio real, institucional.
Pero, ¿por qué tanto retraso?
Algunos podrían argumentar que la Legislatura tiene muchos pendientes: presupuestos, otras iniciativas, comisiones, comiditas y discursos. Y tendrían razón, en parte: el poder legislativo no es un tren bala, sino una red de ruedas, engranajes y burocracia. Pero esa misma lentitud puede inadvertidamente legitimar la pasividad: si una proposición tan urgente espera meses para ser atendida, ¿cómo confiar en que el compromiso de “mes naranja” no será solo simbólico?
Peor aún: esta dilación puede socavar la moral de quienes proponen, porque no basta con buenas ideas; hacen falta tiempos, acción concreta, recursos para habilitar esos “espacios de reflexión masculina”. Si no se da seguimiento, si no se institucionaliza, todo puede quedar en palabras bonitas y discursos de tribuna.
¿Qué deben hacer los actores institucionales y sociales ahora?
- Presionar desde la sociedad civil: Organismos, colectivos y medios (como LA BRECHA) deben hacer seguimiento público para que la proposición no se quede en un “posiblemente el próximo año”.
- Exigir un plan claro: No basta con pedir espacios de reflexión; se debe preguntar cómo se van a organizar, qué metodología tendrán, quiénes los van a dirigir, qué presupuesto se asignará.
- Involucrar a las universidades y expertos: Psicólogos, sociólogos, educadores de género pueden diseñar talleres serios para hombres, no solo conferencias simbólicas.
- Monitoreo ciudadano: Crear un mecanismo de rendición de cuentas para los espacios que se creen: que haya reportes públicos, evidencia de participación, impacto.
Una familia más fuerte, un “nosotros” verdaderamente conjunto
Al final, la lucha contra la violencia no puede quedarse en campañas de redes ni en encendidos nocturnos de edificios. La familia —ese núcleo fundamental para el tejido social— necesita un “nosotros” más consciente. Un nosotros en el que los hombres no vean la corresponsabilidad como una renuncia, sino como un acto de fuerza, para edificar, no destruir.
Si el Congreso de Zacatecas quiere ser serio con el mes naranja, no debe dejar esta proposición languidecer. Porque la familia —entendida como comunidad, como proyecto compartido— merece más que frases bonitas: merece acción, tiempo, transformación.
Y si no, bueno, entonces tendremos que aceptar que algunos escaños son más cómodos para los “infiernitos legislativos” que para el cambio verdadero.
Tres para ti Doc.
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VÍCTOR HUGO GARCÍA / Tercera Fuerza / Zacatecas, Zac. / 20 / noviembre / 2025.

