- ** El cuerpo no debe ser reprimido ni controlado por la familia.
- ** ¿Los niños pueden elegir su sexo a una edad tan temprana?
- ** La batalla cultural se libra en el terreno de las ideas.
- ** ¿Quién debe guiar a nuestros hijos en la construcción de su identidad?
En el mundo editorial infantil, pocos materiales generan tanto debate como Láminas de diálogo, un libro diseñado para primer año de preescolar que, bajo el paraguas de la “pedagogía progresista”, introduce a niños de apenas tres o cuatro años en discusiones sobre el cuerpo, la identidad y el género.
Su propuesta es explícita: el cuerpo no debe ser reprimido ni controlado por la familia, la escuela o la Iglesia. Desde esta óptica, se reivindica la libre exploración física y emocional como parte esencial del desarrollo, incorporando nociones tomadas de la teoría queer, un marco político y filosófico que desafía las normas de género y la orientación sexual impuestas por la cultura tradicional.
A primera vista, podría parecer un gesto de apertura y respeto por la diversidad. Sin embargo, en la práctica, se traduce en una intervención directa en áreas que históricamente han correspondido a la intimidad del hogar. Al promover la idea de que los niños pueden elegir su sexo a una edad tan temprana, el libro cuestiona de raíz el papel de los padres como formadores primarios de la identidad de sus hijos.
La pedagogía progresista que respalda este enfoque tiene raíces respetables —Paulo Freire, María Montessori—, pero en Láminas de diálogo aparece filtrada por un activismo ideológico que excede la simple libertad educativa. Autores como Agustín Laje advierten que “la batalla cultural se libra en el terreno de las ideas, y en la educación infantil se plantan las semillas de la sociedad futura”. Por su parte, Alejandro Ordóñez Maldonado sostiene que “la defensa de la familia es, en esencia, la defensa de la patria”.
El asunto se vuelve más delicado cuando se incorpora el concepto de “placer” como parte del desarrollo humano en estas edades. Aunque en el campo académico se argumenta que el placer puede referirse a experiencias sensoriales y afectivas sanas, el riesgo de que se difuminen los límites entre educación y exposición prematura es real. Michel Foucault ya advertía que “el sexo es objeto de un dispositivo de saber y de poder que, al hablar de él, lo produce y lo controla”.
En contraposición, la pedagogía clásica, representada en español por Víctor García Hoz, subraya que “la educación debe dirigirse al desarrollo armónico de la persona, respetando los ritmos y etapas naturales”. En esta visión, la masculinidad y la feminidad no son moldes opresivos, sino referentes estables para la formación.
El debate no se da en el vacío. Recientemente, el Congreso del Estado de Zacatecas exhortó a las Secretarías de Salud y de Educación a implementar programas para prevenir embarazos adolescentes, reconociendo que la sexualización temprana sin guía familiar puede ser un factor de riesgo. Si en el discurso escolar se adelantan conversaciones sobre sexualidad e identidad sin un marco claro y protector, es posible que los objetivos de prevención terminen contradiciéndose.
Comparativa: Pedagogía progresista vs. Pedagogía tradicional
| Aspecto | Pedagogía progresista (Láminas de diálogo) | Pedagogía tradicional (enfoque familiar y clásico) |
| Visión del cuerpo | Libre de represión; expresión física autónoma desde edades tempranas. | Respeto y cuidado, con límites definidos por la familia. |
| Identidad de género | Puede explorarse y definirse desde la infancia, sin esperar madurez. | Reconocimiento gradual, guiado por referentes familiares. |
| Rol de la familia | Secundario frente al papel del educador y el niño como protagonista. | Central en la formación de valores e identidad. |
| Placer en desarrollo | Reconocimiento del placer como parte del aprendizaje integral. | Introducción prudente y acorde a la edad y madurez. |
| Objetivo educativo | Autonomía plena y cuestionamiento de normas tradicionales. | Transmisión de valores y preparación para la vida adulta estable. |
Conclusión
Estamos frente a una disyuntiva cultural: permitir que desde el aula se propongan modelos de identidad desligados de toda tradición familiar, o salvaguardar la función orientadora de los padres y los referentes de masculinidad y feminidad que han estructurado nuestra civilización.
En un tiempo donde la batalla por la masculinidad y el sentido de comunidad está más viva que nunca, la pregunta es: ¿quién debe guiar a nuestros hijos en la construcción de su identidad? Si la respuesta se da sin la voz de la familia, corremos el riesgo de que la escuela deje de educar y empiece a ideologizar.
Tres para ti Doc.
Facebook: Víctor De LA Brecha
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VICTOR HUGO GARCÍA / Tercera Fuerza / Zacatecas, Zac. / 07/ agosto/ 2025.

