
La historia que viene a continuación ya la contamos una vez antes, hace cosa de cinco o seis años. Su reiteración se justifica y se hace necesaria porque ilustra un estilo caciquil y torcido de hacer política aplicado en Soledad de Graciano Sánchez, mismo que ahora busca repetirse en esta capital.
El protagonista es el actual diputado federal por el PVEM Gilberto Hernández Villafuerte, quien asumió la presidencia municipal de Soledad en octubre del 2015, en relevo del hoy diputado local José Luis “El Chiquis Fernández”, quien a su vez meses antes la ocupó en sustitución de Ricardo Gallardo Cardona, cuando éste fue encarcelado por la policía federal en enero de ese año.
Al iniciar su mandato, Hernández Villafuerte recibió órdenes de su jefe político, Gallardo Cardona, para que su chofer (de Gallardo) Ignacio Segura Morquecho fuera designado secretario particular (de Hernández Villafuerte). Obediente como siempre ha sido, acató y cumplió la instrucción.
Lo que a continuación se produjo, y muchos soledenses y capitalinos lo atestiguaron, fue un sometimiento y manipulación humillantes del alcalde del segundo municipio en población e importancia económica de la entidad.
Con su escritorio estratégicamente ubicado a la entrada del despacho del alcalde, Segura Morquecho interrogaba a todos los solicitantes de audiencia sobre la naturaleza de su asunto. Si las respuestas eran del tipo “vengo a denunciar que hace semanas no pasa el camión de la basura” o “se fundió la lámpara del alumbrado público y no han ido a cambiarla”, la respuesta de innoble secretario particular invariablemente era “pásele”.
Pero si el tema que se le quería exponer al sometido alcalde tenía que ver con autorizaciones de fraccionamientos, cambios de uso de suelo, permisos de construcción o temas similares, entonces la indicación de Nachito, era “vaya a ver al jefe”, si el interesado no la pescaba al vuelo, entonces le explicaba que el verdadero jefe se llamaba Ricardo Gallardo Cardona y despachaba a unas cuadras del Palacio Municipal, en sus oficinas particulares porque no tenía ningún cargo oficial.
La primera vez que escuché la historia me resultó difícil de creer, pero tampoco la eché al cesto de la basura. Luego de algunas indagaciones encontré un par de confirmaciones. La publiqué cuando supe que un viejo amigo mío que se proponía construir un conjunto de inmuebles de buen tamaño para usos comerciales en Soledad, había iniciado gestiones con Hernández Villafuerte. Cuando le pregunté si era cierto lo que se decía, me lo confirmó plenamente. Con el añadido de que él, mi amigo, se negó a ir a ver a Gallardo Cardona e insistió en tener audiencia con el alcalde de mentiritas. Cuando estuvo a solas con él, Hernández Villafuerte le agradeció que lo tomara en cuenta, pero le dejó claro que si quería que su proyecto inmobiliario avanzara, tenía que ir a negociarlo directamente con RGC.
La repetición de esta historia me pareció oportuna y pertinente porque ante la escasez de mejores cuadros, súbitamente el gobernador Gallardo Cardona incluyó en la lista de prospectos de su partido el Verde y eventualmente de la alianza con Morena y el PT, a Hernández Villafuerte para alcalde del municipio de la capital. ¿Así de plano? ¿Ningún recato para insultar a los potosinos de la capital?
La promoción del exalcalde soledense por parte de Gallardo Cardona deriva de que las mejores cartas de éste fueron dejando en claro que no les interesa esa candidatura o que preferirían jugarla con las siglas de Morena. Es el caso de Juan Carlos Valladares Eichelmann, quien creo conoce bien la historia de Hernández Villafuerte y tiene claro que no es quien es para que lo valoren menos que un cacahuate. También sería el caso de Leonel Serrato Sánchez, que podría negociar y pactar con el gallardismo pero no someterse ni humillarse.
Consecuencia de esa misma escasez, hace días se filtró la posibilidad de que el Verde postulara para la alcaldía capitalina -aún no está claro si irá en alianza con Morena- a la expanista de muy larga data Sonia Mendoza, versión que ayer tomó fuerza.
Escribo sin certeza sobre la participación en esta jugada de la matehualense. De lo que sí estoy absolutamente convencido es de que doña Sonia y Gallardo pertenecen a dos escuelas de pensamiento muy diferentes. Cualquier arreglo político entre ellos, no duraría mucho y sería un verdadero dolor de cabeza para ambos. No creo que el gobernador abdique de sus pretensiones caciquiles nomás por no molestar a Sonia, ni que ésta esté dispuesta a someterse a la humillación nomás para parecer que es sin serlo.
FRUTOS DEL MISMO ÁRBOL
La notoria escasez de cuadros competitivos del gallardismo para los principales cargos de elección popular que estarán en juego el primer domingo de junio próximo, no es un fenómeno político de generación espontánea ni designio de alguna divinidad malévola. Para servidor, este escenario tiene un origen bastante claro: en los más de dos años en el poder, Ricardo Gallardo Cardona no quiso, no supo o no pudo -para el caso es el mismo- formar cuadros propios.
