En un artículo anterior hablé de un gran orador griego, Demóstenes y ahora me toca hacerlo de un gran poeta épico griego, Homero, quien, según la tradición, era un hombre humilde y ciego.
Era la época en que comenzaba el racionalismo, con Heráclito se perdió la fe en los misterios morales e inició la era de los grandes principios intelectuales.
La Iliada, que narra la historia de la guerra de Atenas contra Troya y la gran participación de Aquiles, magnífico mariscal ateniense, y La Odisea, que describe el regreso de Ulises a la isla de Itaca, donde era rey, un viaje que duró 10 años, y la paciente espera de su esposa Penélope.
Homero, que es el autor de ambas obras, es el padre del racionalismo teológico que iría creciendo e implantándose en Grecia con el pasar de los siglos.
Con este autor se despide lo divino del mundo humano, se divide la historia de la humanidad en dos, y en este primer momento de división, de una operación quirúrgica dolorosa, cual ninguna otra, es cuando mas sintió el hombre un dolor que después se apaciguó: el de ser simplemente humano.
En la Iliada se habla de la belleza y escribe Homero «la belleza causa remota y primera.
La bella Helena causa próxima y primera.
Las bellas Griseida y Briseida causan inmediata y secundarias».
La Odisea es el libro mas antiguo que vale la pena leer y es la primera novela de Europa o sea del mundo occidental.
Vale no olvidar a Homero, porque aún con su grave limitación dejó una huella imborrable que ha perdurado desde el siglo VII A.C. hasta nuestros días.
DANIEL SERRANO / Desde mi Trinchera / San Luis Potosí, S.L.P. / Junio 5 de 2025.