Poseído de ese egocentrismo político por efectos del cual no brilla más estrella que la suya, no se escucha más voz que la propia, no hay nadie más simpático y nadie tiene mejores ideas o caballos que él, a lo largo de estos años en plenitud de poder Gallardo Cardona se desentendió de formar nuevos cuadros políticos. Tengo para mí que una de las razones para ese egoísmo es porque compartir unos milímetros del centro del escenario le produce dolores atroces.
Sería injusto decir que no hizo intento alguno, pero le falló. Es obvio que le dio mucho juego a su antiguo chofer y amigo, Nachito Segura, quien ya desde ahorita no pasará hambres nunca más ni él ni su descendencia, pero se dedicó más a la dolce vita que al trabajo efectivo y en su primera prueba importante, el plebiscito de Villa de Pozos, falló estruendosamente.
En cambio, luego de convencer con bastante insistencia a Juan Carlos Valladares Eichelmann para que aceptara incorporarse a su gabinete, muchos entendieron que era un prospecto para el futuro, básicamente para disputar a nombre del Verde la alcaldía capitalina. Por lo visto no era así. Y lo digo desde la claridad de los datos: nunca en dos años le dio oficinas (las que ocupaba antes la SEDECO las invadió Gallardo para su despacho alterno); le ha negado autorización para nombrar cuatro o cinco directores generales cuyos puestos están vacantes, le redujo el presupuesto operativo de la secretaría y, por si fuera poco, le confiscó varios cientos de millones de pesos del Fideicomiso de Desarrollo Económico (Fideco) que debería ejercerse en coordinación con el sector privado.
No deja de llamar también la atención el caso de Uñas Largas, a quien se permite auto promoverse a niveles ridículos, pero mientras se desvive informando de asuntos que no son de su competencia y ni siquiera de su buen conocimiento, el hilado fino político-electoral Gallardo se lo tiene encomendado al siniestro Héctor Serrano. Es decir, mientras Lupe se entretiene con la agenda del conflicto, las manifestaciones, las protestas, los amagos y la multiplicidad de litigios (que pierde casi todos), los arreglos políticos, los ofrecimientos de apoyos contantes y sonantes, los intentos de amarres, están desde hace meses en manos de Serrano, quien despacha en restaurantes de lujo, no se ensucia los zapatos ni se despeina un pelo.
Consecuencia de lo mismo, de esa incapacidad no sé si genética o patológica para reconocer méritos y valores en otros, Gallardo Cardona se ve ahora obligado a pisar terrenos resbaladizos, como es el del nepotismo. Visto que no creció ninguno de sus enanos para disputar las senadurías, el gobernador lanzó al ruedo a su esposa, opción que está sujeta a que se defina el género de la primera fórmula. Si resultado de las negociaciones con Morena, que en esto lleva la voz cantante, determina que sea un hombre quien encabece las nominaciones al Senado, hay quienes están convencidos de que el mandatario potosino intentaría que el candidato fuera su papá. Quedaría al desnudo. Sería algo así como confesar que fuera de su familia o sus monitos de plastilina no tiene más con qué jugar.
COMPRIMIDOS
Un poco en la misma perspectiva de lo comentado párrafos arriba, a Gallardo Cardona su árbol navideño más grande de América el año pasado se le transformó en un chupirul jorobado; este año la pista de hielo en Fundadores se convirtió en alberca para pingüinos; la iluminación burdelera de sus puentes atirantados falló a las primeras de cambio, y ahora el alumbrado del Tangamanga I también valió gorro. Para estos infortunios hay dos explicaciones: una, es el costo de tener colaboradores verdaderamente mediocres, una bola de inútiles, y dos, los moches están tan elevados que los contratistas tienen que hacer trampas para no salirle poniendo. Usted escoja.
La visita de Xóchitl Gálvez a estas tierras no fue el éxito clamoroso que muchos hubieran querido, pero tampoco un fracaso estrepitoso, como otros pronosticaban o dicen que fue. Sus eventos masivos resultaron bastante decorosos, sobre todo si se toma en cuenta la capacidad de movilización que desde hace años han perdido el PAN, el PRI y no se diga el PRD. Sin embargo, en eventos más discretos, como una cena privada en Ciudad Valles con un centenar de productores de diversos ramos, dejó muy buen sabor de boca y cierto nivel de compromiso.
Las fotografías tan empeñosamente difundidas donde aparecen derrochando afecto Claudia Sheinbaum y Ricardo Gallardo, o la de Xóchitl Gálvez con el Tecmol, son de la misma estirpe que el cambio de opinión de López Obrador, para quien los Gallardo pasaron de ser “mafiosillos” a víctimas de “la mafia del poder”. Todo esto y mucho más son expresiones del pragmatismo crudo, brutal, que estamos viviendo. Mientras dure, por lo menos de aquí a las elecciones, lo que cuenta son unas muy pocas cosas: votos y dinero. “Traes votos seguros o dinero para las compañas, arrímate. Que ayer mataste a tu abuelita a patadas e incendiaste un asilo infantil, ahí después lo vemos”.
En su fallido intento de ser candidato presidencial e imponer a su interino, a Samuel García le pasó en Nuevo León exactamente lo mismo que aquí le pasa a Gallardo Cardona: fue incapaz de reconocer los límites de su poder.
No sé ni dónde ni cómo, pero a fines de noviembre pesqué una neumonía viral que me sacó de circulación un par de semanas, pero ya estamos bien y de vuelta. Gracias.
Hasta el próximo jueves (espero).

